Un lugar llamado Chitwan: en lo más profundo de la selva del Himalaya

Conocemos Nepal, el pequeño país del Himalaya, por acoger las montañas más altas de la Tierra, con el Everest a la cabeza, pero la variedad de su territorio hace que en las tierras del sur se extienda uno de los espacios naturales de visita más recomendable del continente asiático.
 

Alfredo Merino
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Con la mano levantada sobre la cabeza, Kamal detiene a los turistas que le siguen por el estrecho sendero. El guía se agacha y señala en el suelo las inconfundibles huellas. “Bagha” (tigre), murmura. Los occidentales se abalanzan para verlas y tomar fotos apresurados, sin dejar de lanzar desconfiadas miradas a la impenetrable vegetación que les rodea. El silencio repentino en que se ha sumergido el entorno aumenta por momentos la inquietud de los occidentales, pero no es otra cosa que los animales enmudecidos por el estrépito de la pequeña caravana.

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Pasado el sobresalto, el temor se disipa mientras en el frondoso dosel resuenan de nuevo los provocadores graznidos de los calaos gigantes. La presencia del temible cazador rayado es el mayor atractivo del Parque Nacional de Chitwan, aunque avistarlo ya resulta algo más que difícil. Las improntas sobre el barro es lo único que llegan a ver los visitantes en sus paseos por la selva, y eso si tienen suerte. Lo normal es conocer del gran felino solo leyendas y cuentos truculentos. Su escaso número y esquivas costumbres nocturnas le convierten en un fantasma de la jungla.

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No ocurre lo mismo con el resto de la comunidad animal con la que el gran gato comparte hábitat, hasta el punto de que este se considera el lugar más recomendable del continente asiático para descubrir fauna salvaje. El Parque Nacional de Chitwan, y más concretamente la densa jungla de este espacio natural protegido desde el año 1973 (fue el primero de su país en serlo) alberga Más de 700 especies de animales, incluidos sus propios “big five”, cinco grandes mamíferos: tigre de bengala, rinocerontes de un solo cuerno, elefantes, gaviales y leopardo asiático. 

Situado al pie de las colinas del Terai, al sur de Nepal, el espacio protegido se extiende a una altitud media de 150 metros. Cuesta creer que el país del Himalaya, donde se reúne la mayor concentración de las montañas más altas de la Tierra, con el Everest a la cabeza (8.848 metros), y cuyo horizonte imaginamos erizado de cumbres y aristas de nieve, roca y hielo, tenga un escenario cuajado de densas selvas atravesadas por grandes y remansados ríos, que parece más propio del interior de Birmania. Con una extensión de 934 kilómetros cuadrados, el Parque Nacional de Chitwan fue el primer espacio natural protegido que se creó en el reino de las nieves, en 1973. Solo once años más tarde se clasificó Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A 170 kilómetros al sur de Katmandú, Chitwan ocupa las amplias cuencas de los ríos Rapti, Reu y Narayani. Los bosques subtropicales son el principal ecosistema, cubriendo el 70 por ciento del territorio. Su nombre lo explica. En el idioma local, Chitwan significa “corazón de la selva”. El árbol sal es la especie más abundante; baheras, pinos chir, ceibas, acacias, palisandros, manzanas de elefante y anogeisos son otros árboles frecuentes. Su conjunto forma una impenetrable fronda que solo se apacigua en las cercanías de las grandes corrientes fluviales, cuyos anuales desbordamientos, consecuencia de las lluvias monzónicas, favorecen la aparición de grandes planicies cubiertas por abiertos y verdes herbazales. El clima condiciona de manera notable las actividades en esta parte de Asia, por lo que es imprescindible elegir bien el momento estacional de la visita. De marzo a finales de mayo, el ambiente es caluroso y húmedo, aunque escasean las precipitaciones.

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A partir de esas fechas y hasta el mes de septiembre se presenta la temporada de monzones. Caracterizada por lluvias torrenciales, los ríos se desbordan, los caminos se vuelven impracticables y es frecuente que el Parque cierre sus puertas ante la imposibilidad de recorrerlos. Entre octubre y febrero se sucede la estación fría. Son estos meses el mejor momento para la visita, por las atmósferas limpias y las temperaturas agradables en las horas centrales del día, aunque en la noche desciende el termómetro.

