Bonn: 250 años de Beethoven

Tuvo el honor de ver nacer, hace dos siglos y medio, a uno de los compositores más grandes de todos los tiempos. La antigua capital de la Alemania Occidental se viste de gala para rendirle el más sentido homenaje. Es momento de seguir su rastro a la orilla del Rin con centenares de eventos.

Noelia Ferreiro
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Foto: MarioGuti / ISTOCK

Era pequeño y algo regordete, de cuello robusto y frente poderosa, de cabellos espesos y desgreñados. Tenía un carácter exaltado, un temperamento titánico, un espíritu atormentado. Se sentaba al piano y el semblante se le transfiguraba: los músculos tensos, las venas hinchadas, los ojos coléricos y salvajes. Ludwig van Beethoven, el genio sordo de la música, parecía un personaje de una novela de William Shakespeare.

Terrazas de la Plaza de la Catedral (Münsterplatz) de Bonn con la estatua de Beethoven de espaldas. | Eduardo Grund

El escritor francés Romain Rolland, Premio Nobel de Literatura, lo describió de la siguiente manera: “Era una fuerza de la naturaleza, un espectáculo de grandeza homérica”. Dos siglos y medio después de su nacimiento, Alemania entera se vuelca con el que fuera uno de sus hijos predilectos, al que incluso ha llegado a postular ante la Unesco para ser declarado en sí mismo Patrimonio de la Humanidad (tal y como lo es ya su Novena Sinfonía desde el año 2001). Porque, aunque sus orígenes humildes no pronosticaron su éxito, aunque su vida estuvo marcada por una tristeza incurable, este hombre de salud quebradiza acabó convertido en uno de los compositores más grandes de la historia, cuya obra es fuente de inspiración para los músicos de todos los tiempos.

D.R.

LA CASA MUSEO 

2020 es el Año Beethoven especialmente para Bonn, la ciudad que lo vio nacer un día indefinido de 1770. Aquí, en la que hasta el siglo XVIII fue la sede de los príncipes arzobispos y que tras la Segunda Guerra Mundial se erigió en la capital de la República Federal Alemana, es fácil seguir la huella del autor de Para Elisa o Claro de Luna. Empezando por la Beethoven Haus, su casa natal de la calle Bonngasse, que, hoy reconvertida en museo, ha ampliado su colección permanente con motivo del aniversario.

Bonn es, junto con Viena, una de las capitales de la música clásica en Europa | Eduardo Grund

El nobel de literatura Francés Romain Rolland describió a Beethoven como "una fuerza de la naturaleza, un espectáculo de grandeza homérica"

Es el lugar donde apreciar la mayor colección sobre el compositor que existe en el mundo entero: más de doscientos objetos originales entre los que figuran autógrafos, cartas manuscritas, retratos... y hasta un mechón de su cabellera. También algunos de sus instrumentos, como el teclado del órgano que de niño tocaba en San Remigio, la única iglesia gótica de la ciudad donde, por cierto, descansa su pila bautismal. 

Beethoven, siempre serio, en la Oficina de Información y Turismo de Bonn. | Eduardo Grund

NIÑO PRODIGIO

Unos cien mil visitantes anuales recibe esta modesta vivienda con una sala de conciertos y un patio ajardinado, en la que Beethoven pasó apenas unos años. No fue fácil su infancia en el seno de una familia que gozaba de cierta tradición musical. Si bien su abuelo, llamado igual que él, había sido compositor de la corte, fue su padre, tenor de poca monta, quien quiso convertirlo en niño prodigio con una severa educación.

chrisdorney / ISTOCK

Cuentan que en mitad de la noche sacaba al pequeño Ludwig de la cama para que tocara el piano. Y que lo encerraba con un violín para abrumarlo con ensayos. Tal era la obsesión que tenía por emular al genio de Mozart que hasta le cambiaba la edad para que, al exhibirlo ante sus invitados, el mérito fuera más impactante.

Exposición a pie de calle de estatuas de Beethoven | mathess / ISTOCK

Lo cierto es que su primera actuación pública tuvo lugar a los 6 años (tal vez eran 8 en realidad) y que su primera composición musical, Variaciones sobre la marcha de Dressler, fue escrita a los 10 (posiblemente eran 12). Eso y los trabajos prematuros como organista, la pérdida traumática de su madre y la necesidad de hacerse cargo del hogar marcaron su niñez en Bonn, que transcurrió apartada de la escuela.   

Beethoven haus (Casa de Beethoven) | saiko3p / ISTOCK

Pese a las adversidades, para Beethoven nada pudo ensombrecer el amor que sentía por su ciudad, de la que conservó siempre un recuerdo melancólico. Sobre todo del Rin, “nuestro padre el Rin” como él lo llamaba (“unser vater Rhein”), en ninguna parte más poderoso que en su fluir por el corazón de esta metrópoli. A pasear por su ribera en busca de inspiración acudía a menudo el joven músico, a quien maravillaban sus pendientes florecidas, sus chopos envueltos por la bruma, las pequeñas islas que parecen flotar en su brazo serpenteante. Para muchos, esta vista conforma uno de los paisajes acuáticos más románticos de Europa.

