Buenos Aires gourmet

La capital de Argentina tiene mucho más que tango y jugosas parrilladas para ofrecer. Vibrante y sofisticada, histórica y vanguardista, fusiona con elegancia su herencia europea con nuevas tendencias gastronómicas y culturales, ampliando sus opciones para el turista amante del lujo y los buenos placeres. Viajeros sibaritas y hedonistas son bienvenidos a la Buenos Aires gourmet, una ciudad que invita a disfrutarla con los cinco sentidos.

Carmen Ercegovich
 | 
Foto: Álvaro Leiva

Soplan nuevos vientos en Buenos Aires. Como un palimpsesto de los que tanto gustaban al escritor Jorge Luis Borges -hijo predilecto y uno de los grandes iconos internacionales de la ciudad-, la identidad de la capital argentina se reescribe y se reinventa permanentemente, multiplicando sus facetas para sorprender al visitante más exigente.

Frente al ancho y amarronado Río de la Plata como testigo inmanente de sus devaneos políticos, económicos y sociales a lo largo de casi cinco siglos, la llamada París de Suramérica atraviesa una etapa de verdadero esplendor que se manifiesta en los casi tres millones de extranjeros que llegaron en el último año, quienes gastaron un promedio de mil millones de dólares cada semestre. El crecimiento del turismo de lujo va de la mano de un tipo de cambio favorable, especialmente para aquellos que vienen del hemisferio norte (un euro equivale a cinco pesos argentinos, aproximadamente), pero también se ve estimulado por una mayor oferta de las llamadas atracciones premium, con un alto valor agregado que seducen al viajero bon vivant mostrándole el lado más exclusivo y exquisito de la capital argentina.

Mucho más que asado. El popular bife de chorizo, las parrilladas y las pizzerías con mística barrial siguen siendo los estandartes de la cocina local, arraigada en ese orgullo nacional que es la carne vacuna y en los vestigios de la inmigración italiana de principios del siglo XX. Pero en las últimas décadas el menú se ha expandido hasta niveles insospechados, en un abanico de posibilidades que incluyen variedades étnicas de los cinco continentes. Los paladares intrépidos encontrarán platos con cordero patagónico, conejo, rabo de toro, ranas, yacaré, ñandú, jabalí, pejerrey, cocina molecular, vegetariana, naturista, propuestas del movimiento slow food (comer despacio) o raw food (comida cruda), y estilos que fusionan exitosamente numerosas tendencias culinarias de los más distintos orígenes (por ejemplo, peruano-japonés o japonés-francés). En la última década se han establecido también referencias gastronómicas de visita inevitable para el visitante, como Puerto Madero, hacia el sur y a la vera del río, o Palermo (el barrio más extenso, desdoblado en varios sectores: Alto Palermo, Palermo Chico, Viejo, Soho, Hollywood), que se sumaron a los más tradicionales como el bohemio San Telmo o la refinada Recoleta.

Sin embargo, algunas de las alternativas más interesantes para explorar no resultan tan evidentes en medio de la abrumadora cantidad de opciones. Con el objetivo de brindar un servicio personalizado y selecto, algunos de los restaurantes más peculiares se encuentran casi escondidos en el paisaje porteño o funcionan a puerta cerrada en distinguidas casonas antiguas o departamentos donde el acceso sólo se admite con reserva previa y cuentan con escasa publicidad. En algunos casos se trata de iniciativas de chefs o sommeliers que cocinan en sus domicilios y abren su cava para unos pocos comensales, con una carta acotada que varía regularmente.

El auge de las vinotecas. La buena fama mundial de los varietales argentinos y la profesionalización de la sommelierie (la Escuela Argentina de Sommeliers se creó hace apenas once años) confluye en el auge de las vinotecas, wine-bars y ferias de vinos de lujo, que proponen catas guiadas, con experimentaciones sensoriales, a través de las cuales pueden degustarse las mejores cepas nacionales e internacionales. Algunas cadenas como Winery tienen locales que funcionan también como puntos de venta de productos delicatessen (vinos, licores, quesos, conservas...) y como restaurantes, mientras que otros espacios, como Gran Bar Danzón (Libertad, 1161, en Retiro) o Milion (Paraná 1048, Recoleta), son los elegidos por los ejecutivos para tomar una copa en el after office o antes de ir a cenar o a bailar.

A la hora de dejarse tentar por algo dulce, dos clásicos de Buenos Aires se dan la mano. Muchas heladerías y cafeterías (por ejemplo, Un Altra Volta y Pérsicco) se han integrado convirtiéndose en patisseries, imprescindibles para los más golosos. También las tradicionales fábricas de alfajores y chocolates argentinos, como Havanna o Bonafide, están presentes en casi todos los barrios para acompañar un buen capuccino con sus delicias. Amantes del té y el café, por su parte, encontrarán elegantes y modernas cadenas especializadas como Tealosophy, Tea Connection, The Coffee Store o la americana Starbucks, donde podrán elegir su blend favorito y compartirlo en un ambiente amable y relajado.