Los “big five” de Asia

Más de 700 especies de animales viven en las espesuras del primer Parque Nacional nepalí, destacando más de 550 aves diferentes, muchas tan sencillas de descubrir como los citados calaos. También confiados faisanes de plumajes impensables, eléctricos martines pescadores que se zambullen como rayos en el río para capturar pececillos y las innumerables zancudas que se contonean elegantes en las aguas más someras de cursos fluviales y lagos. Los escandalosos monos forman el otro grupo animal más fácilmente avistable. Destacan macacos y langures grises, acostumbrados ambos a la presencia humana. Son la más ostensible representación entre las 50 clases de mamíferos que viven en Chitwan y donde no faltan varios tipos de ciervos, gaures, hienas y jabalíes.

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Sobre todos ellos destacan los cinco grandes. Igual que en el África Oriental, en Chitwan se localiza un grupo sobresaliente de criaturas únicas por su magnificencia y exclusividad: el tigre de Bengala, el rinoceronte indio, el elefante, el gavial y el leopardo asiático. Sería injusto no añadir a tan escogida nómina a otras estrellas que pueblan este entorno virginal: el oso perezoso, el escasísimo leopardo de las nieves, de presencia esporádica en las zonas más apartadas del Parque; el delfín del Ganges y la cobra real, reina temible de una tribu de 17 clases de serpientes que anidan aquí y que hacen valorar con aprehensión a los turistas la posibilidad de caminar por los senderos selváticos. 

Hay que señalar que la deforestación y el furtivismo, fenómenos ambos agravados en el periodo maoísta que se desarrolló entre 1996 y 2006, puso contra las cuerdas a las dos megaestrellas de esta fauna: tigres y rinocerontes. El uso por la medicina tradicional china de los huesos y otras partes de los primeros (también de los osos) y el comercio con sus pieles y con los cuernos de los rinos estuvo a punto de acabar con ambos mamíferos. El furtivismo no se ha desterrado del todo, pero la guardería del Parque y la concienciación de las poblaciones locales ha limitado sus efectos. Chitwan se ha convertido en el primer espacio natural acreditado con el Nivel de Protección Garantizada del Tigre, otorgado por la prestigiosa Conservation Assured Tiger Standars. Se calcula que hay más de 120 ejemplares de tigre y su población muestra un lento incremento. 

Frente al unicornio

Si descubrir un tigre es prácticamente misión imposible, contemplar al otro astro del lugar resulta algo más cotidiano. Medio dormidos en los bajíos del Rapti, ramoneando en las feraces praderas cerca de algún lago y entre las hierbas de hasta ocho metros de altura –las más altas del mundo– no es difícil descubrir a los rinocerontes unicornios. Ejemplares solitarios, madres con crías y grupos de jóvenes se esparcen por este paraíso, indiferentes a las caravanas de elefantes con los lomos repletos de turistas que pasan por su cercanía.

Más de 500 rinocerontes indios de los 5.000 que quedan en el mundo viven en el Parque Nacional de Chitwan. Son querenciosos de las zonas húmedas, donde suelen pasar las jornadas con el agua hasta el hocico refrescándose y para protegerse de los insectos. Los guías conocen sus costumbres, lo que favorece poder enseñarlos a los turistas. No es extraño tampoco ver a estos colosos en alguna de sus excursiones de basureo nocturno por las calles de Sauraha, junto a la entrada del Parque. Situación de la que, sobra decirlo, hay que escapar de inmediato, dado el imprevisible e irascible carácter de estos peligrosos gigantes de la jungla. 

Tampoco resulta excepcional avistar elefantes silvestres. No hablamos de los ejemplares domesticados sobre los que los turistas viven un par de horas de soñada aventura o se bañan con ellos, sino de paquidermos salvajes que viven libres en la selva. Sin alcanzar el grado de amenaza de los búfalos cafre africanos, los gaures, bóvidos salvajes, son otros animales que proporcionan también encuentros inolvidables.

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Más amenazadora es la presencia de osos bezudos. También llamados perezosos, tienen un carácter menos tímido que elefantes y rinocerontes, no siendo infrecuentes los episodios de ataques en busca de comida o por sentirse amenazados. La experiencia de los guías minimiza estos peligros, convirtiendo el recorrido de los senderos del Parque Nacional de Chitwan es una de las experiencias más auténticas que puede tener el visitante de este sobresaliente espacio natural.

Para minimizar el riesgo que siempre implica el encuentro con un animal salvaje, nunca hay que separarse del guía que marcha al frente del grupo, obedeciendo sus órdenes e indicaciones en todo momento. Rinocerontes, tigres, elefantes salvajes y leopardos han producido ataques ocasionales a humanos. También los cocodrilos en aquellas zonas de los ríos donde suelen bañarse los turistas. Aunque la amenaza más implacable que padecen los visitantes son los abundantes mosquitos.

