La calle más navideña del mundo está al lado de España: es el lugar donde nació el Belén y está repleta de figuritas y pesebres
Las tiendas de esta calle solo venden artesanía navideña, y abren durante todo el año, como un mercadillo de Navidad que no cierra nunca

Esta calle es única en el mundo, además de pequeña y exageradamente estrecha, pero no es nada difícil llegar hasta este callejón escondido en el centro histórico de una de las ciudades italianas más bonitas. No hay turista que llegue a este destino mediterráneo y que no se dé una vuelta por la que, sin duda, es la calle más navideña del mundo. Y no solo lo es en Navidad, esa es la gracia.

La historia de este lugar se remonta al imperio romano. Y es que, donde antiguamente se encontraba una calle típicamente romana, en la que se levantaba un templo dedicado a la diosa Ceres (la del cultivo y la fertilidad), hoy se ha convertido en el epicentro de una de las tradiciones navideñas más populares: el Belén.
Todo comenzó con pequeñas ofrendas a la diosa. Los fieles acudían hasta este templo para llevar estatuillas de terracota como obsequio a su deidad. Muy cerca de donde estaba el antiguo templete, se encuentra la iglesia barroca pero de origen medieval de San Gregorio Armeno, esa en la que se representó por primera vez el nacimiento de Cristo con figuritas de barro. Era el siglo XV, y estaba naciendo la tradición del Belén.

La ciudad donde nació la tradición del Belén navideño
Estamos en Nápoles, la cuna del Belén. Y la calle de la que hablamos no es otra que San Gregorio Armeno, nombre que toma de la iglesia vecina, en el corazón del centro histórico de la ciudad. Este es el epicentro de las mejores tiendas y talleres de artesanía típicamente navideña. Y aquí, el pesebre es puro arte.

Alcanza su máxima expresión en el taller Di Virgilio, uno de los centenarios de la calle que lleva en pie desde 1830. Genaro es la cuarta generación de una saga familiar que comenzó a trabajar las figuras de barro por necesidad, y hoy hace auténticas ‘masterpieces’.

Las suyas son composiciones imposibles (y muy grandes) del clásico templo napolitano. “Las hacemos siguiendo las mismas técnicas que en el siglo XVIII”, señala el maestro Genaro. Esto es: barro para el rostro, cristal para los ojos, cuerpo de madera y ropajes de seda.
Algunas de sus composiciones alcanzan varios metros de altura y las vende en todo el mundo. Entre sus clientes se encuentran desde el Papa Francisco a Berlusconi, de Sofía Loren hasta el Rey Emérito “que hace años compró un ángel”, nos confirma Genaro en su taller de la calle San Gregorio Armeno. Y sus piezas se encuentran en algunos de los lugares más emblemásticos de la ciudad, como en lobby del Eurostars Excelsior Nápoles, uno de los grandes iconos de la Dolce Vita que con más de 125 años de historia, todavía sigue en pie y con espectaculares vistas al Vesubio.

El auténtico Belén napolitano
Hoy la calle es un ir y venir constante de gente (a pesar de la estrechez de la calle) en busca de figuritas que llevarse para el Belén, posiblemente el mejor souvenir de Nápoles (con permiso de la camiseta de fútbol de Diego Armando Maradona, Dios para los napolitanos).
Que nadie piense que solo se representan los típicos personajes religiosos propios del nacimiento de Cristo según la iglesia, qué va: lo curioso es que se han incorporado personajes populares, desde figuras de la vida cotidiana (del panadero al pizzaiolo) y la comedia napolitana (como Pulcinella), a nombres de la actualidad política y hasta celebridades del momento.

Como una combinación perfecta entre devoción, creatividad, ingenio y un puntito de sarcasmo (como los ninots de las Fallas, pero en versión mini).
Síguele la pista
Lo último