Cafés que han escrito la historia de la capital del Piamonte

El tercer atributo que permanece anclado a la memoria colectiva de Turín, junto a la industria automovilística y al misterioso tesoro de la Sindone, son sus hermosos cafés.

Algunos de estos espacios variopintos, que sirven sus expressos y sus macchiati (cortados) desde hace más de dos siglos, han jugado un papel clave en la historia de la unidad de Italia, así como en la literatura nacional de los siglos XIX y XX, escuchando en sus recoletos reservados conversaciones y versos gloriosos.

Hoy sus atmósferas permanecen intactas para placer y expansión de clientes tanto locales como en tránsito. Alejandro Dumas era un asiduo de Al Bicerin (Piazza della Consolata, 5), que recibe nombre de una especialidad tan típica turinesa como calórica, el bicerin (4 a), una bomba de café, chocolate y nata; el local data de 1763. El taciturno y lírico Cesare Pavese tenía una tertulia literaria en Baratti e Milano (Piazza Castello, 27). Y Nietzsche, entre otros, se tomó sus buenas copas en el Café Fiorio (Vía Po, 8), de 1780. Otro puñado de locales nacidos en torno a 1900, como el Café Mulassano (Piazza Castello, 15), el Café Platti (Corso Vittorio Enmanuele II, 72), el Café San Carlo (Piazza San Carlo, 156), el Café Torino (Piazza San Carlo, 204) y el Pepino (Piazza Carignamo), rezuman, con sus camareros sexagenarios y su distinción clásica, la esencia de la intelectualidad y la aristocracia que han marcado el devenir de Turín en el pasado reciente.