Blancura sorprendente en Zuheros

Extensos olivares, sierra y cal al norte de la Subbética.

Manuel Mateo Pérez

Zuheros es blanco, hermosamente blanco. El pueblo está encaramado a una loma, al lado de un desfiladero rocoso por mitad del cual se precipitan las aguas del río Bailón. En el cañón que forma el río se prodigan los quebrados y los barrancos. La vegetación se espesa, y en invierno, con la abundante humedad, crece un musgo esponjoso y acariciador.

Desde lo lejos, desde la carretera que baja desde la vecina localidad de Luque, una de las puertas de entrada más habituales a las Sierras Subbéticas, Zuheros llama la atención por tres cosas: en primer lugar, por la blancura nívea de su caserío, reunido y arracimado en torno a un barrio medieval extraordinariamente conservado; de otro, por la lozanía y majestuosidad de su castillo, cuya torre del homenaje se alza sobre un roquedal situado en el corazón de la ciudad antigua, y por último, por las aristas montañosas y los pedregales calizos que como un surrealista telón de fondo se alzan por detrás del caserío.

Las calles empedradas e irregulares de Zuheros van a parar a una plaza diáfana y luminosa. Los vecinos la bautizaron con el agraciado nombre de Plaza de la Paz. A un lado se levanta el castillo árabe, la vetusta fortaleza que hace siglos fue romana y que con el tiempo se convirtió en árabe. Su fábrica principal acoge una alta torre cuadrada, escoltada por torrecillas, adarves y paños de muralla. Las crónicas recuerdan que el castillo fue edificado por el Emirato de Córdoba a mediados del siglo IX y reconstruido por los cristianos en la Baja Edad Media. Siglos después, en el XVI, el señor de la villa construyó sobre sus pilares un palacio renacentista del que tan sólo se conservan algunas piedras nobles de su fachada.

Frente al Castillo de Zuheros, próximo a la modesta Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, los vecinos han abierto un museo arqueológico que acoge la memoria más antigua del pueblo. El centro expositivo reúne una colección de hallazgos procedentes, casi en su totalidad, de la cercana Cueva de los Murciélagos. Las cerámicas, útiles de piedra y de hueso, brazaletes y otros elementos de ajuar datados del Neolítico a la Edad del Bronce, dan una idea de las fases de ocupación que tuvo la caverna. En la Caverna de los Murciélagos, que abre sus puertas a cinco kilómetros de Zuheros, hay pinturas rupestres a la que los expertos han concedido un incuestionable valor. Los vecinos de este pueblo cordobés se pasan el día indicando a los forasteros el camino más corto para llegar a la localización de la gruta. Advierten, eso sí, de la belleza que posee el mirador natural de la Atalaya, a medio camino entre el pueblo y la cueva.

Restaurante Señorío de Zuheros . Calle Horno, 3. Tf: 957 694 527
Hotel Zuhayra . Calle Mirador, 10. Tf: 957 694 693 y en la página www.zercahoteles.com
Oficina de información turística de Zuheros . Plaza de la Paz, 2. Tf: 957 694 527 y www.zuheros.es