Cinco destinos para vivir la más auténtica Navidad blanca

Porque son lugares tapizados de nieve, ideales para contemplar al abrigo de la chimenea, justo como mandan los cánones de estas fechas entrañables.

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: patpongs / ISTOCK

La Antártida

jocrebbin / ISTOCK

Lo de unas navidades blancas no puede cobrar más sentido en este remoto rincón donde, a pesar de encontrase en verano, el termómetro jamás sube de 0º. Es lo que tiene asentarse en el extremo sur del globo, allí donde la Tierra se muestra primigenia. Por su lejanía y su carácter apartado del mundo, las fiestas en estos parajes están marcadas por la soledad y el silencio, por las montañas cubiertas de hielo y nieve, los centenares de glaciares azulados y los icebergs de formas alocadas que se deslizan por las aguas gélidas. Todo bajo un sol que bien es cierto que no calienta pero, eso sí, brilla de manera mágica.

El Círculo Polar

RomanBabakin / ISTOCK

La tierra que está próxima al lugar donde el mítico Papá Noel (también llamado San Nicolás) emprende el viaje de su reparto de regalos, está tapizada de un manto tan bucólicamente blanco que cuesta creer que, por sus bosques plagados de renos, no habiten también ciertos duendes ocultos entre los hielos polares. Nada puede ser más auténticamente navideño que este territorio ártico del norte, donde el horizonte se presenta infinitamente blanco y donde los días parecen noches por la ausencia de luz. 

Islandia

patpongs / ISTOCK

En esta tierra de hielo la navidad llega con una curiosidad: los fuegos artificiales, que durante el resto del año requieren una autorización especial y que, sin embargo, inundan todos los rincones del país en los días festivos más señalados (Nochebuena, Navidad, Nochevieja). El cielo se llena de mil colores que contrastan con el manto de nieve y que otorga un halo especial, profundamente pintoresco, a esta isla de los paisajes

Imposibles. Cabe añadir, ara mayor espíritu, que Islandia no cuenta con uno sino con hasta trece Papás Noel que ellos llaman viejitos navideños. Su descomunal naturaleza, cuajada de lagos, volcanes, fiordos, cascadas y géiseres, pone la nota de belleza natural al país más seguro del mundo.

Ucrania

alisa24 / ISTOCK

También en este país de la Europa del este la nieve cae de promedio unos 15 días al mes y la temperatura media ronda los -10 grados. Por ello, el escenario, claro, también se asemeja a una postal navideña. Especialmente en la capital, Kiev, toda una joya arquitectónica a orillas del río Dniéper. Aquí, en estos días fríos, el tapiz inmaculado cubre los tejados del  Kiev Pechersk Lavra, el monasterio ortodoxo más antiguo de la ciudad, así como de la Catedral de Santa Sofía, cuyas cúpulas verdes con ornamentos dorados yacen bajo la capa de hielo proyectando su reflejo con los rayos del sol. 

Valle de Arán 

aluxum / ISTOCK

También en nuestro territorio existen rincones donde la Navidad es auténticamente blanca. Como este hermoso paraje de la vertiente norte de los Pirineos, que es un entorno natural único. Más allá de albergar uno de los complejos esquiables más importantes el país, lo que aquí encontramos son extensos prados rodeados de imponentes montañas, senderos infinitos, bosques exuberantes y cumbres nevadas que parecen de postal. También un buen puñado de aldeas que encarnan el sueño del invierno y despiertan las ganas de quedarse a vivir.