En busca de los volcanes de lodo: una travesura de la naturaleza

Te mostramos estas peculiares formaciones alrededor del mundo.

José Miguel Barrantes Martín
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Tan solo una ligera mirada a nuestro alrededor es capaz de revelarnos la grandeza de la naturaleza, su poder para sorprendernos y maravillarnos, la diversidad con la que nos asombra y su inexorable búsqueda de equilibrio que fluye a escalas tan grandes que no somos capaces de comprender.

La extraordinaria amalgama de fenómenos físicos que dan forma a la Tierra nos evidencia la complejidad con la que actúa nuestro planeta. Algunos de ellos, que alcanzamos a vislumbrar gracias a las formas que adquiere el relieve en superficie, nos dejan atónitos ante las fuerzas que intuimos que se esconden detrás de su creación. Tal es el caso de los llamados «volcanes de lodo», curiosas y peculiares expresiones de la naturaleza que nos asombran con magníficos paisajes a lo largo y ancho del mundo.

Un «trampantojo» del relieve

En sentido estricto, los volcanes de lodo no son volcanes, si bien tienen en común la expulsión de gases. La morfología que adquieren a menudo los terrenos en los que aparecen, en los que se forman conos y cráteres, nos hacen asociarlos a la imagen que tenemos de las estructuras por las que se expulsa el magma. Su origen está ligado en la mayoría de los casos a los efluvios de gases desde las capas profundas de la corteza terrestre, provocando una variación en los materiales que atraviesa y liberando el resultado hacia el exterior en forma de lodo, a través de pequeños cráteres por los que se evacúa.

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Aunque algunos de ellos responden a la actividad telúrica en zonas volcánicas, la gran parte de los volcanes de lodo que podemos encontrar en la Tierra están asociados a bolsas de gas o petróleo. El material que se expulsa, un fino lodo que, según el caso, se emite a la superficie tanto frío como caliente, es aprovechado en muchas regiones para su utilización en tratamientos de fangoterapia.

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Por otro lado, un hecho poco conocido de los volcanes de lodo tiene que ver con su contribución al efecto invernadero del planeta. El metano – responsable de casi una cuarta parte de este efecto que provoca el calentamiento de la atmósfera – es el principal gas que emiten estas formaciones. Al margen de los volcanes de lodo que encontramos en la superficie terrestre, muchos de ellos se encuentran también en los fondos marinos, como es el caso de Håkon Mosby, un enorme volcán de lodo a lo largo de Noruega. Su acción de liberación de metano estaría contribuyendo, según las últimas investigaciones, a aumentar de manera notable la tasa de metano en el aire.

Una gran variedad alrededor del mundo

La heterogeneidad de los volcanes de lodo en la Tierra es impresionante. Actualmente están catalogados en el mundo varios centenares de ellos, teniendo en cuenta que aún quedan muchos por descubrir bajo las aguas. Los espectaculares paisajes que crean se unen en ocasiones con la ignición de los gases que se expulsan junto a los lodos, dando lugar a escenas sumamente bellas.

La zona donde se encuentra la mayor concentración de este tipo de relieves corresponde a Azerbaiyán, que registra casi la mitad de los volcanes de lodo del mundo, en especial el grupo formado por las concentraciones de Bakú y el resto de la península de Absheron. Los más grandes de esta zona, el Turaghai y el Boyuk Khanizadagh, son sencillamente impresionantes. Precisamente este último entró en erupción en 2018, emitiendo llamaradas que alcanzaron los 300 metros de altura; junto a estos dos ejemplos, seguramente el más conocido y turístico sea Yanar Dag, denominado popularmente la «Montaña de fuego», otra formación de estas características que arde ininterrumpidamente a lo largo de unos 200 metros de longitud.

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Más allá de Azerbaiyán podemos encontrar volcanes de lodo en muchos otros países, incluso en España, como en la comarca de Campo de Calatrava, en Castilla-La Mancha.

En Europa, los casos más importantes se encuentran en Rumanía, con los volcanes de Berca y sus emblemáticos Pâclelor Mari y Pâclelor Mici, formando uno de los espacios protegidos más atractivos del país; también Italia puede presumir de albergar en su territorio estos fenómenos, con las emanaciones de lodo de la icónica Solfatara Pozzuoli, situada en el espacio de Campi Flegrei, al norte de Nápoles; o los volcanes de lodo de la Reserva Natural de Macalube, en Sicilia.

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En otras partes del mundo destacan Estados Unidos - con el Parque Nacional de Yellowstone a la cabeza pero con importantes ejemplos también en California, en Salton Sea -; la península de Kerch, en Crimea, con el volcán Andrusova como estandarte; el volcán Pugachevski, en la isla rusa de Sajalín, con su sensacional forma de ojo; el conocido como Piparo Mud Volcano y el lago de asfalto – un tipo de formación de lodo - de La Brea, uno de los más extensos del mundo, ambos en Trinidad y Tobago; o los que encontramos en América del Sur, como los volcanes de lodo de Tiracoma, en Perú, y especialmente todos los pertenecientes a Colombia y Venezuela, dos de los países más importantes del mundo en lo que a este fenómeno se refiere.

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En el caso de Venezuela encontramos el lago de asfalto más extenso del mundo, el de Guanoco, con sus más de cuatro kilómetros cuadrados, o el volcán de lodo de Yagrumito, conocido como «El hervidero». Mientras, Colombia nos regala algunos de los ejemplos más turísticos del planeta donde poder disfrutar de un baño de lodo. Muy reconocidos son los casos del volcán de Arboletes, el de La Lorenza y, sobre todo, el célebre volcán de El Totumo, con su llamativo y sobresaliente cono, su mayor atractivo y gran reclamo para el turismo.

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Junto a todos ellos son varios los países asiáticos que también cuentan con este tipo de relieves, como Taiwán, India, China, Irán, Japón, Pakistán, Birmania o, fundamentalmente, Indonesia, que aloja el que está considerado el mayor volcán de lodo del mundo en la actualidad, con más de doce kilómetros cuadrados de extensión, el volcán Lusi, en el distrito de Sidoarjo, que entró en erupción en 2006 generando una catástrofe natural en la zona, matando a varias personas y obligando al desplazamiento forzoso de miles de habitantes del lugar.