Cinco destinos ‘raros’ en Europa para unas vacaciones diferentes

Desconocidos y poco explotados, pero tremendamente bellos. Así son estos lugares para huir de las masificaciones del verano

Noelia Ferreiro
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Armenia y sus tesoros ocultos

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Este pequeño país del Cáucaso es una de las muestras más palpables de que en el Este de Europa aún quedan lugares por descubrir, rincones auténticos despojados de famosos iconos turísticos pero dueños de naturalezas, culturas y modos de vida sumamente interesantes. Armenia es un país marcado por la estela de la época soviética y la cicatriz de diversos conflictos bélicos, pero no por ello está carente de atractivos. Quienes lo han visitado, además, destacan la hospitalidad y calidez de sus gentes.

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Con una superficie equivalente a la de Galicia, una población que apenas supera los tres millones de habitantes y el cristianismo como eje vertebrador de su idiosincrasia, recorrerlo es toparse con solitarios monasterios esparcidos por montañas grandiosas, parajes que evocan una suerte de pequeña Suiza, castillos y ciudades de anchas y rectilíneas avenidas donde comienza a despertar, lentamente, una vibrante escena alternativa. 

El Parque Nacional de Snowdonia en Gales 

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La joya de la corona de Gales es este espectacular parque del norte, donde entregarse a todo tipo de aventuras. Un paisaje coronado por misteriosas leyendas celtas y conformado por montañas sin rastro de vegetación en las cumbres, pero cuajadas de bosques de hayas, robles, castaños, avellanos o abetos en el fondo de los valles. Entre ellos destaca el que rodea el pico de Craig- Yr-Aderyn. 

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Un territorio perfecto para el senderismo y la bicicleta, pero también para ver desfilar paisajes de vértigo en un tren de vapor o volar a más de 130 km por hora en la tirolina más larga y rápida de Europa. Aquí se encuentra Snowdon, la montaña más alta de Gales (1.085 metros) y Llyn Tegid, el mayor lago natural. También el parque cuenta con un litoral envuelto por la belleza de las poblaciones costeras galesas. Una maravilla. 

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El paisaje de cuento de Zell am See en Austria

Esta cautivadora localidad del estado de Salzburgo es especialmente famosa en invierno, cuando su lago de tonalidades turquesas (el Zeller See), se convierte en una pista de patinaje a cuya orilla se despliega un conjunto de casitas pintorescas. Y también cuando el horizonte queda dibujado por un marco de picos nevados en lo que constituye el Parque Nacional Hohe Tauern, la mayor reserva natural de Austria, que se extiende a los estados del Tirol y Carintia.

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Sin embargo, ahora en verano, cuando luce tranquilo y solitario, es una auténtica delicia. Un lugar donde huir del calor y las masas para toparse con la naturaleza más pura y la paz más absoluta. Aquí el senderismo es la actividad estrella, con rutas que van desde cortos paseos hasta expediciones extremas a cresta imposibles. Quienes se queden cortos de aventura han de saber que justo en estos parajes alpinos da comienzo la carretera del Grossglockner (el pico más alto de 3.798 m), catalogada entre las más bellas del mundo. 

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El Parque Natural del Triglav, en Eslovenia

Montañas, desfiladeros, cañones, ríos, bosques, praderas alpinas… Todo bajo el majestuoso murallón de los Alpes Julianos, en cuyos pliegues se esconden pueblos encantadores. Estos tesoros hallamos en el único parque nacional esloveno, que ocupa unos 840 km2, el 4% de la superficie del país. Otro lugar a donde no llegan las masas.

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Lo que aquí encontramos es toda una explosión de naturaleza cuya joya de la corona es el monte Triglav, de 2.864 metros de altura. Ascenderlo tiene un valor casi espiritual: no hay esloveno que no haya conquistado esta cima que, según la mitología eslava, es la morada de un dios. Quienes no se atrevan podrán, simplemente, dar un paseo a pie o en bicicleta por sus múltiples caminos señalizados.  

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La remota ciudad de Reikiavik

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Quienes gusten de la vida urbana, pero sin renunciar a la naturaleza, quienes prefieran el latido de las ciudades pero sin que ello suponga achicharrarse, su destino perfecto es la capital de Islandia. Lejana, misteriosa, encajada en medio de un entorno primitivo, Reikiavik es una ciudad vibrante que combate el aislamiento con altas dosis de proyección cultural, una gastronomía interesante y un agradable ritmo de pueblo que no renuncia al cosmopolitismo. 

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El verano, además, es su mejor momento, cuando la luz se vuelve casi eterna y su fisionomía se transforma: la ciudad acoge una procesión continua de gentes por sus calles y locales sin hora de cierre, donde despachan bacalao seco y cerveza. El sol de medianoche propicia días eternos en los que lo que la música cobra protagonismo, especialmente de bandas locales como Björk y Sigur Rós.