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La capilla que enamoró a Stendhal, el escritor que dio nombre al síndrome de sobredosis de belleza : "Me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme"

El síndrome de Stendhal recibe este nombre por lo que sintió el escritor al presenciar la belleza de esta impresionante basílica italiana.

Se trata de uno de los lugares más impactantes de todo el mundo y está en Italia

Se trata de uno de los lugares más impactantes de todo el mundo y está en Italia / Istock

Todo viajero ha sentido alguna vez algo similar al éxtasis al presenciar una grandeza tan impresionante como la del Taj Mahal en Agra, la Ciudad Vieja de Jerusalén, el David de Miguel Ángel en el Vaticano y muchos otros lugares, obras de arte o edificios que dejan sin respiración. A Stendhal, escritor francés conocido por el agudo análisis psicológico de sus personajes, le sucedió en 1817 ante la basílica de la Santa Cruz en Florencia. Pero a un nivel muchísimo más elevado, como si acabara de enfermar.

Basílica de Santa Croce desde arriba, en Florencia.

Basílica de Santa Croce desde arriba, en Florencia. / Istock

En su libro 'Roma, Nápoles y Florencia' escribió: "Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme". No fue el primero es sufrir estos síntomas, pero sí el primero en dejar constancia de ellos, y por ese motivo se bautizó como síndrome de Stendhal -también se conoce como síndrome de Florencia porque sucede mucho en la Galería de los Uffizi-.

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Adriana Fernández

El síndrome de Stendhal

Al ponerse frente a la basílica, su pulso se aceleró y llegó a pensar que iba a sufrir un ataque al corazón. Sus piernas temblaban y su piel se había erizado. No dejaba de sudar y estaba tan mareado que apenas se podía mantener en pie. Aunque Stendhal era un romántico con todas las de la ley y, como todo buen romántico, le encantaba desmayarse y dramatizar en público, lo cierto es que esta basílica está marcada por una belleza tan especial que podría causar una felicidad tan extrema a cualquier amante del arte y la historia.

Interior de la Basílica de Santa Crocce.

Interior de la Basílica de Santa Crocce. / Istock

Florencia es una ciudad de la que enamorarse es fácil. Es prácticamente un museo en sí misma, cuna del Renacimiento y capital de la Toscana. La urbe italiana ha ido acumulando historia y arte desde principios del siglo XV e incluso antes. Plazas, cafés, trattorias y mercados se sumaron a este frenetismo artístico para dar como resultado una ciudad que te atrapa. Y como colofón, todas las iglesias y basílicas, entre las que hoy destacamos la de la Santa Croce en italiano o Santa Cruz en castellano.

Basílicas como las grandes protagonistas

La basílica que dejó a Stendhal sin palabras empezó a erigirse en el siglo XIII, cuando una comunidad de monjes franciscanos, con San Francisco a la cabeza, llegó a Florencia. El santo murió en 1226 y la orden se estableció en una zona al este de la ciudad donde construyeron una pequeña iglesia que fue creciendo con el tiempo. Hoy gobierna la plaza homónima con una fachada de mármol que contrasta con el interior gótico más sobrio. Allí dentro están las tumbas de figuras tan ilustres como Maquiavelo, Galileo y Miguel Ángel.

La basílica de Santa María Novella en Florencia

La basílica de Santa María Novella en Florencia / Istock / ermess

La plaza de Santa Croce es una explanada de forma rectangular con mansiones del siglo XVI a los lados y una estatua de Dante Alighieri en el centro, que se instaló en 2021 a modo de homenaje por los 700 años de su fallecimiento. Bastante similar es la basílica de Santa María Novella, que también data del siglo XIII. Esta se encuentra en un barrio lleno de vitalidad y encanto, con comercios y trattorias de toda la vida, destacando la histórica Farmacia de Santa María Novella, donde aún venden remedios con fórmulas centenarias.

La cúpula de la Capilla de los Príncipes en la basílica de San Lorenzo, Florencia

La cúpula de la Capilla de los Príncipes en la basílica de San Lorenzo, Florencia / Istock / gionnixxx

A unos pocos metros se ubica la basílica de San Lorenzo, una de las iglesias más antiguas de Florencia. Aunque se construyó a principios del siglo XV, anteriormente allí había una capilla del año 393. Al contrario que las otras dos, su exterior es sobrio, pero en el interior alberga uno de los rincones más impresionantes de la urbe: la Capilla de los Príncipes. Es del siglo XVI y combina mármol verde, azul, naranja y rojo con detalles dorados y piedras semipreciosas. Su belleza es tal porque se diseñó para acoger las tumbas de los Médici.

Otro lugar de Florencia que causa el desmayo (o casi)

Florencia está llena de rincones que pueden provocar el síndrome de Stendhal, pero un lugar en el que ya ha ocurrido en varias ocasiones es la Galería de los Uffizi, un magnífico edificio que construyó Giorgio Vasari en 1560 bajo las directrices de Cosme I de Médici. En uno de sus lados está unido al Palacio Vecchio, antiguo ayuntamiento, y se creó con la idea de albergar las oficinas -uffici en italiano- de los magistrados florentinos. Además, durante años sirvió como almacén para las obras de la familia Médici.

La Galería de los Uffizi, el museo del Renacimiento más importante del mundo

La Galería de los Uffizi, el museo del Renacimiento más importante del mundo / Istock / Timur Arbaev

Con el tiempo, acabó convirtiéndose en el museo más importante del mundo en cuanto a obras del Renacimiento se refiere. De hecho, se considera la colección de arte más antigua y excelente que existe. Por eso hay tantas personas que tienen que salir abanicándose de allí. Cualquiera que vaya a Florencia y tenga síntomas de una enfermedad, debe recordar a Stendhal y sus palabras: "Experimentaba una especie de éxtasis por la idea de estar en Florencia... Me sobrecogió una feroz palpitación del corazón".