Bombines y vestidos de época: así celebra Dublín el centenario del Ulises de Joyce

La capital irlandesa vive este año el famoso Bloomsday con más intensidad que nunca. 

Noelia Ferreiro
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Foto: jamegaw / ISTOCK

Seamos francos: la mayoría de los mortales no ha leído el Ulises de James Joyce. O al menos, como suele decirse, no lo ha hecho de cabo a rabo. Sin embargo, esta obra, considerada un prodigio lingüístico y un experimento narrativo, ha sido colocada por la crítica en la cima de la literatura moderna.

Grafton Street, Dublín, Irlanda | jamegaw / ISTOCK

Nada menos que cien años se cumplen en este 2022 desde la publicación de la que es, para muchos, la mejor novela en lengua inglesa del siglo XX. Una odisea urbana que convierte a Dublín en mucho más que un escenario. La historia, con toda su complejidad, traspasa las propias páginas del libro para convertirse en una celebración de la ciudad.

El Dublín de James Joyce, por Ian Gibson

Fiesta literaria

Así lo entendieron un grupo de escritores y figuras de la escena cultural dublinesa cuando, en 1954, decidieron organizar la primera conmemoración de esta novela, que recrea las tribulaciones de Leopold Bloom, a lo largo de un solo día, por las calles de la capital. Nacía así el llamado Bloomsday, la mayor fiesta del mundo en torno a un libro.

La fecha sólo podía ser el 16 de junio, el día en el que todo sucede. Por una parte, el día en el que el propio Joyce, en algún punto de Nassau Street, se cruza con la que años más tarde se convertiría en su esposa: la joven Norma Barnacle, camarera del hotel Finns. Por otra, el día que después escoge para situar la trama de Ulises, en 1904, en un homenaje a aquel encuentro y en respuesta a su afán de hacer de lo trivial algo extraordinario, de convertir en heroico lo más sencillo y cotidiano.

Bloomsday, Dublín  | ManuelVelasco / ISTOCK

Descenso a los infiernos

Así, el Bloomsday revive cada año, con exactitud erudita, el recorrido de este anodino agente publicitario elevado a la categoría de antihéroe. Miles de seguidores llegados de todos los rincones del mundo se dan cita en la capital irlandesa para seguir los pasos que dio el protagonista desde las ocho de la mañana hasta la madrugada del día siguiente. Un periplo de 18 horas que narra el más sublime descenso a los infiernos.

La torre Martello de Sandycove, a doce kilómetros de Dublín, donde transcurre el primer episodio de la novela; la casa de Eccles Street donde Bloom desayuna riñones de cerdo fritos, la farmacia Sweney en la que compra un jabón con aroma a limón; el Davy Byrnes Pub donde degusta un sándwich de gorgonzola con un vino de Borgoña; y la Maternidad donde visita a una amiga que acaba de dar a luz son algunos de los emplazamientos en los que recala el protagonista en su deambular eterno durante la jornada,

Farmacia Sweny, bloomsday, Dubín | noel bennett / ISTOCK

Vestidos de época

Y todo ello se reproduce como mandan los cánones eduardianos. Es decir, con vestidos que constriñen la cintura, encajes que cubren los escotes y solemnes sombreros canotier. Así transitan por la ciudad los amantes del Bloomsday, el festival literario más veterano que se conoce. Una celebración que transcurre sin la necesidad de que sus participantes hayan devorado las páginas del libro.

Más allá de este recorrido, la fiesta se completa con actuaciones callejeras, conferencias, lecturas y talleres. Y también con sendos simposios internacionales en el Trinity College y la University College, y con una exposición en el MoLI (o Museo de la Literatura de Irlanda), que lleva por título Love, says Bloom. La muestra se basa en la relación de Joyce con su mujer, en quien se inspiró para crear a Molly Bloom, el personaje femenino de Ulises, antítesis de la Penélope homérica.