Cenar en la casa de José Luis Perales o ver una procesión congelada: la Cuenca que no esperabas

Hay muchas maneras de visitar la provincia de Cuenca, pero pocas para que sea una escapada única. Te proponemos pasar un día  que va mucho más allá de las Casas Colgadas

Luis Meyer
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Foto: Leticia Díaz / Bteam

Un paseo mañanero por un paraíso (casi) desconocido

El parque natural Serranía de Cuenca (al noroeste de la provincia, ocupa buena parte de la Serranía Alta) no suele figurar en las principales rutas turísticas de nuestro país. Y ese es, posiblemente, el mayor de sus encantos: la sensación de estar descubriendo un tesoro, algo bellísimo que solo conocen unos pocos, en un tiempo en que prácticamente todo está descubierto. 

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Recorrerla es imbuirse de paisajes bellamente extraños, donde las hoces y cañones se levantan modelados por la naturaleza sobre la piedra kárstica, de la que surgen como por arte de magia densas zonas boscosas de pinos, tilos y acebos. Águilas y halcones suelen ser compañeros habituales de travesía desde lo alto, y si uno tiene paciencia, se cruzará fácilmente con algún corzo, ciervo o zorro. La fauna sumergida también tiene su protagonismo: todos sus ríos, arroyos y lagunas suelen estar recorridos por bancos de truchas. 

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Alta cocina en un bar de pueblo

Cuando uno llega a Huerta del Marquesado, un pueblo de la serranía de apenas 200 habitantes, a más de mil metros de altura y al que se llega después de recorrer fatigosamente los cientos de curvas de una carretera serpenteante, lo último que espera es encontrar uno de los puntos calientes de nuestra nueva cocina recién galardonado con un sol Repsol

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Y menos aún cuando los propios fundadores de Fuentelgato reconocen que el restaurante nació por casualidad: los jovencísimos Olga García y Álex Paz (no pasan de los 25 años) tenían en mente desarrollar su carrera gastronómica en Valencia, pero los altos precios de los locales les animaron a montar un proyecto piloto en el bar que la familia de ella regenta en Huerta de Marquesado, para ir testando los platos hasta que pudieran permitirse dar el salto a la ciudad del Turia.

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Empezaron con un accesible menú degustación y el bocaoreja hizo el resto: se les fueron acumulando las reservas, cada vez de lugares más lejanos, y el restaurante aparecía en cada vez más revistas y blogs especializados. De esto hace ya casi tres años. 

“Por el momento nos hemos quitado de la cabeza la idea de volver a Valencia”, anuncia Olga, “aquí nos va inesperadamente bien y estamos muy a gusto en este entorno rural”. Su oferta gastronómica varía a lo largo del año y va más allá de productos locales: “Por supuesto tenemos ingredientes de cercanía, pero no nos limitamos a eso porque no nos permitiría elaborar platos con productos del mar, y a nosotros nos gusta innovar y experimentar todo el rato sin condicionantes”, dice la joven chef. 

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Además de su carta (pertenecen a la asociación de Raíz Culinaria, la iniciativa desde la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para impulsar la gastronomía de la región), el otro mayor encanto de Fuentelgato es el local: una pequeña estancia de luz indirecta acogedoramente decorada que sigue a rajatabla lo de “mejor que en salón de tu casa”, con espacio para 12 comensales y a la que solo se accede después de pasar por el bar de pueblo original, como una suerte de ‘speakeasy’ rural.  

Una sobremesa con mucho arte

De camino a la ciudad de Cuenca, conviene parar en alguno de los bellos pueblos que jalonan la serranía, como Valdemeca o Cañete. Pero allí espera algo más que callejuelas empedradas y encantadoras fachadas que te trasladan a otros tiempos. El paisaje ilustrado del artista Luis Zafrilla es una obra de arte que se anticipa a lo que hoy conocemos como ‘realidad aumentada’: esculturas troqueladas a escala humana, como figuras recortadas de lienzos hiperrealistas,  recrean escenas costumbristas de la zona con un nivel de detalle desconcertante.

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Hasta el punto de que parece que en cualquier momento te puede hablar ese pastor que dirige a sus ovejas, los mozos que trepan por un muro en las fiestas del pueblo, las mujeres que recogen agua a la orilla del río o los costaleros de una procesión congelada en el tiempo para la eternidad. 

El atracón creativo no termina aquí. Porque ya en Cuenca, el ceramista Fernando Alcalde demuestra cómo un artesano puede convertir los objetos más cotidianos (vajillas, cuencos, tazas, fuentes… ) en puro arte.

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Cada pieza es única y se elabora a mano con las mismas técnicas que se han utilizado durante siglos, como la mezcla de minerales para la creación de colores o el uso del tiempo de cocción para conseguir diferentes tonalidades. 

Cenar en el salón de una estrella

Y nada mejor que terminar esta jornada tan singular convirtiendo la cena en una experiencia aún más singular: entre las cuatro paredes de quien es, hoy por hoy, el artista más reconocido de la región. El restaurante Figón del Júcar, en pleno casco histórico y a pocos metros de las casas colgadas, se aloja en el que fue hogar del músico José Luis Perales, una preciosa casa de tres plantas de fachada empedrada, con una terraza que se aboca a la hoz del Júcar.

Recomendamos degustar su Menú Romántico (delicias de ajoarriero con fruta exótica, calamarcito relleno sobre de langosta, cordero relleno…) como guinda inmejorable para un día inolvidable en Cuenca.