Tango y otros ritmos. El ambiente y el glamour del 2x4 sigue siendo un genuino imán para los turistas de todo el mundo, muchos de los cuales llegan para instalarse durante varios meses y tomar clases de baile grupales (en los numerosos salones o milongas) o privadas. Algunos de los representantes más destacados de esta danza en el mundo -como Mora Godoy- llegan a cobrar hasta 200 dólares por cada lección particular. También para exigentes o fanáticos existe el Abasto Plaza Hotel. Ubicado en el barrio donde viviera el mismísimo Carlos Gardel, es el primer cinco estrellas temático, cuyas suites de 103 metros cuadrados cuentan con discoteca especializada, pista para ensayar y decoraciones alusivas realizadas por artistas del fileteo. Para quienes se contentan sólo con asistir a un buen espectáculo, Rojo Tango, en el Faena Hotel de Puerto Madero, es uno de los shows más deslumbrantes de la cartelera actual.

Pero no sólo de tango se vive en Buenos Aires. La heterogénea agenda de conciertos programados cada temporada en la ciudad revelan la inquieta idiosincrasia del porteño, que es capaz de disfrutar de igual modo de un multitudinario recital de rock n'' roll como de una presentación íntima en algún reducto dedicado a los sonidos de jazz. Además, los festejos del Bicentenario argentino -conmemorado el 25 de mayo pasado- tuvieron como broche de oro la reapertura del Teatro Colón, escenario histórico dedicado a la ópera y el ballet, que había estado cerrado durante más de tres años por reformas. Hoy, debido a la gran demanda, conviene comprar las entradas y abonos con cierta antelación.

Muy cerca de allí, la emblemática Avenida Corrientes, que es casi una versión local del famoso Broadway neoyorquino, exhibe orgullosa sus abundantes propuestas teatrales para todas las edades y públicos.

Por su parte, los museos, galerías y librerías centralizan e impulsan el movimiento cultural de la ciudad. Además de las visitas convencionales a estos lugares, desde el año 2001 se vienen desarrollando las Gallery nights (www.gallery-nights.com.ar), unos recorridos gratuitos que el público puede realizar los últimos viernes de cada mes a partir de las 19 horas, siguiendo un itinerario que conecta los espacios vinculados con el arte en distintas zonas de la capital argentina. Cada edición de este evento sugiere nuevos sitios para conocer y suma actividades complementarias como presentaciones musicales, conferencias, sorteos de obras y degustaciones de champagne.

Fútbol y otras pasiones deportivas. Aunque el deporte que ha consagrado a Diego Maradona y Lionel Messi es el más popular entre los argentinos, existen otras disciplinas menos difundidas y más exclusivas en las que el talento de las Pampas destaca y ha conquistado los máximos trofeos. El polo es una de ellas. El Abierto de Palermo, que se disputa cada mes de diciembre, es el torneo de mayor prestigio internacional, donde compiten los mejores equipos del mundo. Se juega desde el año 1893 (sólo se interrumpió durante las dos guerras mundiales) y congrega a una extraordinaria élite que deslumbra a los millonarios más excéntricos, algunos de los cuales pagan fortunas para participar en una competición privada con los jugadores de polo más cotizados del mundo.

Para quienes quieran asomarse a este distinguido universo, algunas empresas como Feel Polo (www.feelpolo.com) organizan tours especializados que incluyen clases con los caballos más cotizados y paseos por estancias en campos alejados del radio urbano, donde también se puede tomar contacto con el folclore autóctono.

Una alternativa similar es la que encuentran los aficionados al golf, que también pueden contratar guías expertos o paquetes turísticos con acceso a los campos para prácticas de alta gama y entrenamiento para mejorar su hándicap. Los más hábiles y audaces tienen la posibilidad de inscribirse en el campeonato mundial para golfistas amateurs (WATC, en inglés), que se disputa durante el mes de octubre de 2010.

Compras clásicas y marcas de lujo. A cualquier visitante primerizo seguramente le han recomendado llevarse alguna prenda o calzado de cuero en Buenos Aires. Y no estará mal orientado: se trata de una de las industrias más antiguas y desarrolladas del país, originada en la abundante materia prima y en su reconocida calidad. Pero la oferta de los circuitos de compras hoy se distingue por la diversidad de productos y el diseño. Fuera de los shopping malls, donde la sucesión de tiendas y marcas parece idéntica en cualquier parte del globo, algunos barrios porteños se erigen con alternativas singulares. Es el caso del rebautizado Palermo Soho, que no es otro que el viejo arrabal de cuchilleros que Borges retrató en sus tempranos poemas, hoy plagado de locales de venta de indumentaria, muebles y accesorios con firma de autor. A pesar de que los cool hunters -los expertos en las tendencias de consumo-, siempre a la vanguardia, señalan una cierta saturación de la zona, el área que rodea la Plaza Cortázar aún es una parada imprescindible para cualquier viajero.

Para quienes prefieran evitar las muchedumbres o tengan un estilo más clásico, Recoleta y Retiro son los destinos indicados. En cinco cuadras, la Avenida Alvear sigue albergando las más refinadas marcas internacionales (Ermenegildo Zegna, Ralph Lauren, Louis Vuitton...), al igual que los distinguidos centros comerciales de Galerías Pacífico y Patio Bullrich, que destacan además por su valor arquitectónico. Y como la ciudad siempre tendrá más tesoros secretos que descubrir, algunos hoteles exclusivos ofrecen a sus huéspedes el servicio depersonal shoppers ogerentes de estilo de vida, quienes brindan asesoramiento personalizado para ahorrar tiempo de búsqueda y satisfacer demandas puntuales de consumo y esparcimiento. Aunque a la hora de viajar no todo lo que se organiza es lo que más se disfruta, pues lo inesperado puede depararnos experiencias maravillosas. Sobre todo en Buenos Aires.