El Camino del Cid, el otro Camino de Santiago que cada vez seduce a más personas

Un extraordinario viaje hacia la Edad Media que recorre ocho provincias.

José Miguel Barrantes Martín
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Recorrer el Camino de Santiago se ha convertido en algo esencial en la lista de viajes de muchas personas. La experiencia que supone llevarlo a cabo, sea la distancia que sea, y llegar a Santiago de Compostela, transforma de una u otra manera a quien lo realiza.

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En consonancia con esta filosofía de viaje, existe otro «Camino» en España que ha ido cogiendo forma desde hace más de dos décadas y que, hoy en día, se encuentra ya consolidado y en plena efervescencia, cautivando cada vez a más personas.

La estela de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador

El Camino del Cid representa un magnífico itinerario que discurre el país de noroeste a sudeste, siguiendo el paso del célebre caballero del siglo XI a través de los lugares que aparecen en el Cantar del mío Cid.

El famoso poema medieval constituye la referencia sobre la cual se ha trazado un recorrido que nos sumerge en la historia y nos permite conocer cientos de destinos y parajes que nunca hubiéramos soñado encontrarnos a nuestro paso.

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Ya en los siglos XIX y XX, pioneros apasionados de la figura del Cid como Archer Milton Huntington o Ramón Menéndez Pidal y María Goyri – estos dos últimos matrimonio -, quienes siguieron su estela como guía de viaje por tierras españolas, sentaron las bases de lo que más tarde se convertiría en un verdadero proyecto que diera a conocer este importante recurso.

Tras la iniciativa de la Diputación de Burgos en 1996, que comenzó a poner en valor un pequeño recorrido en su provincia, se han venido uniendo en un consorcio las diputaciones de Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante, dando lugar a una ruta perfectamente organizada y esencialmente rural.

Una sorprendente ruta con 1400 kilómetros de senderos

El Camino del Cid nos traslada a la Edad Media a través de un viaje que atraviesa ocho provincias, concentrando 1400 kilómetros de senderos y 2000 kilómetros de carreteras, divididos en tramos y rutas más pequeños de entre 50 y 300 kilómetros que forman una red señalizada y preparada para realizarse a pie haciendo senderismo, en vehículo de motor o bicicleta – ya sea en la modalidad de cicloturismo o de BTT-MTV -.

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Un recorrido en el que nos podremos topar con ocho Patrimonios de la Humanidad, el mejor Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, 39 poblaciones declaradas Conjunto Histórico y/o Artístico, setenta espacios naturales protegidos por la Red Natura 2000 y poblaciones tan significativas como Albarracín, Alhama de Aragón, Bocairent, Morella, Molina de Aragón, Medinacelli, El Burgo de Osma o Elche, entre otras, además de las capitales de las ocho provincias en las que se inscribe el camino. 

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Todo ello, unido a los grandes protagonistas de esta maravillosa ruta, los pequeños pueblos. De las 387 poblaciones integradas, 152 cuentan con menos de 100 habitantes, formando parte de espacios que, en muchas ocasiones, cuentan con densidades de poblaciones muy bajas, lo que convierte al Camino del Cid en una experiencia perfecta de tranquilidad, sosiego e intimismo. Una experiencia que no para de sorprender a todas aquellas personas que lo descubren y se lanzan a recorrerlo.

Una organización a la altura del Camino de Santiago

El Camino del Cid cuenta ya a sus espaldas con una dilatada trayectoria en la que la organización de su recorrido se ha ido puliendo hasta conseguir un grado de excelencia.

Todas las rutas están íntegramente señalizadas, por lo que no entraña ninguna dificultad realizar cualquiera de ellas en sus distintas modalidades – a pie, en bicicleta… -.

Con una oferta de más de 1000 alojamientos, además de un buen número de puntos de acogida – espacios habilitados en algunos pueblos donde es posible pasar la noche de manera gratuita o a cambio de una pequeña ayuda para su sustento -, la planificación del viaje se simplifica.

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Además, al igual que ocurre en el Camino de Santiago, el Camino del Cid cuenta con un salvoconducto o credencial donde estampar los sellos de las distintas poblaciones por las que se va pasando. Un salvoconducto que, además de un recuerdo, permite obtener descuentos importantes en más de 200 alojamientos de la red, así como participar en promociones u obtener regalos; una acreditación gratuita que es posible sellar en 189 localidades – cada una con una estampa diferente - y 498 puntos de sellado, y en la que el símbolo por antonomasia es la corneja, un ave ligada estrechamente con el Cid Campeador, que en sus tiempos era tomada, a través de su vuelo, como señal de buen augurio en el camino.