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Centauros del Rif: El enigma de la tradición ecuestre Mata en una ruta por el Marruecos que conquistó a los artistas

La historia y la vanguardia se fusionan a orillas del Atlántico en este pedacito marroquí convertido en imán creativo.

De Tánger a Asilah pasando por el Marruecos más auténtico

De Tánger a Asilah pasando por el Marruecos más auténtico / Gonzalo Azumendi

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Suspendido entre la inmensidad del océano Atlántico y las cumbres del Rif, el norte de Marruecos custodia una tierra tejida de grandes leyendas de artistas y tradiciones. La mayoría de viajeros llegan para visitar las murallas blancas de Asilah o el encanto de Tánger, ciudades que han conquistado a escritores, pintores y músicos de todo el mundo. Sin embargo, para profundizar en esas historias es necesario alejarse un poco de la costa y sumergirse en un Marruecos rural y cargado de autenticidad.

El Marruecos más rural desvela un sinfín de tradiciones fascinantes

El Marruecos más rural desvela un sinfín de tradiciones fascinantes / Gonzalo Azumendi

A unos 50 kilómetros al sur de Tánger, en un extenso prado de la comuna de Beni Arouss y muy cerca de la localidad de Zniyed, provincia de Larache, se celebra el Festival Internacional Ecuestre Mata. Un acontecimiento que va mucho más allá del folclore, ofreciendo al visitante un viaje a la identidad de esta región.

Según la tradición, esta competición de cientos de años de antigüedad, está vinculada a la figura de Moulay Abdessalam Ben Mchich, un santo sufí del siglo XII fundador de Mashichiya Shadhilia, una de las corrientes más influyentes del islam espiritual que se extendió desde el Magreb hasta Asia. Basada en antiguas prácticas ecuestres asiáticas, ha sobrevivido a lo largo de los siglos, convirtiéndose en uno de los eventos culturales más importantes del país. Actualmente se festeja bajo el patrocinio del rey Mohamed VI y está presidido por Nabil Baraka, un destacado empresario y líder cultural marroquí.

Una leyenda viva

Hemos llegado a las estribaciones de la cordillera del Rif, donde el aire fresco de las montañas se funde con la humedad del Océano Atlántico. Un territorio habitado por la etnia yebala, dedicada a la tierra y al pastoreo. Es ese el principal motivo de que se lleve a cabo aquí este festival, honrar las fértiles tierras. La estampa evoca rápidamente las estepas del desierto de Gobi, en Mongolia, trazando un puente entre dos continentes y dos culturas, la de los jinetes nómadas y la de las tribus bereberes.

Una emocionante carrera ecuestre homenajea estas tierras del norte de Marruecos

Una emocionante carrera ecuestre homenajea estas tierras del norte de Marruecos / Gonzalo Azumendi

La competición gira en torno a una muñeca de trapo elaborada por las mujeres de las aldeas locales. Bautizada con el nombre de “Mata”, los jinetes, galopando a pelo sobre sus caballos, deben luchar por apoderarse de ella y evitar que nadie se la arrebate. El vencedor otorga a su tribu el honor de contar con buena fortuna para futuras cosechas, además de un inmenso prestigio social y recompensas en grano para su comunidad. La muñeca también simboliza la fertilidad, la prosperidad, actuando como un icono del matriarcado.

Alrededor de este hipnótico espectáculo de caballos galopando a toda velocidad, con el polvo levantándose sobre el horizonte, tiene lugar la verdadera magia del festival. Tribus reunidas, familias enteras llegadas desde distintos puntos y cantos tradicionales celebran una perfecta fusión entre las culturas amazigh, árabe y sufí. Las sensaciones se terminan de desbordar en medio de toda la multitud bailando y cantando.

Una ruta marroquí entre el océano y el arte

Recorrer una de las franjas costeras más ricas del norte de África es encontrarse con artistas y escritores que sucumbieron a su magnetismo. Tánger es el punto de partida ideal para ello. Por sus calles han paseado genios como Henri Matisse, Paul Bowles, Tennessee Williams o Jean Genet en busca de inspiración para sus obras. El mito literario sigue vivo en sus cafés históricos y en los diversos miradores que se levantan sobre el Estrecho, con el mítico Café Hafa como parada indispensable para sentir ese aire bohemio.

Las calles de Asilah respiran creatividad por los cuatro costados

Las calles de Asilah respiran creatividad por los cuatro costados / Gonzalo Azumendi

En la Kasbah toda la espectacularidad de la ciudad se magnifica descendiendo entre coloridas calles laberínticas que conducen a tiendas de artesanos especializadas en cuero, cerámica y otros productos locales.

Más al sur, a poco más de media hora en coche, se encuentra Asilah, mostrando una versión más tranquila y coqueta del litoral atlántico. Envuelta por níveas murallas levantadas por los portugueses en el siglo XV, invita a disfrutar de un magnífico paseo guiado por los murales artísticos que decoran sus casas y siempre acompañado por el rumor de las olas que golpean los viejos muros. Cualquiera de sus rincones merece una fotografía, pero también pararse a charlar con los lugareños y dejarse sorprender por sus tradiciones