Cinco nombres raros para cinco pueblos encantadores

Hay pueblos cuyo nombre nos llama poderosamente la atención. Nada es lo que parece porque sus topónimos proceden de historias antiguas. He aquí cinco de ellos que jamás olvidarás.

Manuel Mateo Pérez
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Foto: jacquesvandinteren / ISTOCK

Malcocinado

Nada indica que en Malcocinado se coma peor que en otros sitios. De hecho, los restaurantes del pueblo tienen fama en la comarca y los vecinos se empeñan en recuperar recetas tradicionales que ofrecen con mucho gusto a quien llega hasta esta pequeña localidad al sur de Badajoz, en las estribaciones con Sierra Morena, próxima a Llerena. Malcocinado es un pueblo agrícola, tranquilo y pacífico de poco más de trescientos habitantes que luce uno de los nombres más originales de la región extremeña. Posee una iglesia consagrada a San Antonio de Padua y fiestas en primavera donde no falta el vino de la tierra y platos de gratísimo sabor.

Guarromán. | DCarreno / ALAMY

Guarromán

No. Guarromán no significa lo que imaginan. De hecho, Guarromán tiene una traducción bien distinta. Significa río de los Granados y es el nombre de una de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, cuya capital ostenta La Carolina, y que se halla al norte de la provincia de Jaén. Calles rectas, plazas de aliento barroco y una iglesia de estilo neoclásico para una población fundada en el último tercio del siglo XVIII por colonos procedentes de la región alemana de Baviera. Eso es Guarromán, un pueblo encantador, situado a orillas de la Autovía de Andalucía y conocido, sobre todo, por sus deliciosos hojaldres, que aquí curiosamente llaman alemanes. 

Calamocos

Hay pueblos de nombres sonoros, de nombres potentes y que rara vez olvidamos porque asociamos a nuestro lado más escatológico. Calamocos es uno de ellos. Pertenece al municipio de Castropodame y forma parte de la comarca de El Bierzo, en León. En Calamocos viven unos doscientos vecinos. Pero todo en él llama al encanto de la vida sencilla, de los días cotidianos y sin prisas. Hay un árbol en el pueblo que lo llaman árbol del amor, un denso campo de pinos cuyos troncos superan los cien años, zonas de tiernas huertas y tierras de viñedos donde se recoge una uva con la que elaborar en otoño un delicioso vino tinto. No falta ni una iglesia ni patrón conocido como San Román.

Peleas de Arriba. | Joaquin Ossorio-Castillo / ALAMY

Peleas

Hay un Peleas de Arriba y un Peleas de Abajo. Y están en Zamora, en el centro de la comarca de la Tierra del Vino. Al parecer tan original topónimo obedece a las pugnas que durante años mantuvieron moros y cristianos y cuyo campo de batalla casi siempre eran las orillas del arroyo de Valparaíso. Otros investigadores aseguran que esta zona fue durante el siglo XIX pasto de las rencillas entre bandoleros. Aunque Peleas de Abajo está más al norte que Peleas de Arriba el apellido no está equivocado: Peleas de Abajo se halla en la parte baja del curso del arroyo. De su historia de moros y cristianos, por cierto, han hecho una fiesta popular y sus iglesias merecen una pausada visita.

Adiós

La más habitual fórmula de despedida es también el nombre de un encantador pueblo situado en la merindad de Pamplona, en Navarra, en la comarca de Puente la Reina. Adiós se extiende en las faldas de la Sierra del Perdón y hay quien cree que su nombre se debe a la huida de los castellanos en su enfrentamiento con los francos allá por el siglo XIII a los que solo les quedó la posibilidad de despedirse con un seco ‘adiós’. Lo cierto, en cambio, es que el nombre pertenece a los topónimos navarros terminados en oz. En el pueblo toma asiento la iglesia de San Andrés, que es patrón de la localidad.