Cinco bellos nombres para cinco bellos pueblos

Tomen nota: Alquézar, Allendelagua, Zahara, Niebla y Barlovento. Encontrarán pueblos con nombres tan bellos como estos. Si además los pueblos en sí lucen un encanto especial el viaje será un éxito seguro. 

Manuel Mateo Pérez
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Alquézar

Los topónimos de origen árabe son bellos casi todos. Pero es aún más Alquézar, que es una villa oscense, situada al norte de la comarca del Somontano, en el tramo final del cañón del río Vero, en un entorno natural prodigioso. Alquézar es un nombre poderoso, épico, sonoro. No solo su nombre es bello. Lo es el pueblo en sí que es conjunto histórico artístico, está amurallado y tiene su entrada a través de un portalón gótico que conduce hasta la plaza Vieja y la colegiata de Santa María, del XVI y de reminiscencias renacentistas. Pero lo más poderoso aguarda en lo alto del cerro. Allí está el origen de la villa: El castillo árabe que domina la comarca y en cuyo interior hay restos de una iglesia románica y de un clasutro gótico.

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Barlovento

El nombre de la villa canaria de Barlovento nos evoca aventuras trasatlánticas, crónicas de viajes épicos en busca del Nuevo Mundo y alrededor del mundo y toda una suerte de hombres curtidos acostumbrados al océano y a sus humores. Barlovento está en la isla de La Palma, al norte, expuesto a los vientos que soplan de este lado del Atlántico. Desde un punto de vista geológico barlovento es la ladera que recibe directamente los vientos húmedos procedentes del mar. No hay más que releer esta definición para conocer el origen del nombre de un pueblo que cuenta entre lo mejor de su patrimonio monumental con la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, del siglo XVI. Además de sus miradores, destacan las piscinas naturales de La Fajana y el cráter volcánico de La Laguna.

Allendelagua

No cabe un nombre más bello para un pueblo. Quizá luzca el más bello de todos. Allendelagua es un pequeño pueblo cántabro que pertenece al vecino municipio de Castro Urdiales. En él viven solo ciento cincuenta personas a lo largo de todo el año y su nombre ya figuraba en el censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XV con el nombre de Llen del Agua. Ese aroma de lejanía, distancia y romanticismo lo fue ganando con los años. En él se alza la torre medieval de los templarios que está declarada bien de interés cultural desde el año 2002. Allendelagua está frente a las costas del Cantábrico y próximo a él hay pequeñas e íntimas calas donde disfrutar del último baño de septiembre.

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Zahara

En Andalucía hay dos zaharas. Y ambas están en Cádiz. Hay una Zahara de interior que se apellida de la Sierra y que está coronada por un castillo nazarí. Es blanca, serpenteante, bella en extremo y desde sus miradores hay una vista impagable al embalse de El Gastor que es una suerte de mar de interior. Luego está Zahara de los Atunes que está frente a las costas del Atlántico, entre Barbate y Tarifa, en una playa de extraordinaria belleza. Zahara de los Atunes quizá sea más conocida, más populosa, más propensa al glamour que le han dado algunos de sus visitantes. Pero en ambas está sellado un nombre de origen árabe, femenino y envuelto por la leyenda y el hechizo.

Niebla

Hay pueblos que parecen que han escapado de una leyenda. Niebla es uno de ellos. Las historias que se cuentan alrededor de sus murallas son fascinantes. La localidad, situada en el centro de la provincia de Huelva, luce uno de los nombres más encantadores de cuantos lucen en Andalucía. Su historia andalusí está impregnada en todo su catálogo patrimonial. Sus iglesias y conventos, las casonas y palacios erigidos por una aristocracia conquistadora, han impreso en la ciudad una sensación de historia inalterada, de tiempo paralizado. Cerca de Niebla está la comarca del Andévalo, que también es un nombre bello para una comarca de transición entre el océano y la sierra.