Cinco destinos bucólicos para vivir la magia de estas fiestas

Lugares donde la estación más fría despliega unos encantos únicos acordes con unas navidades blancas

Noelia Ferreiro
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Ya que hablamos de frío, que sea frío extremo. Las temperaturas gélidas, la atmósfera brumosa y el manto de nieve tapizando el horizonte. Porque solo así se disfruta de la calidez del hogar y de la magia de una Navidad auténticamente blanca. Estos son destinos bucólicos, eso sí, para abrigarse mucho:

Laponia Finlandesa: al calor de la sauna

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La tierra que es el la cuna de Papá Noel o San Nicolás (en Rovaniemi se encuentra su casa, con un taller de juguetes y una oficina de correos para recibir sus cartas) está alfombrada de un manto tan bucólicamente blanco que cuesta creer que, por sus bosques plagados de renos, no habiten también ciertos duendes ocultos entre los hielos polares.

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Nada puede ser más auténticamente navideño que este territorio finlandés, donde dar la bienvenida al año pasa por cantar villancicos, atiborrarse de copiosas cenas y calentarse después en sus famosas saunas. Como decía la canción de una famosa serie animada, “en Laponia hace frío, pero yo me río”.

Islandia y sus 13 Papá Noel

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Inmaculado también es el paisaje de esta tierra remota que parece de otro mundo y adquiere el carácter de la última frontera de Europa. Aquí los fuegos artificiales, que durante el resto del año requieren una autorización especial, inundan todos los rincones en los días festivos más señalados, propiciando un maravilloso contraste de color con la nieve: no sólo el cielo se llena de mil colores, sino que manda también la tradición prender numerosas hogueras al más puro estilo de San Juan.

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Todo vale en esta celebración singular que vive la isla de fuego y hielo, que no cuenta con uno sino con hasta trece Papás Noel que ellos llaman viejitos navideños. Su descomunal naturaleza, cuajada de lagos, volcanes, fiordos, cascadas y géiseres, pone la nota de belleza al país más seguro del mundo.  

Moscú, la ciudad más nevada

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Es la ciudad donde donde existen más probabilidades de que la nieve cubra los abetos durante el día de Navidad: los resultados de un estudio concluyen que tiene más de un 63'1% de posibilidades, para lo cual se se han tomado los datos de las nevadas en nueve inviernos.

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La estampa navideña, por tanto, está más que asegurada en la capital rusa y en su emblemática Plaza Roja con todos sus iconos sepultados bajo una alfombra blanca: desde el Museo Histórico hasta la Basílica de San Basilio, desde la exuberante Galería Comercial GUM a las murallas del Kremlin, desde el Mausoleo de Lenin a las efigies de los héroes de la Revolución.

Los Dolomitas y su imagen de postal

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Si estas montañas de los Alpes italianos son espectaculares en cualquier época del año, en Navidad, si cabe, se muestran aún más especiales. Porque con la llegada del invierno el adorno más típico de los Dolomitas es simplemente la nieve, lo cual no sólo lo convierte en un paraíso para los amantes del esquí (y también del snowboard, raquetas, patinaje…) sino también en un bucólico destino cuajado de mercadillos navideños (en Andalo, Molveno Fai della Paganella…) y una atmósfera realmente entrañable. 

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Antártida: silencio y soledad

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Lo de unas navidades blancas no puede cobrar más sentido en este remoto rincón donde, a pesar de encontrase en verano, el termómetro jamás sube de 0º. Es lo que tiene asentarse en el extremo sur del globo, allí donde la Tierra se muestra primigenia. Por eso, las navidades en estos parajes estarán marcadas por la soledad y el silencio, por montañas cubiertas de hielo y nieve, centenares de glaciares azulados e icebergs de formas alocadas que se deslizan por las aguas gélidas, bajo un sol que bien es cierto que no calienta pero, eso sí, brilla toda la noche.