De Calblanque al cabo Cope, el último reducto (casi) intacto del Mediterráneo

Este reducto es todo un modelo de ecosistema mediterráneo sin contaminar. Entre auténticos riscos donde observar perfectas puestas de sol, arenas resplandecientes, acantilados oscuros, y dunas fósiles, nos miramos en un Mare Nostrum de gran interés geológico.

Irene González
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Foto: Jerónimo Contreras Flore / ISTOCK

Desde el cabo de Palos y las playas de Calblanque hasta el puerto de Águilas, se extiende uno de los últimos reductos casi intactos del litoral mediterráneo. Y es que la costa murciana es muchísimo más que el Mar Menor. Los acantilados y sus maravillosas calas, que conectan puertos y faros, son los grandes desconocidos de este litoral. Son auténticos riscos donde observar las mejores puestas de sol y todo un modelo de ecosistema mediterráneo puro y protegido. Arenas brillantes, acantilados oscuros y dunas fósiles de gran interés geológico se hallan a cada paso de recorrido. Su mar es un gran espejo en el que se mira el paisaje africano de la otra orilla del Mare Nostrum. Líneas de arbustos inteligentes y de nombre idílico, extraordinariamente adaptados a la extrema sequía habitual de esta tierra.

Es un entorno costero de calas, dunas fósiles, acantilados, largas playas doradas, un paraíso marítimo-terrestre que ofrece la cara más salvaje y natural de la costa murciana. En algunos casos, solo los restos de algunas explotaciones mineras y pequeñas casas cúbicas y encaladas, recuerdan el paso del hombre. En este paraíso, todo luz mediterránea, es viento cálido y cielo infinito. Son largos arenales segmentados por varias calas, que encajan unas en otras como elipses de oro entre el negro de los roquedos volcánicos de la sierra costera murciana. Son suelos de antiguas lagunas naturales, reconvertidas a principio de siglo en salinas y posteriormente abandonadas, que han vuelto a su antigua ocupación como cobijo de aves acuáticas. Y es la tierra del Parque Natural del Calblanque, donde una joya son sus salinas, en la que habita el fartet, un pececillo carnívoro en peligro de extinción. Tras la zona costera del Parque, cerca de las Salinas del Rasall, hay un área de dunas fósiles consideradas como uno de sus mayores valores de este vergel. En estas costas, las formaciones montañosas, que discurren paralelas al mar y que descienden hasta la zona más llana del Parque, resultan todo un espectáculo. Es el último reducto casi intacto del litoral Mediterráneo, de un impresionante valor paisajístico, uno de los espacios naturales de la costa que se conserva casi virgen. De áridas sierras, largas playas de arenas doradas y ocres, solitarias caletas, arenales fósiles, blancas salinas y macizos montañosos que contrastan con el añil del mar.