Cataluña de arriba abajo: de los Pirineos al mar

Una ruta que parte de las cumbres pirenaicas y culmina en el Mediterráneo

Redacción Viajar
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Foto: Eloi_Omella / ISTOCK

Nos acercamos hasta el Vall d’Arán, considerado el único valle atlántico de toda Cataluña y que tiene una personalidad singular. Aquí es donde nace el Garona, que atraviesa todo el valle desembocando en el océano Atlántico después de atravesar toda Gascuña.

Vista al Vall D'aran | Eloi_Omella / ISTOCK

Este rincón montañoso además tiene un 30% de su territorio por encima de los 2.000 metros de altitud, como la montaña Miedia que alcanza los 2191 metros de altitud. Pero no es eso, es que a vista de pájaro forma una gran barrera natural que impresiona a aquel que tiene la suerte de poder admirarlo.

Arrancamos nuestra ruta por los Pirineos de Cataluña que empiezan en las más altas elevaciones y acaban a ras del mar. ¿Nos acompañas?

Las joyas románicas del Vall de Boí

El románico es la expresión artística y espiritual más importante de la Edad Media. En este rincón de los Pirineos de Cataluña se concentra una parte destacada del legado que en este entorno rural se ha mantenido prácticamente intacto. El románico de Vall de Boí es excepcional por la concentración en un espacio reducido de un número tan elevado de iglesias de un mismo estilo arquitectónico, nueve para ser exactos, que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La Vall de Boí, en Cataluña | Raquel GM / ISTOCK

Aventura en el Pallars

Dale un toque de adrenalina a la ruta. Para ello desplázate hacia el norte del Pallars Sobirà, una zona marcada por la fuerza del río Noguera Pallaresa. Nace a más de 1.900 metros de altura, tiene una longitud de 154 kilómetros, y es famoso por su oferta de deportes de aventura y de aguas bravas. El río combina tramos con gran caudal de agua y rápidos con otros más relajados para contemplar el paisaje arrastrado suavemente por la corriente.

El río Noguera Pallaresa a su paso por Gerri de la Sal, en Cataluña | ToniFlap / ISTOCK

La Seu d'Urgell y La Molina

Dejando atrás las aventuras del Pallars, enfila hacia el puerto del Cantó hasta llegar a la Seu d'Urgell, sede del obispado y de la catedral de Santa María d'Urgell, la única catedral románica de Cataluña. Por el municipio pirenaico desfila el río Segre, si sigues su curso hacia el este llegarás a la Cerdanya, que tiene en el trinxat uno de sus platos estrella. Esta comarca acoge la estación de La Molina, la decana de los deportes de invierno en Cataluña y en España. Desde 1943 hace las delicias de los aficionados a la montaña, tanto en invierno como en verano.

Catedral de la Seu d'Urgell, en Lleida | curtoicurto / ISTOCK

La portada románica de Ripoll

A 50 minutos de la estación el decorado cambia por completo. Te diriges hacia Ripoll para visitar uno de los iconos arquitectónicos del territorio, el monasterio de Santa María de Ripoll. Tómate tu tiempo para seguir con la mirada cada detalle de su portada románica monumental, que data de mediados del siglo XII.

Monasterio de Santa María de Ripoll | agafapaperiapunta / ISTOCK

Hacia la tierra de los volcanes

Reanuda la marcha. Por los túneles de Capsacosta te adentrarás en el mundo volcánico catalán, el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, con 12.000 hectáreas de espacio protegido que incluyen más de cuarenta cráteres rodeados de vegetación. Este rincón es una pequeña obra de arte natural.

Castell Follit de la Raca, en La Garrotxa, Cataluña | curtoicurto / ISTOCK

L'Empordà de Salvador Dalí

Aunque si hablamos de arte, en Cataluña es imposible no pensar en L'Empordà, el territorio que vio nacer e inspiró al genio del surrealismo, Salvador Dalí. Su sombra es alargada en estas tierras bañadas por el Mediterráneo donde los Pirineos de Cataluña marcan el punto y final. Va desde Portlligat, donde tenía su residencia, pasando por Púbol, donde está el Castillo Gala Dalí, y culmina en Figueres con el Teatro-Museo Dalí. El propio artista supervisó todo el proceso de diseño y creación de este espacio cultural dejando su firma en cada rincón.

Fachada del Teatro-Museo Dalí | LARISA DUKA / ISTOCK