Cáceres Gourmet

Cáceres es única e irrepetible. Sus palacios, iglesias, torres y murallas hablan del pasado glorioso de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad cuya cocina ha deleitado este año con la Capitalidad Gastronómica 2015. Cuna de conquistadores –Pizarro, Orellana, García de Paredes, Inés Suárez...–, esta provincia fue elegida para su retiro por un ilustre gastrónomo del siglo XVI: el Emperador Carlos.

El Emperador Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558) eligió el Monasterio de Yuste como retiro final de su existencia porque era un lugar alejado de las grandes ciudades, con buen clima, ricas viandas y aguas limpias, tan necesarias para la elaboración de la cerveza que le preparaba su maestro cervecero, el flamenco Enrique van der Duysen. Una tierra con unas materias primas excelentes y una cocina que ha recibido y recogido las influencias de los pueblos que por allí pasaron: romanos, árabes, judías, cocina monacal... dejando platos memorables como las migas extremeñas y la caldereta de cordero, así como afamados aceites, vinos y quesos. Una gastronomía para saborear y disfrutar. Durante todo el año 2015 y con motivo de la Capitalidad Gastronómica se han organizado en la ciudad concursos, catas, festivales, rutas gastronómicas y una serie de cenas clandestinas con gran éxito, donde se conoce el chef, el día y el precio, pero no se conoce el lugar ni el menú. Cáceres siempre ha sido y es un festín sabroso y contundente, una ciudad donde muchos restaurantes se han transformado en taperías de vanguardia y tradición, con una atractiva y variada oferta gastronómica para todos los públicos y bolsillos.

Tradición y vanguardia, por dentro y por fuera, es lo que encontramos en Atrio. Ubicado en un edificio del casco histórico reformado y acondicionado para albergar un hotel y un restaurante, se han respetado las fachadas de piedra y el interior se ha hecho a imagen y semejanza de sus propietarios, con una gran bodega donde se guardan los tesoros de Jose -3.500 referencias y mas de 40.000 botellas- y una cocina luminosa con grandes ventanales que dan a un jardín interior. Los platos del mago Toño Pérez son de una sencillez solo aparente, llenos de color y armonía, donde encontramos lossabores de su tierra en combinaciones arriesgadas y asombrosas. Algunos no son lo que parecen, son auténticos trampantojos que engañan a la vista, pero no al sabor: la cereza que no es cereza (crema de cereza cubierta con gelatina, y el rabo es una rama de perifollo cubierta de chocolate); el bloody mary (granizado de tomate y helado de cebolletas); cigalas con pan verde, algas y aceite de oliva sólido...; platos a la vez deliciosos y divertidos. En la carta hay dos menús, El de Siempre, con una selección de los platos de la casa, y el Menú Degustación 2015, con las últimas creaciones. Atrio siempre sorprende. Sinónimo de alta cocina y la visita a la bodega es un espectáculo muy recomendable.

Por su parte, El Figón de Eustaquio sigue siendo un referente de la cocina tradicional extremeña. Han pasado siete décadas desde su inauguración y aquella casa de comidas donde se hacía una cocina a fuego lento sigue utilizando el mismo recetario tradicional, aligerando las grasas, ajustando las cocciones y decorando los platos, es decir, la cocina de toda la vida puesta al día, algo que Alejandro Jarones hace como nadie. Oferta una carta muy amplia en la que destacan tanto las recetas de caza -la perdiz estofada y el jabalí a las guindas- como los asados de cordero y cochinillo, el frite de cordero y la chanfaina (hecha con sangre y menudos de cordero). En el postre no puede faltar la deliciosa tarta de Técula Mécula. Con una decoración rústica y un trato siempre amable, sigue siendo de los más visitados por los amantes de la buena cocina.

La alta cocina ha llegado también a las alegres y bulliciosas taperías, lugares de reunión donde gente joven y no tan joven comparte unas tapas en una comida informal. Atrás quedan las mesas vestidas con mantel. Ahora son mesas altas con taburetes y manteles individuales. Casi todas las taperías cuentan con varios espacios, cada uno con su propia carta: la barra, la zona de tapas con mesas altas y un pequeño comedor para aquellas personas que prefieren un poco de privacidad, un servicio más personal y una cocina más elaborada. Todas hacen una cocina tradicional, actualizada y con ciertos guiños a la cocina de autor. Y como en Cáceres todo es monumental, también lo es el tamaño de sus tapas, que más parecen copiosas raciones que tapas. Y si no lo creen, pasen y vean por las innumerables taperías de la ciudad.

