Cinco curiosidades del Cabo de Gata para descubrir este otoño

Sorpresas en el Parque Natural de Almería en su mejor temporada

Noelia Ferreiro
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Foto: Daniel Villalobos Oliver / ISTOCK

Hay pocos lugares en España tan extraños, originales y bellos como esta esquina del sur peninsular, azotada por los vientos, expuesta al oleaje y soleada los trescientos sesenta y cinco días del año. Por ello (y porque, pasada la época estival, la masificación de turistas desaparece) el otoño es una temporada perfecta para revisitar el Cabo de Gata y descubrir determinadas sorpresas que se escapan a los ojos del verano.

1. La Punta de la Media Naranja

Puede que no se haya reparado en él, pero este cabo que aparece después de la icónica Cala de los Muertos, es uno de los más impresionantes de la costa. Se llama la Punta de la Media Naranja y está coronado por el Faro de Mesa Roldán que, por si fuera poco, es el más alto de la Península Ibérica. Las aguas que rodean este cabo fueron declaradas Reserva Integral por el Ministerio de Medio Ambiente, por lo que se trata de un auténtico santuario marino con la gran baza de que sus fondos son de los mejor conservados del Parque. En ocasiones es probable encontrarse en estas aguas con poblaciones de delfines.

Punta de la Media Naranja | Josef Papi

2. El Arrecife de las Sirenas

Lo encontramos en la parte más meridional del Parque Natural del Cabo de Gata, junto al faro homónimo y relativamente próximo a los largos arenales de Mónsul y Genoveses. Y sorprende por su imagen de piedras fantasmagóricas. Nos referimos al Arrecife de las Sirenas, un conjunto de antiguas chimeneas volcánicas que, al parecer, fueron el refugio de una colonia de focas monje antes de su desaparición de este tramo de costa a mediados del siglo XX. Un lugar cargado de energía en el que, si el mar está amable, se puede practicar esnórquel. Pero si se muestra malhumorado, hay que abandonar tal empresa, eso sí para admirar la belleza de las olas batiéndose sobre las piedras.

Arrecife de las Sirenas | Estellez / ISTOCK

3. El pueblo de Cabo de Gata

Sí, algunos no lo saben, pero hay un pueblo que da nombre al Parque Natural. En realidad es una pequeña barriada, enfrentada al Mediterráneo, que comienza a dormitar ahora para mostrarse solitaria en invierno a la espera de recibir a los miles de turistas que llegan durante el estío. Es una joya a descubrir más allá del resto de los pueblos blancos de arquitectura popular y calles de trazado sinuoso que casi siempre tienen el mar como telón de fondo.

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4. La Batería de San Ramón

No es la única pero sí tal vez la más vistosa. Una batería defensiva que se encuentra en el Playazo de Rodalquilar, junto a la Torre de Los Alumbres, y que es una muestra del pasado belicoso del Cabo de Gata, que está poblado de viejos baluartes con los que se demuestra el valor estratégico que estas tierras tuvieron durante la dominación hispanoárabe. En ellos se defendió a este lugar del ataque de piratas turcos y berberiscos.

Batería de San Ramón en el Playazo de Rodalquilar | Unaihuiziphotography / ISTOCK

5. El Cargadero de Mineral de Agua Amarga

Esta vez se trata de una de las joyas del patrimonio arqueo-industrial de Almería, un vestigio de la floreciente época minera de la región que tuvo lugar a principios del siglo XX. Cuesta reparar en él, pero, sin valorar su belleza o fealdad, es una reliquia histórica. Por suerte, aparece antes de Agua Amarga, un típico pueblo de pescadores al que imposible reprocharle defecto alguno.