Buenos Aires. Che, viniste con cuatro kilos de más

Uno de los viajes más impactantes e inolvidables de todos los que he realizado con el programa "Dutifrí". Contrastes como sentirte en casa y que te llamen "invasor", descubrir la esencia del tango y la adoración que despierta un campo de fútbol feo y viejo, y escuchar una de las historias que con más fuerza te llegan al corazón: la de un hombre que descubre que sus padres le robaron cuando era sólo un bebé y encuentra muchos años después a su verdadera familia.

Jorge Salvador

Primer día:
Como en casa, y qué comida
Viajar a Argentina es una experiencia extraña. Porque hay que hay hacer miles de kilómetros, 13 horas de avión, para luego sentirse como en casa. ¿Cómo es posible? Uno vuela muchas horas para encontrar exotismo, algo muy diferente: palmeras, playas desiertas, pagodas, indígenas... pues aquí no. Buenos Aires es una mezcla perfecta entre París, Barcelona y Madrid, y eso choca al llegar. Y eso es porque nosotros conocemos a muchos argentinos, pero no Argentina. Y es que está demasiado lejos y, por si eso fuera poco, cuando estamos de vacaciones allí es invierno y a los españoles no nos apetece pasar frío en verano. Por culpa de esa chorrada, millones de españoles nunca iremos a Argentina y nos perderemos un país maravilloso. Maravilloso por su paisaje, por su extensión, por su gente y, sobre todo, ¡por su comida! Déjenme que me detenga aquí un minuto, porque en Buenos Aires engordé 4 kilos y tengo experiencia propia para confirmarlo. ¡Qué carne! Ohhhh el bife; ¡qué postres! Ohhhh el dulce de leche; ¡qué restaurantes! Ohhhhh... Por cierto, no es una leyenda urbana: los restaurantes italianos de la ciudad de Buenos Aires son mejores que los de Italia. En fin, no lo duden, renuncien a pasar calor un verano y escápense unas semanas a Argentina, merece la pena.

Segundo día:
Con Serrat de guía
Hemos quedado en Buenos Aires con Joan Manuel Serrat, y eso es como decir que hemos quedado con Dios en el cielo, porque Serrat en Argentina es una divinidad, un hombre venerado. Encima Serrat se ha ofrecido a enseñarnos Buenos Aires conduciendo él mismo un antiguo taxi. Qué os puedo contar de ese momento, sólo magia. En cada rincón hay una anécdota, un dato histórico, un concierto suyo, un admirador que le saluda. Nos enseñó el lugar de donde sale el famoso tango que empieza "Corrientes 348" y que hoy en día es simplemente una puerta de un aparcamiento pintada; el hotel donde se alojaba Lorca o la plaza donde un día tocó para 200.000 personas... En fin, uno de esos momentos mágicos que de vez en cuando la vida te regala. Por si fuera poco, después se ofreció a hacernos una parrillada de carne, hecha por él mismo en el restaurante de un íntimo amigo suyo. Hay que decir que Serrat sólo hizo de pinche. Un detalle más: para demostrar que la carne estaba perfecta, el camarero la corta delante de ti con una cuchara, dato de chulería que recuerda lo de cortar el cochinillo con un plato, pero a lo porteño.

Tercer día:
Una historia inolvidable
Conocemos a Juan Cabandié, una de las historias más impresionantes y desgarradoras que he escuchado en los 26 viajes de Dutifrí. Juan es un chico de 28 años que hace tiempo empezó a sospechar que sus padres no son sus verdaderos padres biológicos. Su progenitor es un ex militar de la dictadura de Videla que siempre se había jactado de su poder en esos años de persecución y horror. Además, notaba un trato diferente con su hermana. Entonces acude a las abuelas de la Plaza de Mayo, que tienen un archivo genético de todas las abuelas y madres con hijos y nietos desaparecidos en la dictadura. Se somete a un análisis genético y al cabo de unos meses le comunican que sus padres no son reales. Sus verdaderos progenitores desaparecieron a finales del año 1978 estando su madre embarazada. Ese mismo día, tras el shock de la noticia, Juan se cambió de nombre y apellido y conoció a sus verdaderos abuelos en una escena que, explicada por él, pone los pelos de punta. Mide bien sus palabras: cuando habla de sus antiguos padres los llama "usurpadores". A medida que avanza la historia los ojos se le llenan de lágrimas. Ha denunciado a su antiguo padre y el fiscal pide 17 años de prisión para el "usurpador". La historia nos la cuenta en la cancha de baloncesto donde sus padres se conocieron. En la fotografía podemos ver a su madre, la tercera de la fila de arriba empezando de izquierda a derecha. En un principio habíamos quedado en la Escuela Mecánica de la Armada, lugar donde sus padres desaparecieron, pero Juan no se sentía con fuerzas para entrar en el mismo lugar donde sus padres habían sido asesinados 28 años antes. Hoy Juan Cabandié es un chico tan popular en Argentina que ha llegado a ser nombrado diputado por el partido de la actual presidenta. En fin, una historia que tarde o temprano acabará en el cine.

Cuarto día:
El tango y "Maradona"
Yo pensaba que lo del tango en Buenos Aires era un tópico pasado de moda. Pero paseando un domingo por el barrio de San Telmo te das cuenta de que no es así. El tango está en todas las esquinas, la gente baila por las calles, orquestas enteras con doce músicos hasta con piano incluido se plantan en la calle, el ruido del bandoneón te atrapa y entonces entiendes que esta ciudad es especial. Otra visita emblemática es al estadio del Boca Juniors, un sitio que la gente va a contemplar como si fuera un gran monumento. Y no lo es. Es un estadio de fútbol viejo y feo pintado por fuera de amarillo y azul. Intentamos entrevistar allí a Maradona, pero como nos dio plantón lo sustituimos por un doble que encontramos por la calle. Conseguimos permiso para bajar a la hierba a grabar unas tomas, pero allí recibimos una bronca espectacular de un empleado del club por pisar la hierba. "¡Che, pero qué están haciendo, esta hierba es sagrada!". "Oiga, tenemos permiso del club para grabar en el campo", le contestamos. Resulta que el permiso era para pisar una zona de hierba artificial que está por detrás de una de las porterías. Tuvimos que grabar al supuesto Maradona dando toques al balón en un metro cuadrado de hierba artificial. Al final "Maradona" chutó tan mal al balón que la bola entró 20 metros dentro del campo. Al ver los ojos ensangrentados en odio del empleado del campo nos fuimos huyendo cobardemente.

Quinto día:
El cementerio de Evita Perón
No podíamos marcharnos de Buenos Aires sin visitar la tumba de Evita Perón. Pensábamos que era un lugar emblemático de la ciudad. Pero por lo visto no lo es. ¡Gran decepción! La tumba está casi escondida en un minúsculo callejón de un gran cementerio de un barrio burgués de la capital argentina. Evita no tiene tumba propia, está enterrada en un pequeño panteón familiar, recordemos que tardaron casi veinte años en enterrarla, su cadáver estuvo danzando por el mundo antes de llegar ahí. A todo eso hay que añadir un siniestro cementerio que tiene la costumbre de poner sus féretros en una especie de panteones con las puertas de cristal, con lo que se pueden ver los ataúdes desde el exterior. Teniendo en cuenta que los féretros acaban descomponiéndose con el paso de los años y los huesos asomándose al exterior...