Para empezar, el recientemente remodelado Oquendo ha cambiado el formato del plato encaminándose al formato tapería, pero la calidad y la filosofía de la casa sigue siendo la misma: una cocina clásica con sabores puros, claros y limpios. Pablo Medrano es de San Sebastián y por sus venas corre el agua salada del Cantábrico, sus clientes lo saben y van en busca de merluza a la costera, lubina en salsa verde, rodaballo salvaje y cocochas al pilpil. Otros prefieren las excelentes carnes de esta tierra, como el cabrito y las hembras de retinto con su grasita entreverada. Tiene una carta con varios apartados: raciones para compartir, otro con los platos de la casa y otra de tapas. Y una buena y variada bodega. Nadie sale defraudado.

La Cacharrería es una sorpresa, una tapería en una casa solariega del siglo XV con dos espacios separados: un comedor con mesas altas para disfrutar del mundo salado y unos salones con un artesonado mudéjar y mesas bajas para disfrutar de los postres y las copas. Un lugar donde todo lo que se ve está a la venta: cuadros, sillas, mesas, adornos, lámparas... todo. En la cocina, Juan (onubense) y Alberto (extremeño) dan un toque muy personal a sus tapas mezclando sus raíces gastronómicas y haciendo recetas que están a caballo entre Extremadura y Andalucía y otras veces añadiendo productos de lejanas tierras. La Cacharrería es un sitio divertido, con una carta muy amplia: migas, ancas de rana rebozadas, ajo blanco de mango, falafel, humus, samosas, solomillo de ibérico... un lugar para visitar. No reservan mesas y suele haber mucha gente, por lo que hay que ir temprano o esperar.

La tapería La Minerva está en uno de los lugares más monumentales y visitados de la ciudad: la Plaza Mayor. Tiene varios espacios: terraza, barra, zona de tapas y comedor, siendo la terraza y la barra los más versátiles, allí se puede degustar desde un desayuno hasta unas tapas por la noche. José María Rubio presume de que sus tapas tienen calidad, originalidad y presentaciones muy atractivas, y es cierto, es una cocina en miniatura preciosista y elaborada que, además, ofrece la posibilidad de hacer un menú degustación de tapas maridado con ciertos vinos a precios muy competitivos. En la carta del restaurante destaca la presencia de pescado y las carnes de la zona. Los postres son una delicia. Un lugar para ir y repetir. Muy recomendable para las cenas veraniegas es su terraza con vistas, un verdadero lujo.

La imaginación de Raúl Olmedo es capaz de dar la vuelta al recetario tradicional y hacer una cocina moderna, sabrosa y vistosa. Esa es la cocina de Bouquet, una cocina puesta al día, con toque de autor y ciertos divertimentos. En su cocina las tapas se transforman en raciones y medias raciones muy abundantes y con buenas presentaciones. Una carta muy acertada con los clásicos de la casa (un excelente jamón de la casa, torta del Casar, angulas de monte, setas de cardo en juliana, rebozadas en harina y fritas...), los caprichos del chef (gazpacho de cereza, galletas de foie...), ensaladas, arroces, del mar (pescados), de la tierra (rabo de toro, escabeche de gallo de corral...) y los postres. Un servicio atento y buena bodega. Para la tarde/noche, no dude en solicitar una mesa en la terraza con vistas al Ayuntamiento.

Finalmente, Mastropiero es un lugar con varias alturas, tres espacios y tres cartas: uno de comida callejera -Street Food- con perritos, hamburguesas, ensaladas, fish chips...; otro con un picoteo para compartir (croquetas, patatas bravas...) y el tercero es un gastrobar con una cocina gourmet con tapas muy elaboradas donde Carlos pone toda su creatividad en el buen hacer (un gazpacho de manzana, tataki de presa ibérica...). Los tres con unas cartas cortas, pero acertadas. El jardín de las palmeras es uno de los lugares más visitados de la noche cacereña, con buen ambiente, música, pista de baile improvisada y un visitado Gin Club. Un lugar para ver y ser visto.