Cinco destinos para alargar el verano

Con menos gente, con los precios más bajos y con el calor menos impetuoso. No nos resistimos a dejar agonizar al estío. Porque septiembre es un mes excelente para viajar, aquí van unas propuestas cercanas y asequibles para seguir disfrutando

Noelia Ferreiro
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La Gomera, siempre buen clima 

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Porque en breve la sombra del invierno llegará para cubrirlo todo, apuremos los días de sol en la tierra de la eterna primavera. La Gomera es la quintaesencia del archipiélago canario: cálida, volcánica, pero con explosiones de verdor que propician maravillosas rutas de senderismo. Una isla pequeñita y variada que, especialmente al fin del verano, permanece ajena a las hordas turísticas. Su arrugada orografía de crestas y barrancos, sus milenarios bosques de laurisilva y sus bellas playas de arena negra conforman una especie de continente en miniatura en el que las tradiciones ancestrales llegan hasta nuestros días (la prueba está en el famoso silbo) y la naturaleza es el más portentoso monumento.

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No hay que perderse el Garajonay, una impresionante reserva tapizada de musgos, líquenes, helechos, brezos, aceviños, viñáticos… a la que el fenómeno de la lluvia horizontal confiere el aspecto de bosque encantado. Los menos activos también tienen donde elegir en esta isla: estupendos arenales como los de Valle Gran Rey, San Sebstián o Playa del Inglés, en los que entregarse a la práctica del tumbing refrescada con algún chapuzón.

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Isla de Skye, postales imposibles 

Los paisajes más impactantes de Escocia se concentran en esta isla, la más famosa de las Hébridas, conectada con tierra firme a través de un larguísimo puente arqueado. Valles salvajes, una costa dentada y colinas encendidas en verdor.

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En definitiva, una naturaleza exuberante con la que sentir que el verano nunca acaba, salpicada además de castillos por los que parece que el tiempo se ha quedado congelado y bonitos pueblos aislados con apenas un puñado de coloridas casas. En este lugar difícil de olvidar resulta imprescindible la montaña más famosa, The Old Man of Storr, los acantilados de Kilt Rock, el majestuoso Castillo Dunvegan, las Fairy Pools o el Valle de Quiraing.

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Túnez, maravilla cercana

Porque este soleado destino es un cúmulo de exotismo y, sobre todo, porque está a la vuelta de la esquina, merece la pena tenerlo muy en cuenta en los estertores del verano. Túnez, encajado entre el Atlas y el Mediterráneo, es todo un catálogo de paisajes hermosos.

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Desde islas con playas estupendas hasta el magnetismo del desierto, pasando por interesantes vestigios históricos y ciudades rebosantes de aromas y colores. Una escapada a este país del norte africano pasa por conocer la capital, que tiene su epicentro en la medina abigarrada y caótica y que custodia en su corazón la Gran Mezquita. También por detenerse en Sidi Bou Said, considerado uno de los pueblos más bellos del Mediterráneo con su posición sobre altos acantilados a la orilla del mar y su delicioso entramado en azul y blanco.

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Y por supuesto, no hay que perderse la Isla de Djerba, el impresionante yacimiento de Cártago y la magia del desierto más grande del mundo. 

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La Alpujarra, ahora solitaria

Despojada ya de los curiosos ocasionales que se acercan a descubrirla, esta región andaluza compartida por Granada y Almería, este rincón escarpado que se desparrama por las faldas de Sierra Nevada, recupera su carácter solitario a finales de agosto.

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Porque en La Alpujarra, que fue el último baluarte de los moriscos en España y el refugio de Boabdil después de perder Granada, sus pueblos blancos como copos de nieve están tocados por el exotismo musulmán. Pueblos que están aferrados a pendientes imposibles y que por su privilegiada posición a espaldas de la Alhambra y a un paso del Mediterráneo, enamoraron a los escritores románticos del siglo XIX. 

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Nada hay como una ruta por estos parajes, entre carreteras serpenteantes y huertos que se asoman al abismo. Lanjarón, la población del agua; Órgiva, con su iglesia mudéjar; Trevélez, con sus secaderos de jamón; y las encantadoras Capileira, Pampaneira y Bubión, recostadas en el Barranco de Poqueira.

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Creta, el más bello universo

No se nos ocurre mejor lugar para apurar el verano (y de paso alargarlo hasta el infinito) que un viaje a la mayor de las islas griegas, que es, además, el territorio insular más completo, diverso y fascinante.

Aunque todo el país es un catálogo de islas deslumbrantes en el que resulta imposible decidir, hay una que destaca por encima de todas, acaso por tratarse de la más grande (y también de la más completa). Hablamos de Creta, la isla que lo tiene todo. Un territorio hundido en los orígenes de los tiempos donde la mitología sitúa el nacimiento de Zeus y el laberinto del Minotauro, y donde emergió la cultura minoica que dejó para la posteridad el impresionante Palacio de Cnosos. Más allá de los ecos de la antigüedad, Creta es toda belleza natural, un lugar cuajado de grandes playas y calas remotas, de montañas salpicadas de gargantas y fértiles llanuras donde se elabora un famoso licor de cereza. Ello y los maravillosos puertos de Hania y Rethymnon (entre los más evocadores de Grecia) la convierten en una joya difícilmente superable. | chasdesign / ISTOCK

Un lugar hundido en los orígenes de los tiempos donde la mitología sitúa el nacimiento de Zeus y donde emergió la cultura minoica para ir amontonando después una civilización sobre otra. El resultado: ruinas legendarias, ciudades evocadoras y playas idílicas.

Se encuentra en el extremo suroeste de Creta y la isla es una reserva natural protegida que cuenta con una de las mejores playas de arena de todo el país. En la costa de Elafonissi el color turquesa se une con el rosado para dar paso a un lugar exótico.    | JNemchinova / ISTOCK

Desde Hania, la más bonita de sus ciudades, hasta el impresionante Palacio de Cnossos, que data de hace 4.000 años y fue el hogar del rey Minos, pasando por las joyas naturales como la playa de Balos o la Garganta de Samaria, entre otas muchas.

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