Bucarest, fusión de arquitecturas

La capital rumana posee imponentes y majestuosos edificios fruto de su historia.

Foto: Tibor Bognar/Corbis

La fundación de Bucarest es todavía hoy una incógnita aunque desde el siglo XIX se está investigando sobre su fundación y se han establecido diversas teorías. Una de ellas afirma que su nombre proviene de la palabra "Bucurie" que significa alegría. Otras hipótesis indican que está dedicado a Bacur, un pastor que vivía en los asentamientos de la zona. Un día los tártaros, en uno de los continuos saqueos, secuestraron a su hija, motivo por el que los habitantes del territorio decidieron hacerles frente y consiguieron vencer a los invasores.

Uno de los aspectos arquitectónicos más destacables de Bucarest es su combinación ecléctica de estilos a lo largo de la ciudad. Podemos encontrarnos desde un arco del triunfo similar al de París hasta el palacio de Vlad Tepes o los edificios estalinistas.

De la capital de Rumania destaca sobre los demás monumentos el imponente Palacio del Parlamento, que adquirió este nombre tras la caída de la dictadura. Antes era conocido como "La casa del pueblo".

Fue construido a petición de Nicolae Ceaucescu. El dictador rumano destruyó las viviendas de 350.000 metros cuadrados para construir uno de los edificios más grandes del mundo. Posee 12 pisos, 4 subplantas y más de 1.100 salas en las que se invirtió la mano de obra de cerca de 20.000 obreros y 700 arquitectos.

Otro de los impactantes monumentos de Bucarest es su Arco del Triunfo, en la calle ?oseaua Kiseleff. El rey Fernando I mandó su construcción en conmemoración a la victoria conseguida en la Primera Guerra Mundial y posteriormente por la anexión de Transilvania.

Este primer arco se deterioró rápidamente a causa de los precarios materiales que se usaron. En 1935 se reconstruyó y un año después el rey Carol II inauguró el monumento que hoy podemos contemplar en la capital de Rumania.

Siguiendo con el turismo arquitectónico, no podemos pasar por alto laIglesia Stavropoleos que se construyó en 1724 gracias al monje griego Ioanichie. Esta pequeña iglesia ortodoxa de estilo brâncovenesc tardío sufrió grandes daños durante el primer tercio del siglo XIX y se reconstruyó hacia principios del siglo XX.

También destaca el Ateneo Rumano por la que han pasado grandes talentos de la música clásica como Ravel, Strauss o George Enescu. El arquitecto Albert Galleron ideó en 1888 un edificio cuyas fachada y columnas están debajo de una rotunda con cúpula. En su interior llama la atención su decoración a base de frescos que representan los momentos importantes del pasado rumano.