En busca de los cuatro Montes Legendarios

Son montes míticos desde tiempos inmemoriales. Monte do Gozo, la Sierra del Moncayo, el Montseny, y la Sierra de Aralar, tienen mucho de sagrado. Están llenos de anhelos, de leyendas y tradiciones. Pero sobre todo, de impresionante naturaleza cuajada de cumbres, frondosos bosques, y niebla legendaria.

Irene González
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Recorremos cuatro espacios cargados de un misticismo casi mitológico. Desde épocas remotas estos montes han sido lugares de residencia de dioses, por ser causa de tempestades y tormentas, o por estar más cerca del cielo. Recorremos las lomas que, de una u otra forma, han sido consideradas sagradas por los antiguos desde hace siglos. Atravesamos La Coruña, Zaragoza, Soria. Barcelona, Gerona, Navarra y Guipúzcoa en busca de su magia. Los hombres que los recorrieron los compartieron sus deidades, y en ellos crearon un increíble patrimonio.

Has Bécquer los reflejó en Sus rimas y leyendas. Cartas desde mi celda. El coruñés Monte do Gozo está cuajado de anhelos de millones de peregrinos que observan desde su cima el final de su camino. Es un tributo a la historia de Santiago de Compostela, al Camino de Santiago y a los viajeros del camino, que durante siglos, lo alcanzan antes de descender a la ciudad del apóstol. Esta antesala de Santiago, ya era recorrida antes de la aparición del sepulcro por los viajeros que se dirigían a Finisterre en busca del conocimiento, porque para ellos era el fin de la tierra. Hoy el Monte do Gozo es un compendio del Camino.

En su cúspide hay una pequeña ermita bajo la advocación de San Marcos, un monumento en honor de San Francisco de Asís, un albergue de peregrinos, y unas esculturas dedicadas al conchero medieval, que antaño, antes de postrarse ante el sepulcro, debía lavarse en las aguas del Lavacolla, y después acceden a do Gozo, para ser confirmado peregrino. Sea como fuere, desde el mítico do Gozo se alcanza a ver la catedral compostelana, que ya vieron hace siglos los primeros peregrinos.

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En ella estuvieron Carlomagno, Ramiro I, Sancho I, Fernando I, El Cid, Alfonso VII, los Reyes Católicos, Juana la Loca, Eduardo de Inglaterra, Calixto II, y un largo listado de personajes que han sido protagonistas de nuestra historia. El Moncayo, frontera entre tierras sorianas y aragonesas, se alza solitario y eterno, al cielo. Las nubes se deslizan desde su mítica cumbre por sus laderas, lo que le otorga un halo casi irreal, que ha generado cientos de leyendas. Rocas, bosques, ríos y fuentes conservan algo fantástico, que hace creer en brujas, moras encantadas y demonios. Su vértice más alto, con unos 2 300 metros, ya era llamado por los romanos Mons Caunus, por las nieves eternas que lo coronaban.

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La falda de El Moncayo estuvo habitada, quizá por su espiritualidad, por celtas; y también por romanos, que construyeron calzadas, y al parecer, levantaron un templo a Júpiter. Los pueblos que se asientan en su cara norte están cuajados de restos de castillos, arquitectura tradicional, palacios y hermosas iglesias. Entre bosques de abedules, acebos y robles, hay que detenerse en Ágreda, Conjunto Histórico, donde además de sus conventos, palacios y fortificaciones, hay que perderse por sus barrios judío y árabe.

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Al igual que en Tarazona, Patrimonio Cultural de la Humanidad, y Conjunto Histórico, La Turiasu celta, que está cuajada de torres mudéjares, posee en su parte alta un laberinto de calles antiguas que formaban los barrios musulmán y judío. Y muy interesantes Trasmoz y su castillo, con infinidad de leyendas de brujas y aquelarres; y el monasterio cisterciense de Veruela, del XII, que estuvo completamente amurallado, y que aún refleja el poder que llegaron a tener los monjes. Entre Barcelona y Gerona se alza la sierra del Montseny, donde sus cumbres, sus infinitos recovecos, sus bosques, y sus nieblas, le dan un carácter divino. Dice la leyenda que en las zonas donde el mando vegetal es tan espeso que no deja entrar la luz, habitan duendes, ninfas y brujas.

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Cierto o no, lo que si es veraz es que sus antiguos pobladores han dejado un extraordinario patrimonio en su interior. En el Montseny se despliegan dólmenes, el poblado íbero de Motgròs, castillos medievales, masías fortificadas, e increíbles ermitas románicas en lugares imposibles. Esta sierra es, además de parque Natural, Reserva de la Biosfera. Se divide en los macizos del Turó del Home, el de Matagalls, y el de Pla de la Calma; desde los que la panorámica es tan bella, que parece irreal. Esta legendaria montaña posee una impresionante masa forestal colmada de encinas, alcornoques, castaños, robles, acebos, hayas, abetos y pinos, que la hacen fantástica. Las tradiciones, leyendas y patrimonio, convierten a la Sierra de Aralar en un enigmático macizo con construcciones singulares.

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Se alza entre Navarra y Guipúzcoa, y sobre sus laderas se despliegan impresionantes hayedos, muchos de ellos, con ejemplares centenarios. Y en sus idílicas e infinitas praderas, pasta el ganado, sobre todo la oveja de la que salen sus exquisitos quesos. La sierra de Aralar tiene desde el principio de los tiempos un halo sagrado. Ya en la prehistoria se levantaron menhires y un gran número de dólmenes, y la mitología habla de una raza de seres, conocidos como los gentiles, que habitaron toda la zona de los antiguos vascones.

Aunque la tradición más arraigada en Aralar es la que ha dado origen al santuario de San Miguel in Excelsis, que se resguarda bajo la cumbre del Hatzueta, y que posee una increíble iglesia románica del XII. Cuenta la tradición que se remonta a épocas visigodas, cuando el legendario guerrero Teodosio de Goñi, volviendo de la guerra, se encontró con Satanás disfrazado de ermitaño. El demonio le relató las terribles infidelidades de su esposa durante su ausencia, y ciego de ira, acudió a su casa, entró en la alcoba y descargó su espada contra los cuerpos que estaban en la cama.

Al salir se encontró su esposa, que le dijo que había dejado en la cama a sus suegros, así que Teodosio había dado muerte a sus propios padres. Fue a Roma a confesar su pecado y el papa le condenó a llevar una cruz, y a ir de penitente con una cadena, hasta que ésta se cayera. Tras muchas penalidades, invocó a San Miguel que lo salvó. Teodosio regresó y ordenó construir el santuario, donde vivió con su esposa como ermitaños. Desde el santuario, la panorámica del valle ofrece una belleza arrebatadora.