Camino Primitivo: la primera ruta del Camino de Santiago

Así lo definen los peregrinos fascinados por el Camino Primitivo asturiano, la primera ruta histórica del Camino de Santiago. El rey astur Alfonso II, al igual que lo hacen hoy los viajeros del siglo XXI, lo inició en la catedral de Oviedo hasta la villa lucense de A Fonsagrada para concluir en Compostela, donde se abraza al apóstol. Por este camino descubrirás la zona más virgen y salvaje de Asturias.

Javier Carrión
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Foto: CRISTINA CANDEL

La leyenda cuenta que Santiago, uno de los apóstoles de Jesucristo, fue pasado a espada por orden de Herodes Agripa I en marzo del año 44 y que el cadáver fue robado por sus discípulos para trasladarlo desde Palestina a Hispania, a la lejana Galicia. En el año 825, un eremita llamado Pelayo observó unas luces llamativas en el bosque de Libredón, muy próximo a Iria Flavia, que señalaban un sepulcro donde, según todos los indicios, se ocultaban los restos del apóstol. El rey Alfonso II de Asturias quiso trasladarse con su séquito a contemplar el hallazgo con sus propios ojos por el camino más corto para postrarse a los pies de esas reliquias y mandó levantar en aquel lugar un templete funerario.

Puente de Gallegos sobre el río Nora, entre Oviedo y Las Regueras. | CRISTINA CANDEL

El monarca se convirtió así en el primer peregrino a Compostela y su itinerario constituyó el primer Camino de Santiago, Patrimonio de la Humanidad desde 2015. Por eso no resulta nada extraño observar la estatua de Alfonso II el Casto junto a la fachada principal de la catedral de Oviedo. Ese rey astur, que llevaba en su pecho la armadura con una llamativa cruz y que nunca quiso casarse ni tener hijos (de ahí su apodo), iniciaba así un camino de peregrinación jacobeo en defensa de la fe cristiana en una época convulsa en las que las luchas contra los guerreros musulmanes y bereberes eran de una violencia descomunal, de ahí que la existencia de ese sepulcro cristiano le conviniera como un arma más de peso para emplear en la dura Reconquista.

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Estatua de Alfonso II el Casto junto a la catedral de Oviedo. | CRISTINA CANDEL

El primer Camino de Santiago, que se distribuye hoy en siete etapas a su paso por tierras asturianas, se desarrollaba por los territorios del Reino de Asturias, la “isla interior” que no había sido ocupada por los musulmanes. Ese trayecto entre Oviedo, la sede regia, y Compostela, el fin del mundo conocido en la época, discurría a lo largo de 321 kilómetros incluyendo el Camino gallego, y para muchos es hoy el que mejor ha sabido conservar las esencias que rodeaban a los antiguos caminantes que abandonaban en silencio sus hogares para ir en busca de la tumba de Santiago.

Peregrinos a su paso por el puerto del Palo, en el concejo de Allande. | CRISTINA CANDEL

El Camino Primitivo arranca a las puertas de la catedral de Oviedo enfilando el curioso arco direccional, situado a la derecha al salir del templo, que indica por donde deben darse los primeros pasos hacia Compostela. Antes los peregrinos se detienen ante la talla románica del Salvador, situada en el lado sur del transepto catedralicio, para iniciar el viaje. En ese interior permanece una gran iglesia de planta gótica, donde destaca la Cámara Santa, la antigua capilla palatina de Alfonso II, que alberga las cruces de la Victoria y de los Ángeles, verdaderos emblemas de la comunidad autónoma y de la ciudad visibles en sus respectivos escudos, y también el Arca Santa, donde se custodiaban numerosas reliquias, entre ellas el Santo Sudario, que hicieron de Oviedo un punto clave de la cristiandad en la Edad Media.

