Cinco motivos por los que amamos la ciudad de Cádiz

Aunque la lista sería infinita, aquí van una cuantas tentaciones para enamorarte (si no lo has hecho ya) de la "tacita de plata".

Noelia Ferreiro
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Una inyección de alegría asalta al pisar esta ciudad de perfil habanero y alma de bahía.  Despreocupada, guasona, profundamente libre, aquí el buen vivir se traza a base de chapuzones, pescaíto y mucho buen humor. Cádiz lo tiene todo para caer rendido a sus pies, pero esto es lo básico e imprescindible para un acercamiento inicial. Y es que el amor a primera vista se inventó entre sus playas, sus fiestas y sus barras de bar.

La Caleta y los otros arenales

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Claro. Porque estamos en verano y la playa nos tira por encima de todo. Cuatro nada menos tiene esta ciudad, aunque nos quedamos con La Caleta, en pleno casco antiguo. Pequeña, recoleta, flanqueada por los castillos de San Sebastián y Santa Catalina, su imagen es la del antiguo Balneario de la Palma, inmaculado sobre la arena. Un pabellón de influencia modernista que le otorga un aire como de otra época: la de los banquetes de la burguesía, los parasoles con volantes, los bañadores hasta las rodillas. La Caleta nos encanta por su luz, por su gente, por sus piedras. Porque no entiende de estaciones y condensa toda la esencia de Cádiz. 

La tortillita de camarones

Y el resto de las frituras también, por supuesto. Pero ojo a este bocado típicamente gaditano que no es más que una torta de harina y camarón frita en aceite de oliva… pero tremendamente exquisita. Raro es el lugar en la ciudad de Cádiz que no sirva estas tortillitas, crujientes y sabrosas, cuyo origen humilde se sitúa entre los siglos XVI y XVII. Y raro es aquel que las prueba y no las alaba, como a toda la gastronomía de esta provincia que es el mejor retrato de su paisaje y su costa. Guisos marineros, mariscos, ortiguillas… y el famoso atún de la almadraba que ya pescaban los fenicios. Y todo ello regado con vino de Jerez, ¿qué más se puede pedir?  

El Barrio de la Viña

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Es el más popular, el más pintoresco, la más pura expresión del gaditano de la calle. Un barrio del centro, antiguo hogar de los pescadores y hoy epicentro de la fiesta, que está dibujado con calles estrechas, casas mordidas por el salitre, patios de vecinos, tablaos donde escuchar flamenco del bueno… la vida cotidiana de Cádiz, en definitiva. No es el único barrio con encanto, claro está. También está el Pópulo, repleto de arcos y murallas, que tiene el honor de ser el más antiguo de Europa. “Eres más viejo que el Pópulo”, dicen los gaditanos con su desparpajo habitual.  

Las vistas al Atlántico

Desde donde sea, el océano se cuela por los poros de esta ciudad que vive al abrigo de una bahía. Dicen que esta luz del Atlántico que lava sus fachadas blancas sólo encuentra rival en Lisboa, otro de los puntos de partida hacia el Nuevo Mundo. El caso es que Cádiz mira al mar desde todos sus ángulos, aunque la mejor manera de apreciarlo es desde sus múltiples torres, una suerte de garitas gigantescas situadas de manera sorprendente sobre las azoteas. Hay hasta 126 miradores, aunque es desde la Torre Tavira donde las vistas oceánicas llegan mejor… después de pasar por una cámara oscura. 

El carnaval en las venas

Sí, sabemos que no estamos en fechas pero es que la fiesta por antonomasia de Cádiz, la más divertida celebración popular que haya inventado la humanidad, está presente todo el año. Con las chirigotas encuentra acomodo el humor gaditano llevado a su máximo apogeo. Y con la música, el baile, las pelucas, el descaro, la guasa, los conciertos, los fuegos artificiales… y la gente venida de todos los rincones del mundo, poco más se puede añadir. El carnaval corre por la venas.