Cinco lugares españoles con los que sentirse "como en una nube"

Porque no siempre hay que estar con los pies en la Tierra

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: Artem Laktikov / ISTOCK

Hay momentos en los que nos sumimos en un estado de ensoñación, alejados del mundano devenir de nuestras vidas. Son instantes que capturan la atención hasta permitirnos divagar sin preocupaciones, ajenos a cualquier atisbo de realidad.

Inmersos de lleno en nuestros pensamientos, la mente es capaz de viajar a cualquier parte del mundo en cuestión de segundos, sin mayor obstáculo que nuestra propia imaginación. Y qué mejor forma de guiar este periplo por el mundo de lo inmaterial que acordarnos de algunos lugares españoles que cuentan con el poder de abstraernos instantáneamente.

Mirador del estrecho de Gibraltar (Cádiz)

En la retaguardia el Parque Natural de Los Alcornocales; frente a nosotros la agreste franja litoral del Parque Natural del Estrecho; y a nuestros pies un desnivel de trescientos metros de altitud junto a la subida al puerto del Bujeo, todo ello en la provincia de Cádiz.

Dreamer Company / ISTOCK

Hablamos de un punto conocido como «Mirador del Estrecho». Una magnífica atalaya, frente a las columnas de Hércules, donde se unen el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Y al otro lado de las aguas, África, el mágico continente que aparece grandioso a tan solo quince kilómetros de distancia, solo separado por el estrecho de Gibraltar. Un lugar para soñar con otros mundos, tan cercanos y al mismo tiempo tan lejanos…

Islote de La Nube (Almería)

Surcamos las aguas del mar de Alborán desde el estrecho de Gibraltar en dirección al cabo de Gata y a mitad de camino nos topamos con una isla de origen volcánico que pareciera custodiar las costas española y africana. La isla de Alborán es fruto de leyendas que se entremezclan con la realidad de un entorno natural protegido que presume de contar con unos fondos marinos excepcionales.

Formando parte de ese entorno, tan solo dividido de la isla principal por el somero canal de las Moreras, se encuentra el pequeño islote de La Nube, cuyo nombre no hace sino despertar nuestra imaginación y justificar su merecida inclusión en esta lista.

Cabo Finisterre (La Coruña)

Otro de los sitios más evocadores de la geografía española es el cabo Finisterre. Considerado durante la Antigüedad el fin del mundo conocido, asomarse al océano Atlántico desde este enclave de la Costa da Morte nos transporta de inmediato a las mentes de aquella época y nos hace plantearnos el misterio de aquello que está aún por descubrir.

unikatdesign / ISTOCK

No obstante, Fisterra - como se conoce en gallego -, es el lugar elegido por muchos peregrinos del Camino de Santiago para poner fin simbólicamente a su peregrinaje. Tal vez por su significado y trascendencia, o bien para culminar su recorrido alumbrados por el robusto faro que se sitúa en el borde del cabo, en un sentido más metafórico.

Pico de las Nieves (Gran Canaria)

No podíamos olvidarnos de todo un clásico de las listas que hacen referencia a aquellos lugares en los que poder contemplar un mar de nubes desde las alturas.

JosuOzkaritz / ISTOCK

El Pico de las Nieves es un excelente mirador que se emplaza junto a la cúspide de la montaña del mismo nombre, a casi dos mil metros de altitud, siendo el punto más elevado de toda la isla de Gran Canaria. Gracias a su privilegiada posición nos regala unas vistas asombrosas con las que es difícil no sentirse volar. Debido a la orografía y a la gran altitud, no es extraño que un mar de nubes se extienda ante nuestros ojos por debajo de nuestros pies, especialmente durante la primavera y el verano.

Peñas de Aia (Guipúzcoa)

Es uno de los lugares mágicos de Guipúzcoa y una de las estampas montañosas más emblemáticas de su territorio, con la silueta de los tres macizos del Txurrumurru, el Irumugarrieta y el Erroilbide, conocidos popularmente como la «Cara de Napoleón».

Mimadeo / ISTOCK

Protegidos por el marco de un Parque Natural, estas montañas graníticas – las únicas de la provincia – son unas de las más antiguas de Guipúzcoa, y cuenta la leyenda que fueron los primeros relieves que emergieron del País Vasco.

Al margen de las historias míticas, es cierto que este lugar es fascinante, y a pesar de su escasa altura (sobrepasan escasamente los 800 metros de altitud), su cercanía al mar hace que sirvan de freno a las brumas que avanzan tierra adentro desde el Cantábrico, creando un espectacular mar de nubes que envuelve el entorno.