Cap Ferret, el bohemio y hedonista secreto de la Costa Atlántica francesa

De alma auténtica, y elegante y discreto carácter, al conocerla por primera vez te darás cuenta de que en ella se da cita una experiencia sin igual. Ostras, dunas y el más sofisticado ambiente comparten escenario en esta privilegiada punta de arena salvaje, donde el paraíso todavía convive al cobijo de dos versiones aún compatibles: la de lugar secreto y su reciente éxito como destino de moda.

Beatriz Hernández
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Foto: Christophe Launay / ALAMY

Camuflada entre pinares. Aislada. Relajada. Y con un estilo chic que no eclipsa su incontestable espíritu bohemio, Cap Ferret, a tan solo una hora de Burdeos, es en esencia una estrecha lengua de tierra donde la mundanidad se viste de placer.

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Aquí no proliferan sin control los exhuberantes hoteles. Su encanto reside en otro concepto de la exclusividad. El de un nuevo lujo, donde no hay hueco para lo ostentoso si no para lo natural. 

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Ejemplo de ello es La Maison du Bassin, un pequeño hotelito de 11 habitaciones que recoge a la perfección la esencia de este pueblo marinero. La simplicidad y el buen gusto de su decoración de madera, y su ambiente tranquilo y discreto son motivos más que suficientes para escogerlo como alojamiento durante nuestra escapada. 

La Maison du Bassin

Sobre la mesa de su restaurante, predominan los sabores de la zona de Gascuña. Siempre materia prima de temporada, comprada en el mercado y cocinada al momento para respetar al máximo la calidad del producto.

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Y, por supuesto, las ostras de la bahía de Arcachon. Bien podríamos hablar de leyenda culinaria al mencionarlas, ya que en la tradición de los pueblos ostrícolas pegados a la playa, reside uno de los mayores encantos de Cap Ferret.

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Este molusco da nombre a una floreciente cultura gastronómica, que al contrario de lo que podríamos pensar, no tiene unos precios excesivos, y en cualquiera de las cabañas de los mariscadores, se puede degustar. Sin duda, nos quedamos con la exquisita cocina de Chez Hortense, el destino gastro por excelencia de la ciudad.

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Al encanto del punto neurálgico de la cocina de Cap Ferret, se suman los bosques y arenales con influencias marinas de pueblo de largas olas y carreteras sinuosas.

Pasear con el viento del océano de cara, hasta alcanzar la cúspide de Gran Duna de Pilat, la más alta de Europa, o alzar la vista desde el faro altísimo de Cap Ferret merecen la pena si lo que buscamos es una panorámica sin comparación de la península.

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En su lado occidental, las ráfagas de oleaje batiendo contra las playas, harán las delicias de los surfistas en busca de aguas feroces.

Sin embargo, para encontrar la calma de aguas menos profundas, nos dirigiremos al norte desde la playa principal, cerca del muelle, en la franja este. En ella, se balancean los barcos de pesca y recreo, con los que acceder a los lugares más remotos de la bahía, como la isla de los Pájaros. 

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Fuera del agua, Cap Ferret se descubre a pie. Paseando por sus calles, pedaleando en bicicleta a la aldea vecina de L'Herbe o caminando por los numerosos senderos naturales y salvajes que bordean su costa. Pero sobretodo, dejándose embriagar por la preservada elegancia que todavía destila.