Carmona, plató de cine

De entre todas las ciudades andaluzas Carmona es una de las más mimadas por el cine. Productores y directores llevan años fijando sus ojos en esta ciudad de la campiña sevillana, encaramada a un alcor desde donde domina el valle del río Corbones. Sus calles y sus plazas con escenario de decenas de películas y anuncios de televisión.De entre todas las ciudades andaluzas Carmona es una de las más mimadas por el cine. Productores y directores llevan años fijando sus ojos en esta ciudad de la campiña sevillana, encaramada a un alcor desde donde domina el valle del río Corbones. Sus calles y sus plazas con escenario de decenas de películas y anuncios de televisión.

Manuel Mateo Pérez
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Foto: carpaumar / ISTOCK

Carmona es la ciudad más fuerte de la Bética. Así lo expresó el emperador César al concederle toda suerte de privilegios a aquel municipio, situado a tan a solo treinta kilómetros de Sevilla. En las páginas de la historia Carmona figura como una ciudad principal. Ha sido mimada por la historia y por el cine. En sus calles y sus plazas, productores y directores del séptimo arte han encontrado los mejores escenarios para sus largometrajes o sus anuncios de televisión.

El Alcázar de la Puerta de Sevilla, la entrada principal al barrio antiguo, es el resumen de las diversas culturas que pasaron por aquí. Hoy es oficina de turismo, centro de interpretación de la historia de la ciudad e impagable mirador. Desde las almenas se divisan los campanarios barrocos que salpican el caserío blanco, la ubicación de las principales iglesias, las espadañas de los conventos y las torres de los palacios señoriales de una ciudad que resume mejor que ninguna otra la arquitectura tradicional andaluza.

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Hay que recorrer Carmona a pie y sin prisas. Del Alcázar parte una calle ancha y señorial que conduce hasta la plaza de San Fernando, una suerte de plaza mayor castellana donde se citan los vecinos a la caída de la tarde. A sus lados se alzan viejos edificios como la Casa Mudéjar, el Cabildo Viejo y los palacetes solariegos con balconadas, desde donde antiguamente se presenciaban los festejos taurinos. No está lejos la iglesia de San Bartolomé, ni el blanco y popular barrio de San Felipe, arracimado en torno a una torre mudéjar que ejerce como faro y guía de la zona. Otro de los barrios populares de la ciudad es San Blas. Está ubicado al norte de la trama urbana, y es fácil distinguirlo por sus calles retorcidas, sus plazuelas recoletas y sus casitas tradicionales. El barrio buscó acomodo en el trazado de la primitiva muralla árabe y de vez en cuando algún que otro lienzo de la desaparecida defensa se deja ver entre su maraña urbana. Su iglesia está plantada en el solar donde hasta el siglo XV hubo una sinagoga judía.

Carmona es una ciudad de calles empedradas, de farolas artísticas, de palacios aristocráticos que guardan en su interior la intimidad de un patio porticado, un pozo de agua fresca, la sombra generosa del limonero y el perfume del jazmín y el geranio.

En los conventos de Santa Clara y la Concepción hay tornos donde las monjas elaboran delicias de bizcocho, cortadillos, hojaldres, bollos y magdalenas hechas con harinas de Alcalá de Guadaira y aceite de oliva virgen extra prensado en las almazaras de la ciudad. En la plaza de Abastos, uno de los lugares más pintorescos de la ciudad, hay una veneración por la cocina tradicional, por la gastronomía de esta ciudad que hacia el sur ejerce como puerta de entrada a la Baja Andalucía: Aceitunas aliñadas con hierbas aromáticas de las sierras, pescados de Cádiz y Huelva, carnes rojas de los valles montañosos de Córdoba y dulces y repostería bañados en anís destilado en alambiques de firmas locales. 

El Ayuntamiento de la ciudad guarda en su interior algunos de los famosos mosaicos romanos que Carmona heredó de sus primeros dueños. Romanos son también los cimientos de la gran iglesia de la ciudad, consagrada a Santa María. Tiene rango de prioral y fue erigida sobre los restos de la desaparecida mezquita aljama. De aquella época se conservó el alminar, que hoy ejerce de campanario, y el patio de abluciones, un delicioso recinto perfumado por naranjos y flanqueado por un conjunto de galerías de arcos apuntados y gruesas columnas. El interior del templo responde a los postulados góticos y se reparte por un conjunto de capillas de otros estilos donde se veneran tallas religiosas salidas de las manos de los mejores imagineros andaluces.

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Próximo a la iglesia prioral de Santa María está el Museo de la Ciudad, ubicado en el palacio del marqués de las Torres. El edificio es soberbio. Data del siglo XVI, aunque fue remodelado en el XVIII. Sus salas ofrecen una exhaustiva revisión del pasado y de las tradiciones de la villa. El barrio alto de Carmona recibe el nombre de Santiago por la iglesia que en él se alza. El campanario del templo fue alminar de otra desaparecida mezquita. Calles arriba, al fin, dominando la ciudad y los alcores de la comarca se halla el Alcázar de Arriba y la Puerta de Córdoba. Este recinto amurallado encerraba en otros tiempos la villa y sus orígenes se pierden en tiempos de Roma. El alcázar fue objeto de numerosas remodelaciones, hasta que el rey Pedro I lo acondicionó para guardar en él tesoros, cuidar a sus amantes y encarcelar a sus enemigos. Al lado está el Parador de Turismo desde cuyas habitaciones y salones se advierte una vista impagable del valle a los pies. La Puerta de Córdoba, entrada y salida histórica de la ciudad en dirección hacia el norte, es un monumento más sencillo y amable. Sus pilares son romanos, pero desde principios del siglo XIX luce un semblante neoclásico fruto de las obras de restauración acometidas en aquellos años. A los pies de la Puerta, frente a la amplitud de la vega y los alcores, aguardan las ermitas de Nuestra Señora de Gracia, patrona de la ciudad, y de San Mateo. Son monumentos pequeños que por primavera son visitados por los vecinos que celebran romerías y fiestas campestres. Fuera de la ciudad antigua, más allá de los murallas que en otro tiempo la protegió, espera el templo de San Pedro, con su hermosa torre, oteando la ciudad nueva. No lejos se esparce la frondosa Alameda y su paseo romántico, indicando con su arboleda la dirección que el caminante debe tomar para llegar hasta Sevilla, hasta la capital de Andalucía. Pero ese será otro viaje. Carmona aún atesora emociones por descubrir.

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