Por los cerros de Úbeda

Manuel Mateo Pérez
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Todo viajero que llega hasta Úbeda se hace siempre la misma pregunta: “¿Dónde quedan los cerros?”. Los guías que acompañan a los visitantes a una de las ciudades más monumentales de España tienen preparado desde hace años una respuesta a ese insistente interrogante. De cara al valle del Guadalquivir, entre lomas de olivos y serrezuelas que se encrespan hasta la cordillera montañosa de Mágina, los guías de la ciudad aseguran: “Ante ustedes los famosos cerros”.

El origen de esta frase sigue sin estar claro, aunque todo apunta a que fue concebida en tiempos de la conquista cristiana. Cuentan las crónicas que el rey castellano Alfonso VIII, vencedor en la batalla de las Navas de Tolosa, quiso volver a plantar cara a los almohades en la vecina ciudad de Úbeda. Para ello mandó a Alvar Fáñez, su más valeroso caudillo, que se destacó con su mesnada a los alrededores de la entonces ciudad andalusí. Cierta tarde que el apuesto gerifalte entretenía sus tediosas horas a la espera de entrar en batalla encontró en un arroyuelo a una bella joven árabe. Al poco rato ambos quedaron hechizados por el amor, hasta el punto de que la hermosa joven lo citó al día siguiente para dar rienda suelta a sus más encendidos deseos. La mala fortuna quiso que aquella noche Alvar Fáñez recibiera la orden de entrar en combate. Dividido entre la obligación dictada por su rey y el deseo de encontrarse con su amante decidió al fin sucumbir a las tentaciones de la princesa que lo esperaba en una almunia cercana a la ciudad. La historia recuerda que muy dura fue la batalla, más fueron los cristianos los vencedores de aquel envite. No obstante, el rey Alfonso VIII estaba enfurecido al no ver a su fiel caudillo en el fragor de la contienda. Una vez que entró en la ciudad el monarca lo llamó a su presencia y con tono malhumorado le preguntó dónde había pasado la noche. Alvar Fáñez, embebido aún por tanta caricia recibida, dijo al fin: “Por esos cerros de Úbeda, mi señor, por esos cerros...”.

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Úbeda es junto a su hermana y vecina Baeza ciudades Patrimonio de la Humanidad y dueñas de uno de los más esclarecedores patrimonios renacentistas de España. En realidad los cerros quedan por todos los lados, pero son más bellos desde la Redonda de Miradores, que es un dulce y espigado paseo que se esparce a un lado de la ciudad monumental, a un centenar de metros de la plaza Vázquez de Molina, resumen estético e histórico de la ciudad patrimonial. Desde allí se divisan los campos infinitos de olivos que en unas semanas engordarán las aceitunas para serán recogidas para con ellas elaborar el mejor aceite de oliva virgen extra. Úbeda es la capital de la comarca de La Loma, la mayor productora mundial de aceites de oliva. Hay tiendas especializadas en aoves en toda la ciudad de Úbeda. Lo mejor es pasear primero la plaza Vázquez de Molina, donde se halla la capilla de El Salvador y el parador de turismo para luego subir hasta la vecina plaza del Mercado y pasear los alrededores donde, entre otros monumentos, abre sus puertas el convento de San Juan de la Cruz. Barrios populares y aristocráticos salpicados de palacios renacentistas e iglesias de similar estilo, algunas de ellas proyectadas por el genial arquitecto Andrés de Vandelvira, nos harán creer que hemos viajado en el tiempo.