AMOR POR LA NATURALEZA

“La hermosa luz que yo vi por vez primera sigue apareciendo ante mis ojos siempre tan bella y clara”, escribió Beethoven acerca de este río, del que están impregnadas muchas de sus piezas: la Sinfonía en Do Mayor es definitivamente una obra del Rin. Este río que le brindaba una vista privilegiada: la del parque Siebengebirge (Siete Montes), el más antiguo del país, y en especial la colina de Drachenfels (la Roca del Dragón), donde hay quien dice que se forjó su amor por la naturaleza. Quienes hoy lo visitan, además de una bonita panorámica hallarán el epicentro de la mitología nibelunga: es el lugar donde Sigfrido luchó contra el dragón en la epopeya alemana que fascinó a Richard Wagner.

"La hermosa luz que vi por vez primera sigue apareciendo ante mis ojos siempre tan bella y clara", escribió Beethoven acerca del Rin, presente en muchas de sus piezas.

Más allá de las montañas, el rastro del genio hay que buscarlo en el entramado urbano. Tanto mejor a pie, puesto que Bonn es una ciudad manejable, con el centro peatonalizado, un clima templado gracias a la brecha fluvial y el 40 por ciento del territorio ocupado por parques y jardines. Beethoven está presente en todos los rincones, pero es en la Münsterplatz donde lo hace de manera más solemne. Aquí, donde se eleva la majestuosa catedral con el claustro mejor conservado de Alemania, se halla el monumento erigido en su honor: una escultura de bronce que lo retrata como una persona seria, recta, acaso huraña, pero al mismo tiempo agraciada con el don de la creatividad, como dan cuenta la pluma y la partitura que sostiene entre sus manos.

Vistas del Rin desde la colina Drachenfels | Eduardo Grund

ESCULTURA CON POLÉMICA

A los también compositores alemanes Franz Liszt y Robert Schumann se debe la financiación de esta estatua, que fue inaugurada en el año 1845 con motivo del 75º aniversario del nacimiento del músico. Cuentan que el acto oficial de inauguración ante los invitados de la corte estuvo envuelto en cierta polémica: la figura daba la espalda al balcón desde el que Federico Guillermo IV y la reina Victoria de Inglaterra, acompañados del científico y explorador Alexander von Humboldt, asistían a la ceremonia.

Castillo Drachenburg en la colina de Drachenfels (la Roca del Dragón) | Eduardo Grund

Una anécdota que más que corroborar el carácter descortés de Beethoven hay quien lo atribuye a una decisión premeditada. Según apunta la historiadora alemana Silke Bettermann, autora del libro Beethoven im Bild (Beethoven en imágenes), “el rey prusiano había permitido esta suerte de homenaje en una plaza pública a un compositor de clase media”. Era la primera vez que se esculpía a una figura que no pertenecía a la aristocracia.

Bonn es una ciudad moderna, con el centro peatonalizado, un clima templado y el 40 por ciento de su territorio ocupado por parques y jardines.

EL BEETHOVENFEST

La inauguración de esta estatua dio origen al Beethovenfest, el prestigioso festival de música clásica que, desde ese año y siempre en el mes de septiembre, se celebra en la ciudad de Bonn de manera ininterrumpida. A excepción, claro, durante la Segunda Guerra Mundial, que fue especialmente cruenta para esta urbe: todo el centro bue bombardeado y una tercera parte de la ciudad quedó completamente calcinada. 

Vidriera del castillo Drachenburg | Eduardo Grund

El recorrido tras los pasos de Beethoven ha de incluir dos lugares donde dejó, sentado al piano, su eterna sabiduría. De una parte, la Universidad de 1818, que tiene su sede en el Palacio Electoral (Kurfürstliches Schloss) y por la que desfilaron alumnos tan ilustres como Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Thomas Mann. Por otra, el Palacio de Redoute, al sur de la ciudad, donde a los 20 años de edad tocó para Joseph Haydn, al que dejó impresionado por su peculiar virtuosismo.

Casa natal de Beethoven | Eduardo Grund

Fue él mismo quien le animó a irse a Viena para encontrarse con Mozart. De este primer viaje en 1787 existe mucho de leyenda. Hay quien dice que ambos músicos no llegaron a encontrarse. Hay quien afirma que el genio de Salzburgo le concedió poca atención y hay quien sin embargo asegura que, al escuchar tocar al joven Ludwig, tales fueron sus palabras: “Recuerden su nombre, este hombre hará hablar al mundo”. El caso es que fue una estancia breve y que hubo de volver después, en 1792, ya para instalarse de manera definitiva.  