Fue Alfonso II, hijo del rey Fruela, quien ordenó la edificación de la iglesia del Salvador y un palacio destruidos por los musulmanes en el año 794. El monarca se dedicó también, en los primeros años del siglo IX, a embellecer la ciudad con construcciones prerrománicas: el templo del Salvador, la capilla de Santa María, empleada como panteón real, la capilla de San Miguel y la iglesia de San Tirso, pero el traslado de la corte de Oviedo a León llevó a cierto abandono de la ciudad desde el siglo X, si bien Oviedo conservó su importancia como destino de peregrinos, encaminados a la basílica de San Salvador, donde se encontraban las santas reliquias.

CRISTINA CANDEL

Al abandonar la catedral no cuesta demasiado observar los numerosos grafitis de peregrinos y marcas de cantería que adornan sus muros. Se dice que hay unos dos mil y son muy visibles en las puertas y las escaleras, los lugares de espera para los antiguos visitantes, con motivos variados como cruces y peces, y nombres, muchísimos nombres propios.

Los barrios de la Argañosa y de la Florida, este último con una pequeña escultura callejera del apóstol Santiago, obra de la asturiana Pilar Fernández, que desea “¡buen Camino!” antes de internarse en la campiña, marcan el rumbo noroeste del camino hasta llegar a San Lázaro de Paniceres. Este es el primer núcleo rural de la ruta a tan solo cuatro kilómetros de la capital y albergaba en tiempos un lazareto para el cuidado de los leprosos y pacientes con enfermedades infecciosas.

Patio del Castillo de Valdés Salas, en Salas. | CRISTINA CANDEL

A la derecha queda el Monte Naranco, famoso por sus famosos templos prerrománicos, pero el camino se desarrolla por las primitivas aldeas rurales que no han perdido su autenticidad a pesar de encontrarse muy próximas a Oviedo. Llampaxuga o Loriana, las primeras, regalan al peregrino algunas capillitas encantadoras como la del Carmen o la de Santa María, donde el caminante puede autosellarse la credencial de Camino hasta alcanzar dos puentes, el Puente Gallegos y el Puente de Peñaflor. El primero toma su nombre por ser el paso hacia Galicia y el segundo, sobre el río Nalón con cinco grandes arcos desiguales, marca el rumbo hacia La Vega de Grado, no sin antes detenerse en la iglesia de San Juan, casi pegada a las vías del tren, de estilo románico que conserva de su primitivo origen el arco de la portada.

Grado marca el final de la primera etapa y el segundo recorrido entre este concejo y el de Salas se realiza por caminos de asfalto y hormigón en su mayor parte, aunque hay un tercio del itinerario que aún discurre por pistas de tierra o grava atravesando pequeñas aldeas y pueblos. El Fresno, Doriga, La Rodriga, Llamas, Villazón o Casazorrina se suceden en el camino hasta alcanzar Cornellana.

Cascada de Seimeira, en Busqueimado. | CRISTINA CANDEL

La puerta de la osa

Es Cornellana otro punto culminante del Camino gracias al monasterio de San Salvador, uno de los grandes conjuntos patrimoniales de Asturias, incluido en 2015 por la Unesco en la Lista del Patrimonio Mundial como elemento vinculado al Camino Primitivo de Santiago. El edificio consagrado a San Juan Bautista, que ahora está abandonado, aúna románico y barroco y fue uno de los cenobios más relevantes del norte peninsular por su grandeza. En 2024 cumplirá 1.000 años, quizá como un Archivo del Camino o como un hotel, los dos proyectos que se barajan en torno a esta construcción, pero aún la decisión no está tomada. En el ala oeste abre el albergue de peregrinos del monasterio, que luce la pieza más antigua del complejo, la puerta de la Osa, con una bonita talla románica que corona el dintel. Gloria, la encargada del albergue, sella personalmente los pasaportes de los peregrinos y cobra siete euros diarios por cama, ducha y “una buena cocina”.

