Bremen, donde los animales son músicos

Esta ciudad del norte alemán es famosa por el cuento infantil, pero también por su arte urbano, su vida alternativa y su desenfreno nocturno.

Noelia Ferreiro
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Foto: RossHelen / ISTOCK

El burro, el perro, el gato y el gallo. Se les encuentra en el casco histórico, dispuestos en simbólica pirámide. Y al cruzarse por su lado, nadie deja pasar la ocasión de granjearse buena suerte junto a esta escultura que rememora la deliciosa fábula de los hermanos Grimm. Tan fácil como agarrar con las dos manos las patas del asno, cerrar los ojos y pedir un deseo…

No hay duda de que estos simpáticos animales son un icono, la imagen por excelencia de esta bella ciudad del noroeste de Alemania, recostada a orillas del río Weser. Allí donde se emplazan se verá siempre una fila de turistas dispuestos a inmortalizarse con ellos. Pero es de justicia añadir, para quien no lo sepa, que nunca llegaron los músicos a Bremen, pese al título de este cuento infantil de fama universal… 

Bremen de noche. | querbeet / ISTOCK

Belleza de piedra

Da igual. El caso es que en esta metrópoli bucólica y manejable, pero también señorial y orgullosa, todo tiene aire de fantasía. Será por el encanto pétreo que le caracteriza, una monumentalidad que se aprecia especialmente en la Marktplatz. Presidida por las imponentes torres gemelas de la Catedral de San Pedro, aquí yace el Ayuntamiento gótico, que goza de una curiosidad. ¿Sabías que en su bodega, con 600 años de tradición, reposa la mayor colección de vinos alemanes? Nada menos 650 tipos enmarcados por un enorme vestíbulo con suntuosos barriles y bóvedas elegantes.

Marktplatz de Bremen. | Pel_1971 / ISTOCK

En este entorno mágico se alza también otro gran emblema de Bremen: la colosal estatua de Roland, sinónimo de independencia para las urbes hanseáticas. Y es que esta ciudad alcanzó su máximo esplendor con los astilleros, que dejaron para siempre latente el ambiente de los navegantes. Se aprecia en el barrio de Schnoor, con sus casas de colores y sus callejuelas coquetas que remiten a otra época. También detenida en el tiempo parece la Böttcherstraße, una calle expresionista que es una fantasía arquitectónica: fue el sueño cumplido de un comerciante de café, empeñado en condensar, en apenas cien metros, un universo de miradores, soportales y pasadizos que dan paso a tiendas de té, talleres artesanales, restaurantes, museos...

El lado vanguardista

Pero este Bremen pulcro y perfumado tiene también su vertiente alternativa, el rincón donde soltarse la melena a golpe de vanguardia y cosmopolitismo. Se llama Das Viertel (literamente, el barrio) y nació en los años 70 al calor de los bajos precios de la vivienda en lo que había sido, durante años, un auténtico lodazal.

Böttcherstraße, Bremen. | querbeet / ISTOCK

Estudiantes, artistas y bohemios encontraron su lugar en el mundo en esta zona fea y decrépita, excluida de la reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial. Ellos mismos rehabilitaron las casas, adecentaron las calles y sembraron la simiente de lo que el distrito es hoy en día: un soplo de libertad juvenil separado del centro por tan solo una cuesta abajo.

 Arte y marcha

En Das Viertel todo fluye con naturalidad: la limpieza a cargo de la comunidad, los bares sin hora de cierre, los comercios pequeños (nada de grandes cadenas) y con precios más asequibles, los eventos que patrocinan la propia asociación del barrio que cuenta hasta con página web. Graffitis con categoría de obras de arte, cafés con encanto, restaurantes internacionales, boutiques de segunda mano, mercadillos y, por supuesto, la pertinente cuota de hipsters, colman este distrito moderno y desenfadado que es la otra cara de Bremen.

Estatua del Caballero Roland. | FinFinz / ISTOCK

Es también la parte de la ciudad donde alcanzar las noches eternas. Por ejemplo en el Triángulo de las Bermudas, una manzana con tres bares (el Bermuda, el Heartbreaker y el Capri) con happy hours sucesivas. O en Lila Eule, un clásico de los clubs donde, cuentan, se fraguó el Mayo del 68 alemán.