Cardamomo: el sabor de la selva camboyana

Estos míticos montes con nombre de aromática especia albergan una de las mayores y mejor conservadas reservas naturales del sureste asiático. Un millón de hectáreas de jungla virgen repleta de fauna y decenas de caudalosos ríos que ejercen de autopistas naturales a través de los cuales se pueden alcanzar los lugares más recónditos. Un ecosistema que trata de sobrevivir frente a la caza furtiva, la tala masiva de árboles y la insaciable ambición humana.

Carlos Hernández
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Foto: Carlos Hernández

Camboya es un país extremo en todos los sentidos. Su historia está escrita con sangre, desde los tiempos en que el imperio jemer gobernaba toda Indochina hasta su más negro y reciente pasado de guerras civiles, invasiones extranjeras y regímenes genocidas. En los apenas 15 años que lleva disfrutando de una precaria paz, la nación ha experimentado un importante desarrollo económico marcado por las desigualdades, el desprecio al medio ambiente y la corrupción. El Gobierno, que dirige desde hace tres décadas el camaleónico y nada democrático primer ministro HunSen,se dedica avender los parques nacionales a empresas privadaspara que levanten en ellos lujosos resorts y casinos con los que atraer a ciudadanos de naciones vecinas como China y Tailandia, donde el juego es una actividad ilegal. Ejemplos de esta siniestra política se encuentrana lo largo de todo el país aunque quizás el caso más sangrante sea el de la reserva natural de Bokor. Esta montaña, antaño poblada por elefantes y otros mamíferos en peligro de extinción, ha sido "alquilada" por un poderoso grupo hotelero que ya ha comenzado la tala indiscriminada de árboles para construir en él una megaurbanización de lujo que contará con miles de viviendas unifamiliares, hoteles, restaurantes y un casino que ya se encuentra en pleno funcionamiento. Según las últimas estadísticas reales (que no oficiales), Camboya pierde cada año 1.000 kilómetros cuadrados de sus junglas.

Afortunadamente existe el otro extremo de la misma Camboya, en el que pequeños empresarios, organizaciones no gubernamentales, comunidades rurales, campesinos, pescadores y artesanos han puesto en marcha proyectos de turismo sostenible que se presentan como la última oportunidad para evitar la completa deforestación del país. En los montes Cardamomo están multiplicándose estas iniciativas, especialmente en su región meridional donde ríos como el Tatai o el PrekPhipot permiten al viajero adentrarse en lo más profundo de la jungla.

De cazador a guía de un hotel ecológico de lujo

"Mi abuelo y mi padre eran cazadores. Desde que aprendí a caminar les acompañaba en sus cacerías por la selva. Disparábamos a todos los animales: monos, elefantes... Todo servía para alimentar a nuestra familia". Hace ya más de cinco años que Sambo no empuña su rifle ni se dedica a talar árboles para vender su madera. Hoy es uno de los guías del hotel flotante "FourRivers" y utiliza toda su experiencia para mostrar con orgullo a los turistas las maravillas naturales de su tierra: "Mi vida anterior era muy dura. Pasábamos más de un mes en la jungla con poca comida y conviviendo con las sanguijuelas, las serpientes y los mosquitos. El turismo me ha dado... nos ha dado otra forma de vida mucho mejor y en la que no tenemos que destruir la naturaleza".

Quince de los veinticuatro trabajadores del "FourRivers" viven en KohAndet o en otras pequeñas localidades cercanas al hotel. Todos ellos han dejado de cazar y de talar pero además, lo que es quizás más importante, se han convertido en sus aldeas en verdaderos embajadores de la ecología. "Aprenden que es más gratificante en todos los sentidos mostrar la selva que destruirla", resume Anna Pawlik-Szocs. Ella es la propietaria y, junto a su marido, la creadora de este lodge, construido con materiales ecológicos, dotado de un sofisticado sistema de depuración de sus aguas residuales y que cuenta con doce amplísimas y lujosas tiendas de campaña que flotan en uno de los tramos más bellos del río Tatai.

Su privilegiada ubicación permite al viajero disfrutar de la selva sin moverse de su tienda: observando las numerosas aves que frecuentan la zona, vigilando los árboles en busca de monos o lanzándose, directamente desde su terraza, a las frescas y limpias aguas del Tatai. El mayor desafío será vencer esta tentadora comodidad y calzarse nuevamente las botas para visitar los alrededores. Aunque es posible realizar numerosos trekkings por la jungla, el propio río constituye la mejor senda para explorar los lugares más atractivos de las laderas meridionales de los Cardamomo.

