Buceando con el tiburón ballena

El arrecife de Ningaloo, en el oeste de Australia, es uno de los pocos lugares donde poder nadar con este amigable coloso del océano.

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: davidevison / ISTOCK

El pez más grande que habita los océanos es una criatura dócil y gentil, completamente inofensiva, que se alimenta a base de plancton y que adora las zambullidas en aguas cálidas entre lagunas y atolones de coral. Por su imponente presencia, por sus movimientos lentos y parsimoniosos y porque no se asusta con la proximidad humana, no hay experiencia más bella que la de bucear con tiburones ballena, los más adorables gigantes del mar que pueden medir hasta 15 metros y pesar hasta 20 toneladas.

En la costa oeste de Australia, a unos 1.200 kilómetros de la ciudad de Perth, existe un lugar donde los tiburones ballena llegan de visita entre abril y finales de junio. Unos 500 ejemplares convergen en Ningaloo Reef, justo cuando se produce el desove de los corales en uno de los arrecifes más deslumbrantes del mundo.

vlad61 / ISTOCK

Un arrecife muchas veces deslucido por el gran impacto de su hermano mayor, la Gran Barrera de Coral, pero que esconde sin embargo uno de los universos submarinos más apasionantes del planeta. En realidad, se trata de una franja de 260 kilómetros catalogada como Parque Marino y designada Patrimonio de la Humanidad. Remota y poco concurrida, en ella el buceo es incomparable por su cercanía a la costa y su apabullante biodiversidad. En ningún otro lugar se puede acceder tan fácilmente a un gran arrecife para encontrarse con 500 especies de peces, 300 de corales y cerca de un millar de moluscos.

Durante los meses de invierno, además, este lugar es parte de las rutas migratorias de delfines, mantarrayas y ballenas jorobadas, así como de los tímidos dugongos (una suerte de manatí submarino único en su especie) y de las tortugas bobas, que no faltan a su cita en enero para desovar en las playas.

Pero la estrella de la fauna marina de Ningaloo es, sin duda, el tiburón ballena, al que difícilmente se puede hallar en otros mares. Y lo más curioso es que, pese a esa boca de hasta metro y medio que domina su cabeza aplanada, estos colosos solitarios invitan a descubrir las profundidades con total seguridad.

JohnCrux / ISTOCK

La localidad de Exmouth está plagada de agencias de viajes donde contratar excursiones en barco para bucear con tiburones ballena en la modalidad de snorkel o submarinismo. Es en este acogedor pueblo costero, junto al también idílico Coral Bay, donde la barrera se encuentra a apenas un centenar de metros de la playa, lo cual garantiza que, muy cerca de la orilla, ya puedan verse peces payaso, anguilas, morenas… El avistamiento de los tiburones ballenas, sin embargo, requiere ingresar en aguas más profundas, para lo que hay que sumarse a algún tour. También, quienes prefieran disfrutar de esta aventura en seco tienen la posibilidad de embarcarse en un bote con fondo de cristal con el que surcar las aguas cristalinas.

En cualquiera de estas modalidades, el arrecife australiano de Ningaloo cuenta con numerosos rincones donde el buceo supone la entrada a un universo de colores imposibles. Y aunque nadar bajo la sombra protectora del tiburón ballena es una experiencia con gran porcentaje de probabilidad, a quienes no lo consigan siempre les quedará confundirse con los peces tropicales en el área de Lighthouse Bay, explorar las aguas poco profundas de Bundegi Bombies (ideales para aleta y tubo), sumergirse en el hogar de los delfines en Monkey Mia... También, para redondear la aventura, convertirse en un auténtico náufrago en las islas desiertas de Muiron, que son un edén de arenas nacaradas flanqueadas de cocoteros.

// Outbrain