'Volare', 'cantare'... 'viaggiare': 5 motivos para volver a Italia

Hay cientos de miles, pero elegimos estos al azar ahora que volvemos a viajar y a enamorarnos de la ‘dolce vita’

Noelia Ferreiro
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Foto: Mike Swingunski

El arte de Florencia

El amor al arte encuentra su razón de ser en la capital de la Toscana, epítome de la luz y la armonía del Renacimiento. Nada, ni siquiera el cariz turístico, puede ensombrecer la belleza de la ciudad que llegó a abrumar a Stendhal y que fue toda una máquina de alumbrar genios como no se ha vuelto a dar en la historia.

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Florencia siempre será Miguel Ángel, Leonardo, Botticelli, Donatello y Brunelleschi. Pero también sus callejuelas medievales, sus puentes sobre un río perezoso y sus espigadas torres de piedra. Y aunque una y mil veces la hemos visto (¿o tal vez soñado?) nunca nos dejará de sorprender. Divisar la cúpula del Duomo o ver caer el sol desde el Ponte Vecchio son experiencias que confirman que la ciudad es un museo glorificado.

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La huella de Fellini

Sí, en el año en que el director de Ocho y medio hubiera cumplido un siglo de vida, conviene seguir sus pasos por la Italia que retrató como nadie. Empezando por Rímini, su ciudad natal, donde está prevista la apertura  del Museo Internacional Federico Fellini, dedicado a su vida y a su obra. 

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Pero sobre todo en Roma, donde desde el Estudio 5 de la Cinecittà (la fábrica de sueños), alumbró sus obras maestras, las que le elevaron a la categoría del cineasta más grande de la posguerraRoma, città aperta, La Strada, Las noches de Cabiriapero sobre todo, La dolce vita recogen la belleza de la capital italiana. Volver a descubrirla, con la banda sonora de Nino Rota de fondo, es una razón más que suficiente para  justificar un viaje a Italia.

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El refugio de las Islas Eolias

Alejado de  los circuitos convencionales, este archipiélago emplazado al norte de Sicilia y declarado Patrimonio de la Humanidad, cuenta con el don de lo auténtico. Lípari, Salina, Strómboli, Panarea, Vulcano, Alicudi y Filicudi permanecen ajenas al turismo masivo, pese a ser verdaderos paraísos con una atracción magnética.

Lípari, Italia | AMzPhoto / ISTOCK

Son las islas del viento (el dios Eolo les da el nombre) serenas y apacibles, que condensan las propiedades que distinguen al sur italiano: las pintorescas aldeas marineras rabiosas de azul y blanco; el árido panorama volcánico con el espectáculo de las erupciones fortuitas; las campiñas plagadas de higueras, almendros y alcaparras; el impagable favor que le hace el sol a las viñas para que éstas devuelvan después el vino de Malvasía, dulce y generoso en grados. Son una maravilla que se cuenta entre los encanto de Italia.

Stromboli, Italia | spooh / ISTOCK

La pizza napolitana

¿Puede haber algo más italiano? ¿Algo más arraigado a la cultura culinaria del país alpino y, al mismo tiempo, más difundido por todo el planeta? Sí, la pizza es el plato italiano más universal. Un bocado sencillo, barato y popular, cuyo origen humilde se sitúa en la ciudad de Nápoles, donde nació, en algún instante no definido del siglo XVII, y desde donde saltó a los más remotos rincones de la mano de la inmigración.

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Nada como comerla allí donde nació, pues será el lugar donde hallar la versión auténtica, la vera pizza napolitana, que ha de cumplir varios requisitos en cuanto a su elaboración: debe ser de bordes gruesos, con la masa tostada pero blanda (no crujiente) y con el centro acuoso e irregular, con burbujas que son efecto de la altísima temperatura (más de 400 grados) del imprescindible horno de leña. Y, por supuesto, con tomate natural y aceite de oliva.

El encanto de Cinque Terre

Hay que volver también a este rincón de la riviera italiana. A este tramo de costa escondido en la región de Liguria, al abrigo de colinas y viñedos. Hay que hacerlo porque este lugar regala uno de los parajes más bellos del país de la bota. Tanto que en 1997 fue declarado en su conjunto Patrimonio de la Humanidad.

Micolino

En realidad se trata de cinco pintorescos pueblos (Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore) encaramados sobre una ladera que se precipita hacia el mar. Pueblos con calles estrechas y porticadas, fachadas de vivos colores y una atmósfera seductora y cargada de romanticismo. Será por eso por lo que el camino que los une en el más idílico paseo se llama Vía dell Amore. ¿Hacen falta más motivos para descubrirlo?

Las casas de colores trepan sobre las rocas de Riomaggiore, uno de los pueblo más bonitos y pintorescos que forman parte de las Cinque Terre, en la costa italiana de Liguria y que es Patrimonio de la Humanidad. | wmaster890 / ISTOCK