Un agradable paseo en barco seguido de un corto trayecto a pie conduce hastalas cascadas Tatai que se exhiben especialmente bellas durante la época de lluvias, entre junio y octubre. Es también en estos meses cuando sus aguas están más frescas y ofrecen un baño más reconfortante. No lejos de allí se puede vivir otra inolvidable experiencia, subiéndose a un kayak para perderse, literalmente, en el interior de los frondosos manglares. Sus raíces, repletas de ostras, estrangulan los estrechos canales convirtiendo el viaje en un laberíntico pero apasionante recorrido. De vuelta al barco es obligado tomar rumbo a alguno de los pequeños poblados que cuelgan de la ribera del río. En KohSralao conviven jemeres (la etnia mayoritaria de Camboya) con miembros de la minoría Cham, de religión musulmana. Unos y otros se dedican principalmente a la pesca, especialmente generosa en la época seca cuando, desde el océano, penetra en el río agua salada cargada de una abundante y variada fauna marina. Nuevamente a bordo de la pequeña embarcación se puede disfrutar de los dos últimos espectáculos naturales del día: la puesta de sol y el posterior y conmovedor baile que protagonizan centenares de luciérnagas.

Chi Phat: un ejemplo de proyecto comunitario

Lejos del lujo que ofrecen hoteles como el "FourRivers", algunas comunidades locales han iniciado sus propios proyectos ecoturísticos que también atraen a decenas de viajeros de todos los rincones del mundo. El pequeño poblado de Chi Phat fue el pionero y sigue siendo uno de los preferidos por los viajeros. Sus habitantes, hasta hace diez años en su mayoría cazadores furtivos, regentan pensiones, ejercen como guías o como pilotos de embarcaciones. Todos los medios humanos y materiales se gestionan colectivamente desde el centro de visitantes. Es en él donde los turistas contratan su alojamiento, sus transportes y sus excursiones. Y es en él donde se distribuye el trabajo equitativamente entre los diferentes miembros de la comunidad.

Detrás de esta brillante iniciativa se encuentra "Wildlife Alliance". Esta ONG entendió que el único camino para proteger estas junglas, acabar con la caza furtiva y con la tala indiscriminada de árboles era ofrecer a los habitantes de la zona una alternativa económica. Y esa vía solo podía ser el turismo. Ocho años después de su puesta en marcha la experiencia de Chi Phat ha sido copiada por otras aldeas de los Cardamomo.

Este origen tan, nunca mejor dicho, auténtico, permite conocer realmente la selva, llegar hasta donde uno quiera o pueda llegar. Su excursión "estrella" solo es apta para viajeros acostumbrados a largas caminatas en condiciones extremas de calor, humedad, barro, sanguijuelas e insectos. "Deep in the forest" hace honor a su nombre y permite pasar una semana adentrándose en la jungla, lejos de cualquier sendero transitado. Es, sin duda, la mejor fórmula para intentar avistar fauna salvaje. En los Cardamomo habitan más de 100 especies de mamíferos, muchas de ellas en peligro de extinción como el rinoceronte de Java, el elefante asiático, la pantera nebulosa o el oso malayo. Aunque no será fácil encontrarse con alguno de estos ejemplares, los excazadores que ejercen como guías pondrán todo su empeño para conseguirlo. Otra atractiva alternativa para los más aventureros pasa por convertirse en ranger y acompañar a los guardabosques durante varios días en su misión de vigilancia y persecución de cazadores furtivos y cortadores de árboles.

No es necesario, no obstante, emular a Indiana Jones para disfrutar de Chi Phat. El viajero puede elegir sus excursiones a la medida de sus deseos y de su capacidad de aguante. Desde pasar una sola noche en la jungla hasta quedarse en los alrededores del poblado haciendo kayak, realizando rutas en bicicleta de montaña o, simplemente, disfrutando de la hospitalidad de sus gentes. Cualquier opción ofrecerá experiencias únicas y, además, contribuirá a reforzar la opción de quienes luchan para que los Cardamomo no dejen nunca de representar el verdadero sabor de la antaño infinita selva camboyana.