Picasso, Duchamp, Miró, Hamilton... y Dalí: un paseo por la bohemia imborrable de Cadaqués

Salvador Dalí descubrió un día esta hermosa localidad del Alt Empordà y se quedó a vivir en ella para la eternidad. Él es ese guía de excepción que conduce a los viajeros por cada rincón de un pueblo blanco y azul que parece haber sido diseñado para ser pintado.

Silvia Roba
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Son más de cien curvas las que hay que sortear para llegar al que, para muchos, es el pueblo más bohemio de Cataluña. Sus calles y sus casas blancas parecen formar parte de un cuadro. Salvador Dalí solía presumir de que, gracias a su presencia, este maravilloso enclave se había llenado de artistas. Y puede que tuviera razón, por mucho que ya antes el periodista Ferran Agulló hubiera llamado la atención de todo el mundo al bautizar con un nombre que es ya universal a la zona costera en la que se enmarca: “Oh, nuestra Costa Brava, sin igual. Es brava, risueña, fantástica y dulce, trabajada por los temporales a golpe de olas”.

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Picasso, Marcel Duchamp, Joan Miró, Richard Hamilton... Ni un solo artista se ha resistido a los encantos de Cadaqués, el pueblo más oriental de la Península Ibérica, con un casco antiguo de calles laberínticas y en cuesta que hay que recorrer despacio, pisando con fuerza ese pavimento conocido como rastell, hecho a mano con piedras recogidas a la orilla del mar. De origen medieval, el pueblo estuvo rodeado por una gran muralla que ocupaba el espacio de lo que en la actualidad es el centro histórico. El edificio más importante es la iglesia de Santa María, desde la que se obtiene una increíble panorámica de la localidad y su bahía, en la que despunta ese islote que por aquí llaman Cucurucuc.

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El templo, en su mayor parte, de estilo gótico tardío, fue construido a mediados del XVI gracias al dinero aportado por los pescadores después de que el pirata Barbarroja acabara con la iglesia tras asaltar el pueblo allá por el año 1543. En su interior brillan el retablo barroco dedicado a la Virgen de la Esperanza y el que es uno de los órganos más antiguos de Cataluña, de finales del XVII.

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En Cadaqués, al pasear, es posible descubrir muchas y variadas esculturas, como una en bronce, obra de Ros i Sabaté, que representa a Salvador Dalí, figura esencial de Cadaqués, a cuya vida y obra está dedicado el Museo Municipal. Otro monumento de interés es el Casino de la Amistad, fundado en 1870, de estilo neoclásico. Aunque las que más miradas concentran aquí son siempre las casas, algunas de gran belleza, como la Blaua, la Torre de Colom o la de Federico y Víctor Rahola, todas ellas modernistas.

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La casa de un genio

Al norte de Cadaqués emerge la bahía de Portlligat, donde se alza la que fuera residencia de Salvador Dalí y de Gala, su esposa, que en sus tiempos fue una casita de pescadores. La casa tiene una estructura laberíntica. A partir de un punto de origen, el Recibidor del Oso, se descompone y retuerce en una sucesión de espacios encadenados por pasillos estrechos, desniveles y recorridos sin salida, con un sinfín de sorprendentes objetos.

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