Los cinco lugares más hechizantes de Palencia

Manuel Mateo Pérez
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Palencia está tendida en mitad del páramo, a un lado de Tierra de Campos, que es como un inmenso país que hermana las regiones históricas de Castilla La Vieja. La capital, la más desconocida de la región, encierra lugares encantadores.

Catedral

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La Bella Desconocida, como así llaman a la Catedral de Palencia, tiene fecha de nacimiento: El 10 de junio de 1321 el obispo Juan II manda levantar un templo sobre los restos de la vieja iglesia visigoda. Desde fuera, el ábside catedralicio es comparable a las catedrales góticas más bellas del mundo. La puerta de Santa María es fastuosa por ese tránsito perfecto que realizan los últimos arquitectos del góticos y los primeros artistas del plateresco. Dentro, las virtudes se multiplican. En el corazón de su magnífica planta de cruz latina florece un crucero de gloriosas ojivas. La girola es monumental. En torno a ella abren siete diáfanas capillas.

Calle Mayor

La calle Mayor es como un cordón umbilical por donde corretea la memoria de los vecinos de Palencia. A partir de la segunda mitad del siglo Dieciséis, la calle Mayor, soportalada en su kilómetro de longitud, empieza a cobrar este aspecto de corredera aristocrática y burguesa que hoy luce. Hasta aquí llegan los tratistas, artesanos y comerciantes que en otros tiempos habitaron los barrios que miraban al río. En la calle Mayor toman asiento las primigenias casonas de la acaudalada nobleza, los palacios del gobierno eclesial, las sedes de la autoridad civil, los comercios más señeros, las sociedades, y hasta las primeras casas de los prestamistas y banqueros. 

Plaza Mayor

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Boca Plaza es el eufemismo que los palentinos acuñaron para nombrar la calleja que une la calle Mayor con la plaza Mayor. La plaza Mayor de hoy es muy distinta a como debió conocerla el emperador Carlos I. En sus visitas a Palencia, el rey alentó la construcción de una gran ágora alejada del río y con palacios señoriales a su alrededor. De unas décadas a esta parte la plaza luce soportales en tres de sus lados. El ayuntamiento de la ciudad queda aquí. Las obras de la casa consistorial empezaron en 1858 y tardaron veinte años. Al final quedó un monumento neoclásico que mira hacia la escultura que en el centro de la plaza talló el escultor local Victorio Macho en recuerdo a Alonso de Berruguete, el tallista palentino que tantas glorias legó en el XVI a palacios, conventos y catedrales.

Diputación

La Diputación es la obra principal de Jerónimo Arroyo, uno de los más célebres arquitectos modernistas del pasado siglo. Su obra fue discutida más allá de su ciudad natal y logró alabanzas que lo robustecieron en su interés por crear un nuevo lenguaje para la revuelta arquitectura del primer tercio del siglo XX. En 1914 se inaugura la Diputación. Murales y cuadros adornan las estancias interiores. Por fuera, alegorías vegetales y geométricas, cariátides y esculturas divinas presiden ventanas, frisos y tejados. Tanto fue su éxito, que los críticos del momento coincidieron que el nuevo edificio entonó a la perfección con el monumento que tenía al lado.

Carrión

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Como todos los ríos de Castilla, el Carrión desciende resignado a que sus aguas las devore el Pisuerga, que es un río envalentonado, cuyas fuentes las sitúan los viajeros allá por Piedrasluengas, donde el mar de Castilla comienza a ser una realidad. En torno al Carrión los palentinos han creado unas zonas verdes que son como el alma de la ciudad. En sus orillas están las eras de Santa María, las Huertas del Obispo y el parque del Sotillo de los Canónigos, lugares dulces, lánguidos y apetecibles, donde se citan las familias, los ancianos y los enamorados con sólo sortear el puente de piedra de época romana.