Carnota, un lugar mágico donde el Olimpo celta se asoma al mayor arenal de Galicia

¿Te gusta la mitología? Aquí tienes tazón y medio

José Miguel Barrantes Martín
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La Costa da Morte está plagada de leyendas y misticismo. La franja litoral que comprende desde Malpica hasta Muros hechiza por la magia que desprende desde tiempos inmemoriales.

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Esta magia, entroncada en su vertiente celta, rezuma por los cuatros costados en el municipio de Carnota, uno de los mayores exponentes de la mitología gallega. Un territorio plagado de rincones deslumbrantes que ha comenzado a reconocerse en los últimos años como un destino ideal para disfrutar del mundo rural.

El hogar del Olimpo celta

Al oeste de la mitad meridional de la provincia de La Coruña, el municipio de Carnota abarca cinco parroquias que se distribuyen desde casi el extremo occidental de la Ría de Muros y Noya hasta el tramo final del río Xallas.

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Una circunscripción poco poblada que da paso hacia el sur a las Rias Baixas mientras nos regala lugares extraordinarios en su parte más septentrional.

El tramo delimitado por la Punta de Caldebarcos y la playa de O Ézaro es una zona montañosa coronada por el pico de A Moa, la cota más elevada del Monte Pindo con sus 627 metros sobre el nivel del mar. Un espacio dominado por asombrosas formaciones rocosas que ha sido considerado ancestralmente como el Olimpo sagrado de los celtas.

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El Monte Pindo se muestra ante nuestros ojos como un lugar místico, desprendiendo un halo mágico que se viene alimentando a través de los siglos por las leyendas locales.

Las esculturales moles de granito que pueblan este espacio sagrado adquieren peculiares formas que han inspirado todo tipo de mitos e historias en torno a la tradición celta. No obstante, es probable que el nombre de Carnota proceda de un término del antiguo bretón que significa «piedra». La hechizante silueta de estos enormes bolos rocosos ha sido considerada desde la época celta como la materialización del espíritu de los druidas y ciertas deidades que eligieron este lugar como su morada. El Xigante da Mina, con su figura antropomorfa, es sin duda la más célebre de las formaciones, orientado hacia el cabo de Finisterre, considerado antiguamente como el final de la Tierra, contribuyendo a la creación de leyendas como la de la Reina Lupa y sus fieles guerreros.

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Al embrujo de las originales rocas se une el de las oquedades circulares que podemos encontrar en A Moa, su imagen más icónica y fruto de tradiciones ligadas a la acumulación de agua que se produce en estas cavidades tras las grandes precipitaciones de lluvia. Según la leyenda, esta agua adquiere propiedades mágicas otorgadas por las deidades que habitan el Monte Pindo. Mientras, a no mucha distancia de ellas hallamos también la Cova da Casa da Xoana, una abertura en la roca en forma de túnel en la que el folclore sitúa un espacio de reunión de las meigas en ciertos momentos del año.

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El Monte Pindo representa de esta manera uno de los entornos naturales cargados de mayor misticismo de toda Galicia, además de un auténtico museo geológico desde el que podremos admirar unas magníficas vistas panorámicas del inmenso arenal de la playa de Carnota, especialmente desde el mirador de Chan de Lourenzo, donde se respira una tranquilidad que pareciera situar en este punto el promontorio donde habita la diosa Irene, la hija de Zeus que personifica la paz.

La mayor playa de Galicia

La playa de Carnota, con sus siete kilómetros de longitud, constituye el mayor arenal de la región gallega. Siete kilómetros en forma de media luna que forman además una de las playas más hermosas de la costa noroccidental, formando junto con el Monte Pindo un espacio natural protegido incluido dentro de la Red Natura 2000 y declarado Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) de la Unión Europea.  

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Un arenal que oscila entre los varios centenares de metros y el medio kilómetro de anchura durante la bajamar, uniéndose con una extensa zona de dunas y marismas que enlazan con una laguna interior, propiciando la presencia de numerosas aves acuáticas que pueden ser contempladas desde un observatorio ornitológico. La desembocadura del río Valdebois vertebra este espacio natural desde el norte dando lugar a la apreciada playa de Boca do Río, famosa por las pozas de agua que aparecen entre las formaciones rocosas cuando baja la marea. Una maravilla natural frente al Monte Pindo que, junto con la cercana cascada de Ézaro, constituye lo más reputado del patrimonio ligado al agua de esta sección de la Costa da Morte.

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Más allá de los atractivos costeros, el municipio de Carnota es una caja de sorpresas. La mitología celta no se desprende de un hecho ficticio. Por el contrario, se trata de una realidad que se materializa en forma de vestigios arqueológicos de gran importancia, basada en túmulos y castros repartidos por este territorio, indicando la gran antigüedad de los poblamientos en la zona. El castro de Mallou y los petroglifos de As Laxiñas son los ejemplos más relevantes de entre las huellas que ha dejado esta cultura ancestral. 

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Mucho más recientes aunque de gran valor etnológico como símbolo del mundo rural son los hórreos de Carnota y Lira, los más largos del mundo con sus más de 30 metros de longitud. El primero de ellos, el mejor conservado, forma un conjunto excepcional junto a un palomar, otro hórreo de menor tamaño y la iglesia de Santa Columba a pocas decenas de metros.

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Un paraje cercano, en la parroquia de Lira, cuenta con el mirador del mismo nombre, desde el que es posible disfrutar de unas vistas increíbles. Un poco más al norte, por su parte, el mirador de As Paxareiras nos brinda un broche de oro a nuestra visita al municipio de Carnota con una espléndida atalaya que convive con una hilera de aerogeneradores, desde la que se domina gran parte de la línea costera de Carnota ofreciéndonos el lugar perfecto para contemplar la puesta de sol por el oeste.