Un recorrido por nuestros bosques atlánticos: protagonistas indiscutibles del otoño

En noviembre los bosques caducifolios son los protagonistas. La otoñada está ya avanzada y el espectáculo visual emociona e inspira.

A. Planchuelo
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Foto: Irantzu_Arbaizagoitia / ISTOCK

Noviembre es un mes estupendo para viajar, la temperatura todavía es buena y hay bastantes días soleados intercalados con lluvias cortas e intensas. Es cuando se produce el magnífico espectáculo de la otoñada en los bosques atlánticos. Observar los distintos colores de las hojas de los árboles, vistos entre nieblas, lloviznas y rayos de luz, es de lo más emotivo que se puede encontrar en la naturaleza.

Todo ello acompañado de una arquitectura popular única, como en el pueblo de Bárcena Mayor, en el Saja-Besaya, en Cantabria o en Taramundi y en los pueblos de los Oscos en la Reserva de la Biosfera del Río Eo, Oscos y Terras de Burón, entre Galicia y Asturias, pioneros en el ecoturismo. Las ciudades del norte, cerca de bosques y ríos, presumen de actuaciones verdes.

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Una de ellas es Lugo, cuyo proyecto sostenible es conocido por muchos. A su vez, los nuevos alojamientos turísticos se esconden entre los bosques con cabañas de diseño que obtienen premios prestigiosos de arquitectura. También se recuperan caminos, puentes y vías verdes, como la Senda del Oso en Asturias, que unen entornos naturales y pequeñas poblaciones formando un conjunto cada vez más homogéneo y regenerado.

Y hablando de misterio, nada como el Museo de la Brujas y la Cueva de Zugarramurdi en los confines de Navarra, lugar de aquelarres y fiestas paganas junto a bosques encantados. O la iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba, una joya en un pequeño pueblo en el Valle del Silencio en León. También en el centro peninsular hay buenos hayedos, robledales, castañares, abedulares y otros bosques de clima atlántico. Los encontramos en la Sierra del Rincón en Madrid o en Tejera Negra en Guadalajara, con estupendos alojamientos rurales muy cerca.