Un sistema interactivo permite recorrer los lugares de Bonn que marcaron la vida de Beethoven solo con escanear el código QR de 22 puntos repartidos por sus calles

Lo que vino después en la capital imperial fue el esplendor de su obra, una de las más admiradas e interpretadas en la historia de la música. Una obra que incluye nueve sinfonías, cinco conciertos para piano, uno para violín, 16 cuartetos de cuerda, 32 sonatas, dos misas y su única ópera, Fidelio, que trata de la liberación de un héroe burgués de las garras de un tirano. Y es que Beethoven fue un músico de la Ilustración, un amante de las libertades, un estandarte del humanismo heroico. Sus piezas son hijas de aquella Europa convulsa marcada por la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas. 

EL PESO DE LA NOVENA

De entre todas, tal vez la Novena Sinfonía sea la más transcendental. Una composición extraordinaria no solo por su duración y magnitud instrumental sino también porque su andadura, vinculada a los grandes acontecimientos de los últimos siglos, transciende su relevancia más allá del plano musical. La Novena, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, rompió los moldes del momento al incorporar un nuevo elemento: la intervención, en el último movimiento, de cuatro solistas y un coro para interpretar el poema Oda a la Alegría, de Friedrich Schiller. Una aportación con la que Ludwig van Beethoven ingresó en la parcela más brillante de la creatividad humana y con la que se instaló para la posteridad en el olimpo de la música clásica. 

En muchos escaparates de Bonn hay guiños al genial compositor, como reclamo a turistas y ciudadanos. | Eduardo Grund

Esta obra, que después desempeñó un papel simbólico en la reconciliación entre los pueblos, fue una especie de testamento para un Beethoven ya aquejado por la enfermedad. El día de su estreno en el Teatro Imperial de Viena, aquel 7 de mayo de 1824, todo el mundo sabía que el que era considerado entonces el más grande de los compositores estaba ya completamente sordo.

El jardín botánico  de la Universidad Friedrich Wilhelms es uno de los grandes atractivos de Bonn, con ejemplares de Victoria amazónica o Victoria regia, el más grande de todos los nenúfares | Eduardo Grund

Fue, durante mucho tiempo, su terrible secreto. Un mal que solo se atrevió a confesar pasados los años, invadido ya por una tristeza trágica. “Llevo una vida miserable, eludo toda compañía y en el teatro debo colocarme muy cerca de la orquesta para escuchar a los actores. Si tuviera cualquier otro oficio, esto sería llevadero, pero en el mío mi situación es desoladora”, escribía en una carta a su amigo Wegeler.  

Parque en Bonn al atardecer | Eduardo Grund

FIGURA DE SOUVENIR 

Nunca regresó Beethoven a Bonn, aunque en su correspondencia (parte de la cual puede leerse en su casa museo) dejó impresa la nostalgia de esta ciudad que hoy se rinde a su figura con una devoción desorbitada. Doscientos cincuenta años después de su nacimiento, si el músico levantara la cabeza se vería omnipresente en cada rincón de la calle de La Estrella (Stern strasse), que es la arteria de las compras por excelencia. No hay escaparate que no exhiba su Beethovencito, ataviado con mochila de explorador, sentado sobre una pila de libros o incluso oculto, como despistado, entre provocadora lencería. Hasta en los semáforos aparece su rostro, por no hablar de los bombones y los insólitos souvenirs, que van desde paraguas, felpudos y cuadernos hasta patitos de goma para el baño con su inconfundible melena. 

Escultura dedicada a Beethoven, obra de Von Markus Lüpertz | Eduardo Grund

GENIO UNIVERSAL 

La ciudad de Bonn está orgullosa de su genio universal y lo recuerda constantemente. Por eso ha ideado un sistema interactivo que permite recorrer los lugares que marcaron su vida solo con escanear el código QR de 22 puntos repartidos por sus calles. Allá por donde uno deambule creerá toparse con su sombra. Y mucho más si el paseo tiene lugar por el casco medieval, el mismo que recoge la herencia de aquella grandeza vivida entre los siglos XIII y XVIII al amparo de los príncipes arzobispos.

"Antes de Beethoven se escribía música para lo inmediato; con Beethoven se empieza a escribir música para la eternidad" (Albert Einstein)

Un esplendor que ha quedado grabado en edificios de estilo barroco como la sede de la Universidad, abrazada por los señoriales jardines del Hofgarten, o el Palacio de Poppelsdorf, también perteneciente a la institución académica, que está al lado del Jardín Botánico, cuya visita es muy recomendable, no solo porque se trata de uno de los más antiguos de Europa sino también porque entre sus once mil especies cuenta con dos ejemplares únicos. Uno es el aro de Sumatra, con una flor de nada menos que tres metros de altura, y el otro el nenúfar gigante, llamado Victoria amazonica o Victoria regia, que puede soportar un peso de ochenta kilos.  

Claustro de la catedral de Bonn | Eduardo Grund

Seguir las orillas del padre Rin o recorrer la Plaza del Mercado (Markplazt) o asistir a un concierto en el maravilloso auditorio llamado Beethoven-Halle es también comprobar el calado de este compositor, que es tan inmortal como su propia obra. Será porque, como dijo alguna vez el mismo Albert Einstein, antes de Beethoven se escribía música para lo inmediato; con Beethoven se empieza a escribir música para la eternidad”.