¿Por qué este canal de Grecia se ha convertido en un fenómeno turístico?

El Canal de Corinto, una de las obras de ingeniería más fascinantes del mundo, empieza a ser un poderoso imán de viajeros de todo el mundo

José Miguel Barrantes Martín
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El canal de Panamá, el canal de Suez… Algunas de las grandes obras de la ingeniería mundial se han convertido desde sus inicios en auténticas atracciones que han trascendido su función original.

El canal de Corinto es uno de estos ejemplos. Mucho menos conocido que los anteriores pero fascinante, es seguramente la construcción de este tipo más asombrosa y espectacular de las que encontramos en el planeta, hasta el punto de haber perdido prácticamente su esencia como vía para el transporte marítimo de mercancías en detrimento de su valor turístico.

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Una histórica aspiración a las puertas del Peloponeso

Aunque el canal de Corinto fue excavado en la roca del istmo del mismo nombre en el último cuarto del siglo XIX, su ejecución fue ya abordada mucho tiempo atrás en la historia.

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En efecto, esta vía artificial que une hoy en día el golfo Sarónico o de Egina y el de Corinto – antiguamente conocido como el célebre golfo de Lepanto, escenario de la mayor batalla naval de los últimos siglos -, y que separa la península de Peloponeso del continente, fue una gran aspiración desde la Antigua Grecia.

Desde que, allá por el siglo VII a.C., comenzaran las primeras tentativas para abordar esta obra titánica – un calificativo de obligado uso para rendir tributo a la mitología griega –, sin mayor éxito que soluciones alternativas como el “Diolkos” - una calzada empedrada con raíles por la que eran transportadas las barcazas -, han sido numerosas las ocasiones en las que se ha afrontado el llevar a la práctica esta idea que pretende evitar un rodeo de cientos de kilómetros navegando.

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Griegos, macedonios o romanos se toparon ante problemas técnicos insalvables para su época, o bien ante costes desorbitados que impidieron que la obra viera la luz.

No fue hasta finales del siglo XIX, tras la apertura del canal de Suez, cuando el canal de Corinto fue iniciado con éxito y, una década más tarde, completado tras retirar casi un millón de metros cúbicos de roca. 

Un canal que impresiona

La inauguración del canal de Corinto no estuvo exenta de problemas y muy pronto comenzaron a aparecer dificultades como los continuos deslizamientos de tierra – presentes hasta la actualidad, obligando a continuas reparaciones como las llevadas a cabo a partir de 2021 -. Este y otros factores que afectan a la navegación, así como las limitantes dimensiones del canal – sus poco más de seis kilómetros de largo se abren con una anchura que oscila entre los 21 y los 24 metros, y una profundidad de tan solo ocho metros -, han reducido desde el principio el interés de las embarcaciones mercantes por atravesarlo, a pesar del evidente ahorro de tiempo y gasto de combustible.

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Sin embargo, el canal de Corinto representa, sin lugar a dudas, una de las obras hidráulicas más asombrosas del planeta. La gran altura de sus flancos en su punto más elevado, que alcanza los cuarenta metros de altura de media, así como los 80˚ de inclinación de las paredes de roca caliza, que generan un efecto visual al entrar en el canal que nos provoca la ilusión de que el curso de agua desaparece ante nuestras miradas, hacen que la experiencia de atravesarlo merezca sobradamente la pena, al menos una vez en la vida.

Excavado al nivel del mar sin la necesidad de utilizar esclusas, es atravesado de lado a lado por varios puentes que dan paso tanto a los vehículos como al ferrocarril. Asimismo, una pasarela ubicada justo en la mitad permite a los peatones disfrutar de la magnífica obra y del espectacular paso de las embarcaciones por el canal que, dado lo estrecho y encajonado del trayecto, se convierte en una auténtica odisea. 
Recientemente, el buque Braemar, de la naviera Fred Olsen, ha pasado a los anales de la historia como la embarcación más grande en atravesar el canal de Corinto. Su escaso margen de maniobra, inferior al metro, hizo de la operación un acontecimiento en sí mismo.

Como él, miles de barcos de diferentes esloras – en su mayoría de naturaleza turística - cruzan esta vía artificial cada año, muchos de ellos con la única intención de abordar esta espectacular obra de ingeniería y deleitar a sus pasajeros con una experiencia única.