Los cinco básicos de Malasia, el país de las mil diferencias

Desde los atractivos de la península, con la capital al frente; hasta el bello paisaje que se extiende por el norte de Borneo, sin olvidar las pequeñas islas idílicas

Noelia Ferreiro
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Tan polifacético como sugerente es este país del sudeste asiático famoso por la vanguardia urbana de su capital y no tanto por sus joyas naturales tales como las playas paradisiacas que esconden sus islas perdidas, las reservas naturales que son el hábitat de simpáticos monos y los rincones de interior donde descansa una buena dosis de patrimonio histórico y una batidora de etnias y culturas. Recorremos aquello que no te puedes perder en un viaje a Malasia.

Kuala Lumpur

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Hablar de la capital malasia es visualizar las icónicas Petronas con su belleza espigada de vidrio y acero. Unas torres poderosas que ostentaron el título de las más altas del mundo hasta 2003, aunque hoy se han quedado pequeñas con tanta profusión de hiperrascacielos. Más allá de este símbolo, Kuala Lumpur es una metrópoli vibrante dotada de multiculturalidad. Hay que recorrer el Triángulo de Oro para saber lo que es el shopping y la modernidad, pero también hay que descubrir el baño de tradición que supone Central Market, exponente de la artesanía local.

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Los Lake Gardens del centro y las colinas de los alrededores, los barrios étnicos como China Town o Little India y los edificios históricos de la Plaza de la Independencia son otras visitas inexcusables. Y a trece kilómetros, las Batu Caves brindan una excursión interesante: unas cuevas que albergan el templo de Muruga, al que se accede tras 272 escalones.

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La jungla de Taman Negara

Este Parque Nacional del estado de Pahang contiene una de las selvas tropicales más antiguas del mundo, un complejo ecosistema de 130 millones de años que brinda una salvaje inmersión en la naturaleza. La mejor experiencia que se puede realizar es pasar la noche en alguno de los observatorios, que son simples chozas construidas en lugares elevados para que los visitantes duerman (o lo intenten) en contacto directo con la fauna del lugar.

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Por el día, la exploración del parque pasa por recorrer el sistema de baldaquinos o pasarelas de tela que cuelgan de los árboles, dar agradables paseos en barco por el río o atreverse con alguna de las rutas de avistamiento de aves, la exploración de cuevas o la escalada al monte Gunung Tahan. 

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El archipiélago de Langkawi

Algo alejado de la costa de Kedah, este grupo de 99 islas tropicales acariciadas por el mar de Andamán y coronadas por un halo de leyenda constituye uno de los más bellos rincones de Malasia. Un rosario de idílicas playas con hoteles de buen gusto que armonizan con el entorno, un paraíso para el submarinismo en el Parque Marino de Pulau Payar y un destino duty-free que permite compras superbaratas.

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Pero sobre todo se trata de un lugar que conserva su autenticidad en el estilo de vida de los lugareños granjeros y pescadores, en las aldeas con casas de madera rodeadas de palmeras o en los apacibles arrozales que tapizan los campos y que son la versión sencilla de las soberbias atracciones naturales de las que hace gala este archipiélago.

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Borneo

En la parte malasia de Borneo (el resto de la isla pertenece a Indonesia) ningún viajero debería perderse el Parque Nacional de Mulu, que es la joya de la corona del estado de Sarawak. Una gigantesca red de cuevas con un pasaje subterráneo capaz de dar cabida a cuarenta Boeing 747. Tampoco el P.N. de Bako, con sus imponentes acantilados y su colonia de monos narigudos.

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En Sabath, el más oriental de los estados, se yergue el monte Kinabalu, el más alto de sudeste asiático, y dos enclaves que atraen a visitantes de todos los rincones: el centro de recuperación de orangutanes de Sepilok, donde se ven los primates vagando por el bosque; y el río Kinabatangan, un santuario de vida salvaje por el que parten safaris en busca de rinocerontes de Sumatra o elefantes asiáticos.

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Las islas

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Redang, Pangkor, Sipadan, Tioman, Perhentian... Si de algo presume este país es de sus encantadoras islas, tan salvajes como las de Tailandia, pero menos concurridas y apenas rendidas al turismo. Se encuentran desperdigadas por todo el territorio, desde las que salpican la costa oeste, jalonadas de pueblos pesqueros y resorts de lujo, hasta las que se asientan en el Mar de China, enmarcadas por unos fondos coralinos que se cuentan entre los mejores del mundo (lo dijo el mismo Jacques Cousteau) para la práctica del buceo. Todas están cubiertas por jungla virgen, cocoteros playas de arenas blancas y unas aguas color esmeralda cuajadas de anémonas y peces de colores.

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