Ruta a la cascada de Seimeira, en Los Oscos. | CRISTINA CANDEL

La etapa concluye en Salas, donde antaño hubo un hospital de peregrinos dedicado a San Roque, pero hoy solo queda su capilla. Sí hay que visitar ineludiblemente la colegiata gótica de Santa María la Mayor, que guarda el soberbio mausoleo del inquisidor Fernando de Valdés y Salas, elegido por Felipe II para presidir el Consejo Real de Castilla, arzobispo de Sevilla y fundador de la Universidad de Oviedo. A solo unos metros se alza la torre medieval erigida junto a la plaza de la Campa y en ese mismo recinto abre la Fundación Valdés-Salas, una entidad que lucha con pasión por realzar el pasado y el presente del Camino Primitivo. Para Joaquín Lorences, su presidente, “esta ruta jacobea fue el proyecto de un reino embrionario que unió a Europa en torno a un itinerario espiritual y cultural, un motivo de orgullo para Asturias al crear un centro espiritual en Compostela, alternativo a Roma y Jerusalén”

Dos paradas imprescindibles

Veinte kilómetros separan Salas de Tineo. En su primer tramo hasta La Espina era un camino real construido entre los siglos XVII y XVIII y ya se adivina un cambio arquitectónico en el paisaje. Los edificios de las aldeas son ejemplos muy tradicionales, pero la teja va siendo sustituida por la losa de pizarra en sus cubiertas. Tineo es el segundo concejo más grande de Asturias, tierra jacobea, vaqueira,  minera, de caza, pesca, senderismo y con una animada capital, conjunto histórico que recuerda su esplendor entre los siglos XII y XV con sus casas blasonadas y su arquitectura rural con corredores y galerías. Su joya es el Museo de Arte Sacro, con una colección medieval de 30 valiosas tallas de madera.

Herrero en un taller de forja del siglo XVIII rehabilitado en Mazonovo. | CRISTINA CANDEL

Al abandonar Tineo, iniciando ya la cuarta etapa, queda a ocho kilómetros el monumento que probablemente es el más impactante del Camino Primitivo. En lo más profundo de un hermoso y sombrío valle se alza el monasterio de Santa María la Real de Obona, en estado ruinoso, pero hechiza al caminante al comprobar cómo la vegetación se ha ido apoderando de algunas de sus estancias y del claustro, devorados por los helechos y otras plantas. Sin embargo, al mirarlo frontalmente su imponente escudo real, barroco, cuartelado y con las armas de Castilla y León nos recuerda que fue un centro económico y cultural de primer orden.

Los monjes perfeccionaron bajo sus muros las técnicas agrícolas y ganaderas, impartieron clases de latín, filosofía y teología y un documento de la época hace referencia por primera vez a la sidra. Según este escrito, los siervos debían recibir esta bebida “sicere si potest ese” (sidra si fuera posible) al llegar a este monasterio de estilo cisterciense que sigue cobijando en su interior un soberbio Cristo románico al que los expertos consideran una de las mayores joyas que dejó la Edad Media a su paso por el noroeste peninsular. Este cenobio era un punto clave de la ruta jacobea, ya que auxiliaba a los peregrinos e incluso el rey Alfonso IX de León, que otorgó la carta de puebla a Tineo en 1214, despachaba y firmaba documentos en este monasterio. En uno de sus mandatos amenazaba a todo aquel que osara desviar a los peregrinos a Santiago de Tineo y Obona.

Monasterio de Santa María la Real de Obona. | CRISTINA CANDEL

Las sierras de Tineo y Obona anticipan las jornadas de montaña que esperan en el tramo asturiano final del camino con los pasos elevados de Guardia y Piedratecha y un puñado de pueblos con alma campesina donde los hórreos y las paneras aparecen en cada rincón y puedes ver de cerca a la pita pinta, la gallina autóctona de esta área. Se calcula que existen en la región unas 15.000 paneras, todas levantadas con madera de roble o de castaño, desde que tuvieron su apogeo en el siglo XVII con el cultivo de maíz. Comprobarás que la mayoría sigue en funcionamiento como lugar ideal para el almacenamiento de comida evitando las alimañas junto a los bosques de arces, avellanos, robles, castaños y fresnos que se extienden hasta Pola de Allande, la villa con reminiscencias indianas de la que partieron muchos vecinos hacia Cuba fundamentalmente para retornar a su tierra en el siglo XX.

