Bohemia del Sur, castillos de cuento

La República Checa presume de sus más de 2.000 castillos esparcidos por todo el país y es en Bohemia del Sur donde se aprecia más el gran patrimonio que dejaron las familias de alta nobleza en el corazón de la vieja Europa.

Javier Carrión
 | 
Foto: CRISTINA CANDEL

Nuestra ruta comienza a 170 kilómetros de Praga, en el corazón de los bellos paisajes del sur de Bohemia repletos de bosques y soberbios castillos, donde se alza Český Krumlov en un maravilloso meandro del río Moldava. La ciudad, incluida en el Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1992, es seguramente tras la capital checa la principal atracción turística del país, un conjunto medieval que constituye el mejor exponente de ese mundo señorial que mantuvo el poder en estas tierras. Durante seis siglos, desde 1302 a 1945, tres familias —los Rožmberk, los Eggenberg y los Schwarzenberg— habitaron el castillo de Český Krumlov, el segundo más grande del país tras el praguense, que pasó de ser una inhóspita fortaleza a un elegante palacio receptor de las corrientes culturales europeas, desde el gótico y el renacimiento pasando por el barroco y el rococó o las influencias florentinas.

Ciudad de Český Krumlov, que se alza en un meandro del río Moldava. | CRISTINA CANDEL

Ese imponente castillo sigue dominando un conjunto urbano de bellas plazas, puentes, arcos, fuentes, la clásica columna de la peste, habitual en muchas ciudades checas, y unos edificios cuyas fachadas sorprenden con sus molduras y pinturas. El paso por el recorrido del castillo es libre y permite disfrutar de unas vistas fantásticas del casco viejo desde el puente de Plášťový Most, que une los patios principales con los jardines, el parque y el teatro barroco, otra joya arquitectónica por sus detalles decorativos. Sus frescos y estatuas, así como su carpintería visible en los seis decorados de operas originales y su tenue iluminación, hablan de un escenario que se ha conservado milagrosamente desde el siglo XVIII por el que pasaron los mejores artistas italianos, franceses y centroeuropeos. Antes habremos descubierto a los dos osos habitantes del foso del castillo que da paso al primer patio, desde donde se puede subir a la gran torre palaciega redonda y renacentista, decorada con animados colores y visible desde cualquier punto de la ciudad.

Exteriores del castillo de Karlštejn. | CRISTINA CANDEL

Český Krumlov guarda muchas más sorpresas en un sencillo recorrido a pie. La iglesia barroca de San Vito, con su delgada torre que brilla sobre los tejados rojos de las viejas casas, contrasta con el Centro de Arte dedicado al pintor Egon Schiele, su residente más ilustre, pues su madre había nacido en esta ciudad y pasó algunas temporadas durante su niñez y juventud. El artista austriaco plasmó en sus cuadros numerosas escenas urbanas y paisajes de Český Krumlov, que ahora se pueden admirar junto a una colección de fotografías familiares en esta antigua cervecería, uno más de los cientos de edificios históricos olvidados y deteriorados durante la época comunista que ahora brillan tras su restauración y limpieza después de la Revolución de Terciopelo en 1989.

Vista del castillo de Rožmberk. | CRISTINA CANDEL

Todos los años, en el mes de junio, Český Krumlov se vuelve más renacentista todavía en la Fiesta de la Rosa de los Cinco Pétalos. Los habitantes de la ciudad y sus visitantes se disfrazan con traje de época para recordar la época de más esplendor con los Rožmberk en el poder (1302-1601) y las calles se convierten en un teatro vivo y repleto de sorpresas y espectáculos. Juglares, faquires, malabaristas, espadachines y bufones se unen a la corte de caballeros y doncellas en un maratón de actividades pensado para el mejor escenario real del sur de Bohemia. No hay que perderse los desfiles diurnos y las marchas nocturnas, acompañados siempre de bandas y músicos ambulantes, aunque, de elegir una, hay que presenciar la procesión de antorchas del viernes y situarse, si es posible, en el puente de los barberos, enclavado al pie de la gran torre del castillo e identificable por dos estatuas: un Cristo en la cruz y San Juan Nepomuceno, patrón de Bohemia y curiosamente también de la Infantería de Marina española.

