Candelario, el pueblo salmantino de las regaderas y las batipuertas

Donde el pueblo huele a pueblo...

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Juan Ignacio Rodríguez Moronta / ISTOCK

El sur de la provincia de Salamanca, donde las barreras montañosas hacen acto de presencia para dividir Extremadura y Castilla y León, conforma un territorio de extraordinaria belleza dominado principalmente por la celebridad del Parque Natural de Las Batuecas – Sierra de Francia.

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Un poco más hacia el este, anteponiéndose al encuentro con la Sierra de Gredos, ya en la provincia de Ávila, nos topamos en primer lugar con otro espacio de incalculable valor natural y etnográfico, la Sierra de Béjar.  La comarca homónima, formada por varios subsistemas montañosos y elevaciones muy notables, esconde rincones realmente envidiables.

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Frente a la conocida estación de esquí de La Covatilla y junto al municipio de Béjar, se levanta un pueblo cargado de tradición y entorno singulares enclavado en un lugar declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Candelario, una localidad serrana cuya extensión municipal limita con las fronteras de Cáceres y Ávila, está considerado uno de los pueblos más bonitos de España, además de ser una de las poblaciones rurales que mejor ha conservado su patrimonio y respetado sus tradiciones.

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Candelario, un pueblo singular

Declarado Conjunto Histórico-Artístico gracias a su riqueza patrimonial, este bello pueblo de montaña es un magnífico ejemplo de la arquitectura y las tradiciones más arraigadas de esta zona perteneciente a la Sierra de Béjar.  Sus típicas viviendas serranas, diseminadas por todo el núcleo a lo largo de empinadas calles, responden a un modelo de estas montañas basado en fachadas de varias alturas, construcciones de piedra caliza, con una característica capa de cal que las confiere su característico color blanco, y balconadas de madera. 

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Pero dentro de esta homogeneidad de la Sierra de Béjar, Candelario destaca por su alto grado de conservación de esa arquitectura popular, así como por varios elementos que son santo y seña de esta preciosa población salmantina. El pasado de este pueblo, ampliamente ligado a la actividad chacinera, influyó decisivamente en la tipología de las construcciones, con grandes balconadas empleadas como secaderos, así como una estancia en la planta baja dedicada a «picadero», donde se desarrollaban las labores de embutido.

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Precisamente en la entrada de esta planta baja encontramos uno de los iconos de la población de Candelario: las batipuertas; estos prácticos medios portones de madera cumplían con varias funciones, siendo la de hacer las veces de barrera para la matanza de las reses la principal de ellas, así como el impedir el acceso de las mismas al tiempo que se mantenía la casa abierta para airear las carnes. Este elemento, presente en muchas de las viviendas de la población, también serviría para aislar el interior de las nieves en un entorno montañoso donde este tipo de precipitaciones son algo común. 

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Las características climáticas de la zona favorecen la industria chacinera y la han otorgado una personalidad que se ve marcada, incluso, en sus trajes tradicionales – la vestimenta típica del hombre se llama «choricero» -. Podremos sumergirnos en esta actividad tradicional visitando el interesante Museo de La Casa Chacinera de Candelario, una vivienda tradicional donde es posible observar de primera mano cómo se llevaba a cabo esta labor en el interior de las casas. 

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También ligado a la producción chacinera de la zona y unido íntimamente a la población de Candelario en particular, nos encontramos con el otro de los elementos simbólicos de esta localidad serrana: las regaderas.Las regaderas son canales que surcan las callejas desde lo alto del pueblo recogiendo el agua derretida de las nieves de la montaña, cuya función era la de servir de saneamiento y limpieza para las matanzas, que se llevaban a cabo en plena calle frente a las casas, además de aprovisionar a las huertas de los alrededores del núcleo.

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Mientras recorremos las bellas vías empedradas de Candelario y seguimos el discurrir de las regaderas, a la vez que nos topamos con alguna de las numerosas y vetustas fuentes, podremos ir admirando las singulares casas serranas, así como acabar frente a algunos de los edificios más notables del municipio, como son la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, con su impresionante artesonado interior o la Ermita del Santísimo Cristo del Refugio.

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Antes de abandonar el municipio, un lugar muy recomendable para otear tanto la localidad desde lo alto como el maravilloso entorno que lo circunda, es el mirador Cruz del Herrerito, regalándonos vistas espléndidas de todo este espacio protegido repleto de bosques.