Las cinco ciudades europeas a las que mejor sienta el frío

Porque lucen como una postal bajo un manto de nieve o porque se encienden de luces navideñas o, simplemente, porque su belleza urbana invita a que se las descubra plácidamente con un abrigo gordo y una botas calentitas.

Noelia Ferreiro
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San Petersburgo (Rusia)

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Sus gélidas temperaturas no hacen sino incrementar el encanto de esta ciudad de corte clasicista, cuajada de palacios, plazas colosales, iglesias de cúpulas doradas, jardines y puentes exquisitos. Hablamos de la ciudad más europea de Rusia, la más refinada también, la metrópoli que fue el sueño de aquel zar llamado Pedro el Grande, quien se empeñó en comprimir y empaquetar su belleza para colocarla frente al mar. San Petersburgo, Petrogrado, Leningrado o simplemente Peter, como la apodan los oriundos, es un regalo para los sentidos. Especialmente en invierno, con el río Neva y sus canales convertidos en un espejo de hielo y esas calles elegantes que se dejan envolver por la nieve. 

Viena (Austria)

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Para muchos es la ciudad que presenta un mayor romanticismo durante la estación fría, no sólo porque su perfil imperial se ve teñido de blanco sino también por la luminosidad bucólica que adopta con la llegada de las fiestas. Sí, Viena es una de las capitales con más mercadillos navideños: el de Christkindlmarkt, el del Palacio de Schönbrunn, el de Spittelberg, el del Palacio Belvedere, el de Maria-Theresien-Platz… Casi uno por barrio y cada uno distinto al anterior para que haya dónde elegir a la hora de adquirir los típicos regalos. Por si fuera poco conmovedor, la consabida pasión por la música que caracteriza a esta ciudad también se hace presente en estos días a través de conciertos por todos los rincones. Música que es un preámbulo a la gran cita de año nuevo, que es un icono mundial. 

Cracovia (Polonia)

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La ciudad donde reside la que está considerada la mejor universidad de Polonia tiene en la animación juvenil su mayor baza. Algo que no se interrumpe ni un solo día en los meses de invierno, pese al frío que acecha sus noches, donde el mercurio rara vez alcanza valores positivos. Cracovia, la que fue (junto con Quito) la primera ciudad en el mundo declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, es bella también en esta época porque su armonioso juego de arquitectura y de luz luce perfecto bajo las nubes. Los interesados en el turismo religioso, los apasionados de la historia y los amantes del arte de ayer y de hoy encontrarán esta ciudad el destino ideal con su conjugación de pasado y proyección futura. 

Lucerna (Suiza)

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La que es, para muchos, la ciudad más bella de Suiza resulta deliciosa en invierno. Hay varios motivos que lo justifican: de una parte, el tinte de cuento infantil que, bajo la nieve, adquiere su casco antiguo, trazado de fachadas multicolores, iglesias barrocas y un magnífico puente de madera. También porque su lago del mismo nombre deja reflejar el cielo plateado en una estampa preciosa. Y porque el río Reuss que divide la ciudad hasta fluir a su costa noroeste arrastra témpanos que, por efecto de la luz, parecen multicolores. Si a todo ello le añadimos el marco de las impresionantes cumbres nevadas de los Alpes, el cuadro se presenta perfecto.  

Praga (Repúbica Checa)

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Tremendamente favorecedor resulta el invierno para la capital checa, pese a que los menos valientes tendrán que hacer un esfuerzo para vérselas con el frío. Merecerá la pena. Porque, si la ciudad más deseada del corazón de Europa encarna la quintaesencia de la belleza, sólo hay que imaginarla teñida de blanco. Desde su laberinto de calles sinuosas hasta el sobrecogedor paseo del Puente de Carlos, pasando por la soberbia panorámica que se vierte desde su castillo de hadas. Ya para nota está una visita de madrugada, sin gentes y con esas luces escénicas que la convierten en mágica.