Un paseo por la jungla

Hay varias posibilidades de recorrer la selva. La más popular son los paseos en elefante. Pocos se resisten a adentrarse en una jungla que suponen plagada de tigres y rinocerontes igual que hacían los marajás. El recorrido es más incómodo, pues hay que compartir la fatigosa estructura de madera en la que se viaja con otros tres turistas. Dura alrededor de una hora y no se alcanzan partes intrincadas del Parque; sin embargo, se visitan lugares querenciosos para los rinocerontes. El Elephant Breeding Centre es el lugar donde se inician estas excursiones. Situado a la entrada del Parque, depende del obierno de Nepal y es el lugar en el que se adiestran y viven los elefantes que son domesticados. Es uno de los dos centros de sus características que hay en el mundo.

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La visión del lugar desencanta a los visitantes, pues los paquidermos viven aquí el peor periodo de su vida. Atados con cadenas a robustos postes clavados en la tierra, madres y crías aprenden a doblegar su naturaleza salvaje. Los detractores del centro señalan que en realidad se trata de una cárcel en la que se infringe a estos gigantes castigos físicos, hambre y sed para que obedezcan las órdenes de sus cuidadores, los conocidos mahout, que significa “conductor de elefantes”. El adiestramiento corre a cargo de un mahout para cada elefante. La intensa relación crea profundos vínculos entre animal y cuidador que duran toda la vida. 

Las autoridades del Parque se defienden de las críticas de este método cruel al señalar que en Chitwan los elefantes domesticados son imprescindibles, al ser la única manera de acceder a los lugares más remotos del Parque para controlar a los furtivos que matan rinocerontes, tigres y elefantes salvajes. Al mismo tiempo, subrayan que su atractivo turístico es un importante aporte a la economía de las poblaciones locales, que así respetan y protegen el espacio natural y a su fauna.

Mucho más recomendable, por lo que supone de respeto a los elefantes, es recorrer la selva a pie, marchando al lado de los paquidermos, actividad que realizan algunas compañías turísticas y proporcionan hoteles asentados en el Parque. Se trata de caminar junto a un grupo de estos gigantes, sintiendo su enormidad junto a nosotros. En su compañía, la sensación de seguridad es total y el paso de los elefantes no asusta a la fauna silvestre, lo que sí ocurre con los vehículos todoterreno e incluso con los grupos que marchan a pie. Pero, sobre todas las demás cosas, se trata de una actividad ética que no atenta contra la dignidad de estos animales.

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Los más cómodos o quienes sienten aprehensión ante la cercanía de fauna tan especial como los elefantes, eligen una excursión en vehículo todoterreno. Similares a los safaris africanos, son más breves, unas cuatro horas, aunque pueden contratarse con horarios a medida. La naturaleza selvática del terreno limita la visión de grandes panoramas y también de la fauna que encuentra refugio en el dosel vegetal en cuanto escuchan el ruido de un motor.

Más aventureros son los recorridos en piragua. En esta ocasión el objetivo principal es contemplar la avifauna ligada a las zonas fluviales e intentar avistar a dos especies míticas del lugar: delfines del Ganges y gaviales, cocodrilos de hocico afilado que son de los saurios más escasos del mundo. Su escasísimo número hace complicado avistarlos. No así a los grandes cocodrilos hindús, otra especie de grandes reptiles residente en el Parque, adormecidos bajo el Sol sus más de tres metros de rotunda anatomía en los playazos del Rapti.

A pecho descubierto

Las excursiones a pie son la opción más auténtica para conocer Chitwan. La actividad proporciona un intenso contacto con la Naturaleza y avistamientos de gran cantidad de aves, monos, antílopes, búfalos y, si hay suerte, rinocerontes y elefantes salvajes. Son paseos en los que pequeños grupos de turistas recorren la selva comandados por un guía. No son muy exigentes a nivel físico, pues duran un par de horas (aunque pueden contratarse recorridos de varios días, con acampada en tienda). Sí requieren cierta fortaleza de ánimo, ya que hay que adentrarse a pecho descubierto en una selva que se presupone llena de fieras letales, sin más arma que un palo.

En ocasiones hay que abrirse paso por sombríos túneles abiertos en las espesuras, otras se cruzan las agobiantes sabanas donde proliferan las gigantescas hierbas de elefante. Los encuentros y avistamientos se suceden con mucha emoción y, por lo general, escaso peligro. La pericia de los guías y la naturaleza esquiva de los animales salvajes hacen que el mayor riesgo al que se exponen los turistas sea agotar las baterías de sus aparatos por los cientos de fotos y selfis que disparan en una experiencia que nunca olvidarán: explorar el Parque Nacional de Chitwan, el corazón de la selva del Himalaya.