Cinco planes para exprimir Puerto Rico

Playas solitarias, naturaleza rabiosa y rincones coloniales por donde se cuela la historia. Todo esto aguarda en la isla caribeña

Noelia Ferreiro
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De carácter estadounidense pero cálido corazón latino, la antigua Borinquén es un pueblo con dos almas, un puente entre dos culturas que forcejean para definir el perfil de su gente. Es también una joya de la naturaleza (reservas forestales, lagunas, selvas tupidas, cuevas...) y un paraíso bañado por el sol y acariciado por aguas de color esmeralda. Y por supuesto, un lugar donde entrar en contacto con la historia, rica y llena de matices, que asoma por los gruesos muros de sus pueblos y sus ciudades.

Estas son las grandes joyas de Puerto Rico, lo que no debes perderte en esta isla alargada y frondosa, alegre y colorida, despreocupada y bailonga:

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San Juan y su belleza urbana

Moderna y cosmopolita, la capital de Puerto Rico es un hervidero de gente en el que se agolpan restaurantes de nuevo cuño, sofisticados hoteles, casinos, tiendas, librerías, cafés y locales bulliciosos que dan brillo a una de las vidas nocturnas más animadas de todo el Caribe. Pero a la vez San Juan, donde lo trendy llega empapado del influjo estadounidense, permite un paseo por 500 años de historia. En el Viejo San Juan, el casco antiguo, se esconde uno de los conjuntos monumentales más impresionantes del Nuevo Mundo, plagado de iglesias, plazas y una serie de fortalezas perfectamente conservadas -El Morro y San Cristóbal- que le han dado el sobrenombre de la ciudad inexpugnable. Perderse por sus callejas adoquinadas en azul y flanqueadas de fachadas coloniales es una de las experiencias más agradables de esta isla.

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Las playas idílicas

El maravilloso litoral de Puerto Rico, abrazado por el Atlántico en el norte y por el Caribe en el Sur, atesora playas de arena blanca y aguas cristalinas abanicadas por los cocoteros.  Hay para dar y tomar, especialmente en Porta del Sol -costa oeste-, donde además de Buyé, La Playuela, y Boquerón, se esconden otras especialmente indicadas para el surf: Jobos, Shacks, Domes... En el este no hay que perderse Luquillo o Seven Seas ni mucho menos -sería un pecado- las indescriptibles islas de Vieques y Culebra, con sus fondos coralinos. Más allá de su belleza, no hay que desestimar el potencial de estos mares para practicar deportes acuáticos.

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El Yunque, naturaleza rabiosa

Nominado como una de las 7 Nuevas Maravillas del Mundo Natural, se trata de la gran reliquia natural de país, un bosque pluvioso donde practicar senderismo, escalada, deslizamiento... y por supuesto refrescantes baños en sus cascadas y riachuelos. Aquí la vegetación es apabullante: helechos de 20 metros, orquídeas microscópicas, bambúes, heliconias...  y la música de fondo del coquí, esa rana diminuta y de color caramelo que es el símbolo popular de Puerto Rico. Una curiosidad: fue la primera Reserva española, designada por Alfonso XII. Y una advertencia: la lluvia -a veces acompañada de espectaculares arcoíris- no falta a su cita ni un sólo día del año.

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Cavernas de Camuy, fascinación de las entrañas

Se trata de uno de los sistemas subterráneos más grandes del mundo: más de 17 kilómetros de cañones, valles, sumideros y cuevas que conforman un paisaje surrealista habitado por murciélagos -en sus profundidades se rodó el sonido de Batman Forever- y en el que las formaciones rocosas asemejan alocadas figuras: el perfil de un indio, la sonrisa de una bruja... ¿La culpa? La lluvia, que durante miles de años ha disuelto la piedra caliza en esta zona kárstica. La visita puede completarse con el enorme radiotelescopio de Arecibo, que recogió la primera foto de un asteroide.

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Bahías bioluminiscentes

Si no conoce el fenómeno de la luz marina, no sabrá que se trata de un resplandor verdeazulado que emana del agua cuando es de noche, dejando tras de sí un rastro mágico de miles de estrellas. Y tampoco que esta luz que parece extraída de la película Avatar proviene en realidad de un organismo vivo, el dinoflagelado, que permite lo que se ha llamado la bioluminiscencia. En Puerto Rico existen tres lagunas bioluminiscentes de las siete que se hallan en el mundo: Laguna Grande, en Fajardo, Bahía Mosquitos, en Vieques, y Bahía de Lajas, en la Parguera. Para disfrutarlas, nada como un paseo en kayak entre sus manglares, especialmente si no hay luna.