Monasterio de Vyšší Brod. | CRISTINA CANDEL

Otros fuegos, ya de pirotecnia, alumbran la medianoche del sábado con un espectáculo grandioso justo después de que una gran multitud haya llenado los jardines próximos a la cervecería Eggenberg para asistir al gran torneo de caballeros, con cinco actores a caballo que recuerdan a los cinco hijos de un noble que, según la leyenda, lucían en su blasón una rosa de color diferente y una cabeza de turco con un cuervo vaciándole los ojos en la fundación de Český Krumlov.

Canoas por el Moldava

Siguiendo el curso del río Moldava en dirección sur, repleto en verano de balsas y kayaks que ocupan las familias checas, se llega a Rožmberk, un pueblo y un castillo que lucen el nombre de uno de los linajes más poderosos en estas tierras checas. En la orilla del río se levanta la bella torre de la iglesia de San Nicolás, pero llama mucho más la atención la silueta de la fortaleza que se erige en una amplia cresta rocosa. Desde la Torre Tudor se divisa el bucólico paisaje romántico de Bohemia de Sur y ahora se puede subir también a la Torre Redonda o de Jakobínka, un faro de vigilancia al que se accede tras superar a pie 170 escalones. Los trabajos de restauración se iniciaron en 2013 con andamios artesanales similares a los utilizados en la Edad Media y concluyeron en 2020.

Vista del castillo de Jindřichův Hradec desde el río Nežárka. | CRISTINA CANDEL

Se dice que el castillo de Rožmberk oculta en su interior un fantasma, la Dama Blanca, plasmada en uno de los retratos del interior de la fortaleza, lo que atrae a muchos curiosos que aprovechan también el viaje para visitar el monasterio de Vyšší Brod, a ocho kilómetros, siguiendo el curso fluvial. Es este el centro espiritual de Bohemia del Sur desde 1259, fecha de su fundación, y en su interior se custodia la Cruz de Zíviš, una joya más antigua que las que forman la corona real checa. La pieza está emplazada muy cerca de la tumba familiar de los Rožmberk y de su hermosa biblioteca, la tercera más grande del país con 70.000 volúmenes, 1.200 manuscritos y 400 incunables.

Pasarela de madera en los bosques de Lipno. | CRISTINA CANDEL

Antes de la Segunda Guerra Mundial casi cien monjes cistercienses habitaban en este monasterio convertido en cuartel nazi y en depósito de objetos artísticos confiscados a los judíos, pero hoy solo permanecen en su interior seis.

Capilla de San Wenceslao en el castillo de Zvíkov. | CRISTINA CANDEL

A poco más de una hora en coche en dirección este penetramos en la región de Třeboňsko, un paisaje mágico creado en un entorno húmedo y pantanoso con casi 500 estanques donde se cría la carpa. Los Rožmberk convirtieron esta actividad en una importante industria proyectando un sistema de canales que comunicaban los numerosos lagos y lagunas del área haciendo posible su drenaje.

En la ciudad de Třeboň, la más importante de esta región, los restaurantes ofrecen este pescado que sirvió también de alimento a la población en las épocas de escasez. Hay que animarse para probarlo porque resulta sabroso y para nada insípido.

Río Nežárka a su paso por Jindřichův Hradec. | CRISTINA CANDEL

La visita a Třeboň depara más sorpresas. La primera de ellas, su plaza principal, decorada con un puñado de casas porticadas renacentistas y barrocas emplazadas hacia una bella columna mariana del siglo XVIII, una fuente del XVI y el castillo que domina la pequeña ciudad. Esta fortaleza fue construida también por los Rožmberk hacia 1370 y en el siglo XVII pasó a ser propiedad de la familia Schwarzenberg, que lo mantuvo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. En Třeboň también es interesante la cervecería Regent, una de las más antiguas del mundo (1379), y a las afueras de la ciudad, el mausoleo de los Schwarzenberg, un grandioso edificio neogótico del siglo XIX situado junto al estanque Svět.

Calle comercial del casco antiguo de Jindřichův Hradec. | CRISTINA CANDEL

Es, sin embargo, en Jindřichův Hradec, una próspera ciudad medieval que perdió importancia con el paso del tiempo, donde se levanta el castillo más importante de esta región pantanosa. En 2020 la tercera fortaleza checa más grande del país, tras las de Praga y Český Krumlov, cumplió 800 años sin grandes celebraciones por la pandemia mundial, aunque solo por ver cómo los maestros italianos trasladaron desde la cuna renacentista la ligereza mediterránea al paisaje de Bohemia del Sur merece la pena su visita.

