Casona d'Alevia (Alevia, Asturias)

Cuando uno ha cruzado Picos de Europa y ha afrontado las curvas de la carretera que atraviesa la sierra del Cuera sólo para alcanzar un hotel perdido del que ha oído maravillas, lo mínimo que espera es un buen fuego con el que resarcirse. La Casona d''Alevia le agradece el esfuerzo con una chimenea situada frente a un elegante piano de cola y encendida permanentemente en los meses fríos. Una estancia penumbrosa y callada que vale todo un viaje. Guadalupe, la propietaria, nació en esta casa de labranza del siglo XV y se ha encargado de trasladar al actual hotel todo el calor de su infancia. Este silencio y esta cualidad de oasis inverso, cálido en un entorno congelado, es lo primero que aprecia el huésped que ha venido a reencontrarse consigo mismo o a procurarse unos días pacíficos con su pareja. Los anchos colchones de látex y las sábanas de algodón egipcio ayudan a todo ello y forman parte de los pocos detalles actuales que se permite el hotel. A su alrededor sólo se ven muebles tradicionales reciclados o reconvertidos, instrumentos cotidianos de anteriores generaciones y antigüedades modestas a las que aquí saben concederles su justo valor sentimental, como los arcones, las cestas heredadas, el pupitre transformado en zapatero o un palanganero que ahora sostiene las toallas. Hay también algunos enseres rescatados del madrileño Palacio de Linares, como la elegante cama de la habitación número 6, que cuenta con una cristalera abierta a Alevia y al valle que la rodea.

Cada una de las nueve habitaciones tiene su exquisito encanto particular, algunas con ventanucos diminutos y otras -dos de las tres dúplex- en un altillo abuhardillado. Todas ellas envueltas en muros de hasta 80 centímetros de espesor y suelos de castaño que refuerzan respectivamente la sensación de aislamiento y calidez rústica de toda la casa. Los propietarios saben que la otra cosa que viene buscando el viajero es esa conjunción espectacular de montaña y playa, como la de La Franca -llena de encanto melancólico en esta época-, a tan sólo diez minutos de allí. Para los aficionados a las excursiones campestres tienen preparado en la habitación un dossier con diversas rutas. En él no falta información para la ascensión al pico del Paisano, con una panorámica que abarca los Picos de Europa y el Cantábrico.

Pero sin tener que irse tan lejos, la propia aldea de Alevia exhibe casas de indianos como la Quinta de Arriba, restos medievales como los del Pico Jana o un mirador, el de San Antonio, que se asoma a todo el valle sobre los ríos Cares y Deva. Un paseo para el que el hotel prepara a sus huéspedes desde primera hora con un desayuno abundante, diferente cada día. Todas las mañanas abarrotan la mesa del comedor -una antigua cuadra- los huevos de corral con panceta, los tortos, las típicas corbatas, el pan tostado de hogaza, los zumos recién exprimidos y una larga lista de frutas de temporada. Forman parte del comestible mensaje de bienvenida con que la Casona d''Alevia saluda a cada uno de los pacíficos días del bucólico otoño asturiano.

Situación: La Casona d''Alevia se encuentra a tres kilómetros de Panes por la carretera PB-2, que trepa por la sierra de Cuera.
Habitaciones: seis dobles y tres dúplex. Todas cuentan con baño, zona de estar, televisión, teléfono, conexión a Internet, calefacción, libros, dossier con rutas, cafetera y una botella de orujo.
Precio: doble, 73 €, y dúplex, 90 €, en temporada baja.
Servicios e instalaciones: comedor de desayunos, salón con chimenea, biblioteca, museo etnográfico, terraza, jardín y zona de aparcamiento.
Contacto: Tel: 985 414 176 y www.casonadalevia.com
Un detalle: los tortos de maíz dulce con mermelada que nunca faltan en los pantagruélicos desayunos caseros.