Al iniciar la quinta etapa del itinerario, desde lo más profundo del valle, el río Nisón sirve de guía para superar el puerto del Palo, el techo de este camino. A medida que asciendes, los caseríos desaparecen y los árboles se diluyen, aunque las grandes panorámicas siempre acompañan.

Río Nisón a su paso por la localidad de Pola de Allande | CRISTINA CANDEL

Tierra de indianos

En la cima las vacas se mezclan con los peregrinos, que se toman un respiro antes de seguir. Santiago, uno de ellos, viaja solo y es la cuarta vez que completa el camino. No destaca ningún monumento en particular. Solo el silencio y la autenticidad de los paisajes y de sus gentes. “Me gusta la atmósfera y los silencios de este camino, a veces te acuerdas de tu madre o de una vieja canción y siempre te emocionas. Ahora mi familia ha crecido, tengo amigos en Argentina o en Nueva Zelanda y como no hablo inglés, cuando me preguntan mi nombre durante la ruta, les contesto que Santiago, y todos saltamos como si nos conociéramos de toda la vida”.

Escultura de La Regenta, en la Plaza de la Catedral, Oviedo. | CRISTINA CANDEL

Montefurado, el único pueblo del puerto del Palo con sus restos de la minería romana y un solo habitante en la actualidad, es nuestra siguiente parada. Muy cerca, Lago, famoso por su tejo milenario, y Berducedo, con la casa del médico en la antigua alberguería de los pobres peregrinos, surgen en el camino antes de alcanzar Grandas de Salime, pero antes de llegar a su famoso embalse, conviene desviarse unos 800 metros para acercarse a San Emiliano. Este bucólico pueblo, hermoso con viñas en sus escarpadas y pendientes laderas, es para muchos la aldea perdida de Allande, aunque tiene vecinos e incluso un bar que llaman El Estanqueiro. Los muros y la cubierta de las casas son de pizarra y sus hórreos y paneras se mantienen en un magnífico estado de conservación, rodeados casi siempre de flores. Paseando por su entramado urbano parece que el tiempo se ha detenido en esta aldea que, sí sabemos, fue elegida conjunto artístico en 1971.

Monasterio de San Salvador de Cornellana. | CRISTINA CANDEL

Ya en Grandas de Salime es obligatorio disfrutar de los dos miradores de un embalse que dio mucho trabajo a emigrantes entre 1948 y 1953, aunque esas casas aparecen ahora sin vida y en mal estado. Se abandonaron y quedaron vacías en las laderas como si fueran testigos mudos de un desarrollo que no tuvo continuidad.

La última etapa

La villa de Grandas de Salime marca el comienzo de la última etapa del Camino Primitivo en Asturias, visitando en primer lugar su Colegiata de El Salvador. Esta conserva la antigua portada románica con triples columnas cilíndricas y en espiral, y terminando en el magnífico Museo Etnográfico, que muestra la forma de vida y las tradiciones de esta comarca, que hasta hace pocos años permanecían vivas y hoy ya forman parte de la historia.

El recorrido final del Camino asturiano discurre íntegramente por el concejo de Grandas de Salime, desde su capital hasta el límite provincial con Lugo, en el Alto del Acebo, a lo largo de 13,2 kilómetros de continua ascensión.

Peñafonte y su fontanal de dos caños y Bustelo del Camín son las últimas aldeas asturianas casi deshabitadas antes de entrar en la provincia de Lugo a través del Alto del Acebo, a 1.030 metros de altitud, y alcanzar A Fonsagrada, a 150 kilómetros de Santiago de Compostela.