Caravaca de la Cruz, una de las 5 ciudades santas del cristianismo

Una cautivadora población marcada por la presencia de una reliquia asombrosa que ha hecho de ella una de las cinco ciudades santas del cristianismo, junto a Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana.

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Jerónimo Contreras Flore / ISTOCK

Déjate asombrar por esta fascinante población murciana

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Caravaca de la Cruz es una de esas ciudades cuyo nombre, por sí solo, ya atrae nuestra atención.  En 1998, el Papa Juan Pablo II otorgó a Caravaca de la Cruz el privilegio de la celebración a perpetuidad del Año Jubilar, que se celebra cada siete años, debido a la ferviente devoción que envuelve la presencia en la ciudad de la Vera Cruz.

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Pero al margen de la reliquia y todo lo que representa para la localidad murciana, Caravaca de la Cruz es mucho más; su formidable casco antiguo de origen medieval y sus fiestas, como la importante celebración de los Caballos del Vino - declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y de Interés Turístico Internacional -, son motivos suficientes como para acercarse a conocerla.

La Cruz de Caravaca y la Basílica de la Vera Cruz

Caravaca reluce especialmente por ser Ciudad Santa. Una cualidad que procede de la presencia de la reliquia de la cruz en la que Cristo fue crucificado, un venerado pedazo de madera en forma de varias astillas – el lignum crucis - que la Santa Sede ha dado por probado como auténtico.

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Una reliquia de cuya existencia en la ciudad se tiene constancia desde el siglo XIII cuando, según la leyenda, durante la dominación musulmana de este territorio, un sacerdote cristiano hecho prisionero fue instado por el sayid Abu-Zeit a oficiar una misa, movido por la curiosidad; a mitad del acto litúrgico, el cura se detuvo ante la falta de un crucifico, momento en el cual, por la ventana del salón del alcázar aparecieron dos ángeles portando el lignum crucis. 

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Un milagroso hecho que propició que tanto el sayid como el resto de la corte se convirtieran y bautizasen, provocando el inicio de la importante tradición de la Cruz de Caravaca. En la actualidad, un relicario con forma de cruz de doble brazo custodia la reliquia en el interior de la Real Basílica-Santuario de la Vera Cruz, en lo alto de la ciudad. El monumento más visitado de la localidad fue construido en el siglo XVII en el interior del recinto que albergaba antiguamente el castillo, y donde se alzaba el alcázar primigenio. 

La Cruz de Caravaca

Las murallas que lo bordean, los restos de antiguas construcciones y la hermosa fachada de la basílica del siglo XVIII forman un espléndido conjunto que se suman al interés por la presencia de la importante reliquia en su interior.

El excelente patrimonio de Caravaca de la Cruz

La Real Basílica-Santuario de la Vera Cruz es el punto central de la ciudad, el que preside simbólica y físicamente la población desde lo alto, pero en torno a ella podemos encontrar un rico patrimonio. Un patrimonio que guarda la herencia del paso de los numerosos pueblos que han hundido en estas tierras sus raíces y que pasó épocas tan significativas como el esplendor de la Encomienda de los Templarios.

La Cruz de Caravaca

Uno de los edificios más relevantes de la ciudad es el Museo Arqueológico Municipal, ubicado dentro de la Iglesia de la Soledad, en el interior del recinto amurallado, que cuenta con una magnífica colección de los restos arqueológicos hallados en todo este entorno.

Turismo de Caravaca

Otro de los monumentos emblemáticos de Caravaca de la Cruz es la Iglesia del Salvador, una de las parroquias más antiguas de la ciudad. Aunque por fuera quedó inacabada, el interior es espectacular y representa una asombrosa muestra del estilo renacentista murciano. También merece una visita la Plaza de toros, inaugurada en 1880, que consta de una hermosa y llamativa fachada neomudéjar erigida ya en el siglo XX.

Turismo de Caravaca

Y cómo olvidarse de un monumento especialmente simbólico de Caravaca de la Cruz, el icónico Templete, una construcción barroca que se levanta en el lugar donde tradicionalmente se ha venido celebrando el famoso Rito del Baño de la Santísima y Vera Cruz, cada 3 de mayo; un rito que se remonta al siglo XIV y que da lugar a las fiestas en honor a ella.