Cinco parajes europeos donde el otoño es un espectáculo

Para disfrutar del mágico espectáculo que nos regala esta época, nada como estos rincones naturales que se encienden de colores preciosos.

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: AzmanL / ISTOCK

La Selva Negra (Alemania)

Ni es selva ni es negra, como bien saben quienes descubren este vergel del suroeste germano, famoso por su tarta de nata y chocolate, sus relojes de cuco y, sobre todo, su escénico panorama de bosques, lagos y casas de madera al más puro estilo de los cuentos de hadas. La Selva Negra, encajada en una esquina que hace frontera con Francia y Suiza, es en realidad un Parque Nacional, uno de los más pequeños (apenas diez mil hectáreas) y de los más jóvenes (fue declarado en 2014) de toda Europa. Pero también es un rincón donde el tiempo se dilata en forma de paseos en bicicleta, siestas a la sombra de las coníferas y parada y fonda en sus pueblos, tocados por una gastronomía gourmet. Por su vegetación intrincada, sus montañas coronadas de bruma, sus cascadas y lagos glaciares y ese aire de fábula al que muchos han visto un motivo de inspiración para los Hermanos Grimm, este lugar resulta maravilloso en la estación otoñal.

Selva Negra - Alemania. | Leonid Andronov / ISTOCK

Los Tatras (Polonia)

Puede que no hayas oído hablar de ellos pero son de una belleza abrumadora. La naturaleza polaca tiene su máxima expresión en estos montes del sur tapizados de un generoso catálogo de bosques, ríos y lagos. Alcanzar sus alturas, a través de una telaraña de senderos asequibles y señalizados, permite disfrutar sobre las nubes de unas vistas fabulosas con esa magnética sensación de encontrarse en un lugar único. Además, dicen que se trata de la cordillera perfecta: majestuosa, pero segura; imponente pero accesible. Por todo ello, los Tatras constituyen un rincón remoto y salvaje que, especialmente con el despliegue cromático de esta temporada, resulta amable y atractivo para los senderistas: sus más de 300 kilómetros de caminos donde perderse propician variadas excursiones, siempre con fabulosas panorámicas.

Las Tatras - Polonia. | Shaiith / ISTOCK

Parque Nacional de Triglav (Eslovenia)

Desfiladeros, barrancos, cañones, bosques, praderas… Todo bajo el majestuoso murallón de los Alpes Julianos, en cuyos pliegues se esconden pueblos encantadores. Así es el P.N. de Triglav, la joya natural de Eslovenia. Una gigantesca reserva donde el otoño enciende miles de tonalidades que pueden ser admiradas a lo largo de numerosos senderos para recorrer a pie o en bicicleta. También, cómo no, se puede subir los 2.864 metros del Triglav, el pico más alto, que tiene un valor casi espiritual: no hay esloveno que no haya conquistado esta cima que, según la mitología eslava, es la morada de un dios. Quienes se queden con más ganas de naturaleza podrán acercarse a las estribaciones del parque, donde se extiende el impresionante valle del Soca. Por él se abre paso el río del mismo nombre con un intenso color aguamarina.

Parque Nacional De Triglav - Eslovenia | AzmanL / ISTOCK

El Tiemblo (Ávila)

Quienes no quieran apuntar tan lejos han de saber que a menos de una hora de Madrid, la Reserva Natural del Valle de las Iruelas esconde uno de los más bellos bosques de la península, famoso por el contraste de los castaños con los sotos de robles, acebos y pinos de la zona. Aquí, en este escenario bucólico, los senderos cubiertos de hojarasca y bajo la sombra de los árboles colosales, conducen a parajes increíbles. Como el que alberga el famoso Abuelo, un castaño monumental de más de 500 años, con 19 metros de altura y 16 de diámetro. Su tronco, totalmente hueco, ofrece una estampa fantasmagórica que consigue rebrotar en primavera. Cuentan los lugareños que en su interior, hace muchos años, los pastores resguardaban de la lluvia a sus rebaños de cabras.

El Tiemblo - Ávila. | LucVi / ISTOCK

Bosque de Trillemarka (Noruega)

Ajeno a la mano del hombre, la Reserva Natural de Trillemarka-Rollagsfjell es una muestra palpable de cómo eran los bosques escandinavos antes de que el ser humano llegara a habitarlos. Por eso en este rincón de Noruega la naturaleza, de manera excepcional, puede admirarse en su estado más puro. Valles sinuosos, ríos helados, lagos suspendidos en la niebla y árboles con una historia que se remonta a 600 años atrás conforman el hogar ideal para más de 93 especies animales protegidas, que dependen del equilibrio del bosque para subsistir. Un paraje donde el tiempo no sólo se ha detenido sino que sirve de ejemplo perfecto para estudiar la vida vegetal y su papel como protectora de la biodiversidad del planeta.

Bosque de Noruega. | Oleh_Slobodeniuk / ISTOCK