Misteriosa dama blanca

La Torre Negra con su intacta cocina medieval, el patio porticado de varios pisos o el rondel, un hermoso pabellón musical instalado en el jardín, son lugares cargados de encanto donde se dice que también vagó la famosa Dama Blanca, el fantasma de Berta de Rožmberk, una misteriosa mujer del siglo XV que preparaba puré dulce para sus súbditos a pesar de que fue obligada a casarse con un hombre al que no amaba. Hoy, sin embargo, muchas parejas checas eligen el rondel para contraer matrimonio alquilando esta estancia por unos 200 euros.

CRISTINA CANDEL

Algo más de una hora en coche se requiere para alcanzar Písek, en el norte de Bohemia del Sur, a ambos lados del río Otava, un lugar que ya había sido escogido por los celtas para comerciar con el oro que se encontraba en sus aguas. De ahí que se construyera su famoso puente, cien años más antiguo que el famoso Puente de Carlos en Praga, y que hoy sigue siendo con sus siete arcos y sus viejas piedras el principal reclamo turístico de este enclave de 30.000 habitantes. El puente, de 111 metros de longitud que presiden las estatuas de San Juan de Nepomuceno, Santa Ana y San Antonio de Padua en el calvario, sobrevivió a las inundaciones de 2002, cuando el agua alcanzó los nueve metros de altura y el caudal del río, sesenta veces mayor del habitual, estuvo a punto de derribarlo. Lo que queda del castillo medieval, destruido por un incendio en 1510, puede contemplarse en el patio de su ayuntamiento barroco, muy próximo al puente.

Vista de la plaza Masarykovo desde el Ayuntamiento de Třeboň. | CRISTINA CANDEL

Zvíkov, en las alturas

Nuestra ruta por los castillos de Bohemia del Sur continúa por Zvíkov, a 20 kilómetros de Písek. Fue esta la residencia de los primeros reyes checos en la confluencia de los ríos Moldava y Otava y alcanzó su mayor apogeo durante el reinado de Carlos IV en el siglo XIV. Dentro de sus gruesos muros se custodiaban las joyas de la corona checa hasta que fue construido el castillo de Karlštejn, aunque lo más llamativo de esta hermosa fortaleza, una vez que se recorren sus terrazas, pasadizos, bodega y su hermosa capilla repleta de frescos, es contemplar su ubicación en un promontorio desde alguno de los barcos que surcan los alrededores de la fortaleza. Estas embarcaciones se desplazan también a partir de este punto al castillo de Orlík, propiedad de la familia Schwarzenberg desde 1719, quien lo reclamó en 1992 tras su confiscación por el régimen comunista en la primera mitad del siglo XX. Es esta una visita muy popular para los checos porque, además de visitar las dependencias de este castillo en estilo imperio, pueden practicar en los alrededores el camping, algunas actividades acuáticas o pasear por sus senderos en plena naturaleza.

Biblioteca del monasterio de Vyšší Brod. | CRISTINA CANDEL

La guinda final de este viaje por el sur de Bohemia culmina ya casi a las puertas de Praga, a unos 30 kilómetros de la ciudad, en el castillo de Karlštejn, emplazado en los altos de una pendiente sobre el río Berounka. El monarca Carlos IV ordenó la construcción de esta imponente fortaleza para que se convirtiera en su residencia de verano y para que sirviera también de seguro depósito para todas sus joyas y tesoros artísticos.

VIAJAR

El rey prohibió incluso la entrada de las mujeres en el castillo, al tiempo que se rodeaba de una corte de astrólogos y astrónomos, y acabó depositando las joyas reales y las reliquias religiosas en la torre del homenaje bajo la bóveda dorada de la Capilla de la Santa Cruz, decorada con 2.200 piedras preciosas y 129 pinturas de santos y santas del siglo XV realizadas por el maestro Teodorico de Praga. Esta es la gran joya del castillo, sin duda, pero le van a la zaga sus largos corredores, el dormitorio y dos magníficas capillas del emperador, las murallas infranqueables o sus empinadas torres, que trasladan al visitante a un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. Un auténtico paraíso terrenal muy cerca de las nubes para el rey checo más poderoso de la historia.