Cinco viajes exóticos para huir de la Navidad

Ni bufandas, ni castañas asadas, ni crepitar de la chimenea. Quienes aborrezcan el tópico de las fiestas blancas serán felices en estos destinos bañados por el sol, entre cocoteros y piña colada.

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: michal_staniewski / ISTOCK

Hawái

ferrantraite / ISTOCK

Forma parte del imaginario colectivo la estampa de esas islas cargadas de sensualidad, con bellas mujeres ataviadas con collares de flores y hombres que lucen camisas estampadas en el marco de unas playas de postal. Así pueden vivirse las fiestas en Hawái, lejos de los villancicos y las luces de colores, pero con un despliegue diferente de ritmo y color. Lo llaman celebración al estilo aloha y quienes tengan la suerte de vivirlo, coincidirán en que es inolvidable.

Arena dorada, mar cristalino y cocoteros que se balancean al compás de la brisa conforman el escenario tropical de este archipiélago que vive solitario en medio del Pacífico y que, amén de tratarse del estado más reciente de los Estados Unidos, forma parte del grupo de islas más norteño de la Polinesia.

jhorrocks / ISTOCK

Hawái es la más grande de todas, un destino evocador que también atrae por su Parque Nacional de los Volcanes, por sus acantilados de la Costa Napali o por la inolvidable experiencia de bañarse con los delfines en Hulopoe Bay. Los amantes del surf también hallarán la felicidad: especialmente en la costa norte, playas como Waimea Bay o Haleiwa se precian de tener las mejores olas del mundo.

Maldivas

michal_staniewski / ISTOCK

Difícil echar de menos la purpurina y los tacones cuando uno se halla inmerso entre exotismo tropical y naturaleza virgen. Nada más lejos de fiestas multitudinarias ofrece este rincón soñado, considerado por muchos como el cielo en la tierra. A cambio, en estas mil doscientas islas posadas sobre el Índico al sur de La India, la Navidad llegará pintada de todos los matices del azul y salpicada de motas verdes.

VitalyEdush / ISTOCK

Nada hay como la magnética visión de estos atolones en el medio de la nada, donde el lujo, materializado en sus resorts, pasa por contemplar peces multicolores bajo el suelo acristalado o incluso al recibir un masaje en un spa submarino que transparenta la vida bajo el agua. Más allá de Male, la abigarrada capital, la calma más absoluta invade todo el archipiélago, en el que se puede nadar con hasta veintiséis especies de tiburones, pasear bajo las palmeras, visitar aldeas marineras… y creerse el más afortunado Robinson Crusoe.  

Islas Fiji

Mlenny / ISTOCK

Exóticas como ningunas se presentan las fiestas en esta joya del Pacífico perdida a más de dos mil kilómetros al norte de Nueva Zelanda. Tal vez porque se trata del primer lugar del planeta en recibir el año nuevo, los habitantes de Fiji se lo toman muy en serio. Tanto, que las celebraciones pueden llegar a extenderse incluso a más de una semana.

chameleonseye / ISTOCK

Sus ingredientes: mucha comida y bebida, cantos y baile del meke, que es su danza tradicional común en los eventos especiales. Huyendo del frío, muchos viajeros se desplazan a la otra parte del mundo para unirse a esta fiesta insólita. Y ya de paso, para descubrir este archipiélago de los Mares del Sur trazado de sol, playas y barreras de coral, al que no resulta tan difícil llegar como luego querer salir. Los nombres de sus islas lo dicen todo: Mamanuca, Yasawas, Viti Levu… 

Bahamas

agustavop / ISTOCK

Su carta de presentación, como buena sucursal del edén, es un mareante laberinto de islas, con un catálogo de playas despampanantes bendecidas por aguas templadas. Así es este archipiélago del Caribe desplegado en forma de arco desde las costas de Florida. Un rincón codiciado en su día por piratas y bucaneros, y donde también la colonización británica ha dejado su huella indeleble. Hoy a su costa se arriman cruceros y yates de lujo, atraídos por las compras suntuosas que propicia su capital.

kdow / ISTOCK

Porque Nassau, emplazada en la isla de Nueva Providencia, es toda ella un duty free. También es el lugar idóneo para vivir un fin de año original: entre sus calles se celebra el Junkanoo, un célebre y colorido desfile con danzas de origen africano. Toda una ocasión para empaparse de fiesta y después saltar a Eleuthera a mitigar la resaca. En este conjunto de islas está una de las perlas de Bahamas: la Pink Sand Beach, cuyas arenas, literalmente rosadas, se deben a la sedimentación de los corales rojizos. 

Seychelles

Mlenny / ISTOCK

Un seductor ramillete de más de cien islas cargadas de exotismo aguarda en este archipiélago africano de playas acariciadas por el Índico bajo una ristra de palmeras. Su escasa población, apenas unos ochenta mil habitantes, y la sensación de hallarse en un lugar remoto, ajeno a ritmo cotidiano de la vida, propician otro estado de paz muy distinto al de los cánones navideños: el de la calidez de sus benignos 28 grados, la luminosidad de sus atardeceres y ese toque criollo que caracteriza el lugar y que se extiende a su gastronomía, su tradición y su cultura. Por cuestiones prácticas, nadie en Sheychelles se perderá la isla de Mahe, la más grande, donde se encuentra la capital, Victoria, protegida por un pico de mil metros.

TPopova / ISTOCK

Pero hay tanto que explorar que la elección es difícil. Praslin, que además de su coco de mer (una especie de semilla única que puede pesar 20 kilos) presume de albergar los mejores arenales del mundo, es una visita ineludible. Lo mismo que La Digue, famosa por sus formaciones rocosas. Aunque tal vez lo más aconsejable es perderse por sus islas menores: sus escasas estructuras y su adorable lejanía han logrado preservarlas de los estragos del turismo de masas. La Navidad aquí es sinónimo de paraíso.