Cinco lugares asombrosos de Cataluña en los que casi tocarás el cielo

Montañas sagradas, santuarios encaramados en enclaves imposibles… En estos cinco lugares te encontrarás como en el cielo…

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: picoseuropa.net

Desde siempre, el ser humano ha sentido fascinación por los lugares elevados. Quizás sea el anhelo de divisar nuestro mundo desde las alturas para entenderlo mejor; quizás sea el recogimiento y el aislamiento que nos otorga. Ambas posibilidades parecen haberse combinado a la perfección en algunos señalados enclaves de la geografía de Cataluña, donde el culto y la presencia de elementos sagrados se han ligado a estos espacios de manera indisoluble.

Repasamos, a continuación, cinco de estos enclaves donde palparás ese ambiente sagrado, disfrutarás de vistas asombrosas y te sentirás como en el cielo…

Monasterio de Sant Miquel de Fai

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Adentrarse en el conjunto histórico y natural que forma el Monasterio de Sant Miquel de Fai, en la provincia de Barcelona, es una experiencia única de principio a fin. Comenzando por el camino encajado entre las rocas, que da paso a su entrada,  se llega al corazón del cenobio, con su emblemática abadía gótica (la Casa del Priorato) y la troglodita iglesia de estilo románico dedicada al santo, que enraíza sus orígenes en el siglo X. Excavada en una cueva que aprovecha como techumbre, se trata de la mayor iglesia troglodita del país. 

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La panorámica que es posible contemplar desde su emplazamiento es sólo comparable a la sensación de escuchar el discurrir de las aguas que se precipitan vertiente abajo, sobre todo en la época del deshielo. 

Dejando atrás la iglesia y siguiendo el camino, no dudes en avanzar hasta el salto del río Tenes, una cascada que es posible cruzar por su parte posterior en un espectáculo excepcional.

Santuario de la Mare de Déu del Far

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Si hay un lugar en Cataluña donde atisbar el horizonte significa desplegar la imaginación, ese es el Santuario de la Mare de Déu del Far, en la provincia de Girona.

Elevado a más de 1100 metros de altitud sobre el extremo de una planicie elevada que se asemeja a la proa de un barco, este santuario se documenta ya en el siglo XI. 

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Tal vez por la forma de barco del lugar donde se asienta, o como resultado de la amplitud de las vistas que desde aquí se dominan, o simplemente por estar consagrado a la Virgen del Faro (Mare de Déu del Far), cuenta la leyenda que los pescadores, en las noches de fuerte oleaje, alcanzaban a divisar desde el mar una luz que provenía del santuario y que les guiaba, sanos y salvos, hasta tierra firme.

Ermita de la Mare de Déu de la Pertusa

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El pantano de Canelles, en la provincia de Lleida, ejerce de frontera natural entre Aragón y Cataluña. A uno y otro lado del pantano, dos ermitas se levantan a modo de centinelas en cada uno de los lados fronterizos. Del lado aragonés, la Ermita de Santa Quiteria, en lo más alto de un espolón rocoso. Justo enfrente, del lado catalán, la Ermita de la Mare de Déu de la Pertusa destaca desde el punto más prominente del cortado sobre el que se asienta.

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De estilo románico, formaba parte de un antiguo castillo que cumplía la función de torre de vigilancia de la zona, lo cual nos da una pista del bello panorama que nos espera a nuestros pies una vez hayamos llegado hasta ella.

Santuario de Bellmunt

Jordi Navarro

A algo más de una cincuentena de kilómetros del Monasterio de Sant Miquel de Fai, al norte de la localidad de Vich, nos topamos con la Sierra de Bellmunt, donde un antiguo santuario que comienza su andadura en el siglo XIII se alza a más de 1200 metros de altitud. Desde su mirador es posible llegar a distinguir el comienzo de los Pirineos, así como la amplia llanura de Vich, que se extiende hacia el sur. 

En su interior se custodia una pequeña estatua de la virgen, la afamada y popularmente conocida Virgen de las Aladas, que ya varios siglos atrás tenía tal denominación debido a que el día de la Ascensión de María Santísima, en el mes de agosto, un hervidero de hormigas aladas volaba hasta la ermita y cubría la imagen; un hecho documentado que envuelve de un halo de misticismo la ascensión hasta este atractivo mirador.

Ermita de la Mare de Déu de la Roca

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No muy lejos de Cambrils, hacia el interior de la provincia de Tarragona, la población de Mont-roig del Camp nos cuenta, a través de su nombre, lo que muy cerca de ella nos podremos encontrar. En efecto, un «Monte-rojo» se alza a casi 300 metros de altura del suelo al oeste de la villa y, en lo alto del mismo, una ermita que se remonta al siglo XII y otra más pequeña semejante a una capilla, aún más elevada, construida sobre los antiguos restos de un castillo, forman una silueta peculiar de color blanco que destaca sobre los tonos rojizos de la roca que las sostiene. 

Según cuenta la leyenda, un Rey moro robó varios objetos de la ermita y, al huir a caballo en mitad de una tormenta, el animal, asustado, resbaló e hizo caer a ambos por el barranco, pudiéndose aún contemplar los resbalones del caballo en la bajada, como cuenta la tradición. Tarea es pues, de quien ascienda para otear las magníficas vistas de la zona, el hallar el mítico rastro de la huida del Rey moro.